(ZENIT Noticias / Roma, 27.04.2026).- Un nuevo estudio internacional sugiere que un factor a menudo ignorado —la creencia religiosa— puede influir significativamente en cómo los jóvenes abordan su vida profesional, sus responsabilidades y su papel en la sociedad.
Los hallazgos provienen del proyecto de investigación Footprints, una iniciativa de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz, que ha estado monitoreando las actitudes de los jóvenes en diferentes continentes. Su última encuesta, realizada a principios de 2026 en colaboración con GAD3, recogió respuestas de 9018 jóvenes de entre 18 y 29 años en nueve países: Italia, España, Reino Unido, Kenia, Filipinas, Estados Unidos, México, Brasil y Argentina. Los resultados, que se presentarán formalmente a mediados de mayo, ofrecen un retrato detallado de cómo los sistemas de creencias se relacionan con las aspiraciones económicas y el comportamiento cívico.
Una de las preguntas más reveladoras de la encuesta pedía a los participantes que definieran «trabajo» en una sola palabra. Entre los creyentes, el término «responsabilidad» apareció con una frecuencia notablemente mayor: cinco puntos porcentuales más que entre los no creyentes. Por el contrario, quienes no profesan ninguna religión describieron el trabajo principalmente como una «necesidad». Esta divergencia, sutil a primera vista, apunta a dos enfoques distintos: uno orientado al deber y la contribución, y el otro a la supervivencia y la obligación.
Este patrón se mantiene cuando se les pide a los jóvenes que clasifiquen sus prioridades profesionales. Si bien un buen salario sigue siendo importante para todos, el 32 % de los no creyentes lo cita como la principal prioridad, en comparación con el 28 % de los creyentes. En contraste, quienes tienen fe dan mayor importancia a la contribución a la sociedad. Los datos sugieren que la creencia religiosa se correlaciona con una comprensión más amplia y relacional del trabajo, que incluye, entre otros aspectos, el beneficio económico.
La distinción se hace aún más evidente al examinar cómo los jóvenes interpretan el significado de su trabajo. Más del 60 % de los creyentes afirma que su trabajo o estudios pueden tener un significado espiritual y que su fe influye en su forma de trabajar. Otro 54 por ciento va más allá, describiendo el lugar de trabajo como un espacio donde es posible encontrarse con Dios e infundir un significado trascendente a las tareas cotidianas. Este lenguaje puede parecer ajeno al discurso secular, pero refleja una corriente arraigada en el pensamiento cristiano, donde el trabajo ordinario se entiende no solo como producción, sino como participación en un orden moral y espiritual más amplio.
Curiosamente, esta perspectiva espiritual no aísla a los creyentes de las preocupaciones sociales más amplias. Por el contrario, el estudio revela que el 77 por ciento de todos los encuestados —independientemente de sus creencias— desean que su trabajo tenga un impacto positivo en su comunidad. Sin embargo, aquí también surgen diferencias en la intensidad y la expresión, particularmente en la perspectiva emocional.
Al preguntarles cómo se sienten respecto a su vida laboral actual o futura, las dos respuestas más comunes en toda la muestra son «esperanza» (43 por ciento) y «confianza» (41 por ciento). Estas cifras desafían la narrativa generalizada de una generación abrumada por el pesimismo. No obstante, la brecha entre creyentes y no creyentes es uno de los aspectos más llamativos del estudio. Entre quienes tienen fe, el 48 por ciento expresa esperanza y el 47 por ciento confianza. Entre los no creyentes, esas cifras descienden al 33 por ciento y al 28 por ciento, respectivamente.
Las emociones negativas siguen un patrón similar. El estrés o la preocupación son reportados por el 31% de los no creyentes, en comparación con el 21% de los creyentes. La incertidumbre afecta al 32% del primer grupo, pero solo al 19% del segundo. Si bien la fe no elimina los desafíos estructurales de los mercados laborales precarios, parece funcionar como un recurso psicológico cuantificable, mitigando la ansiedad y fomentando una actitud optimista.
Las implicaciones se extienden más allá del ámbito laboral, hasta la esfera cívica. Los jóvenes creyentes muestran niveles consistentemente más altos de participación social: el 21% participa en organizaciones de la sociedad civil, como organizaciones benéficas o grupos de voluntariado, en comparación con el 13% de los no creyentes. El 60% reporta seguir activamente los asuntos públicos, frente al 53% entre sus pares no religiosos. La participación en conversaciones sobre temas sociales alcanza el 52% para los creyentes y el 42% para los no creyentes, mientras que la participación en actividades comunitarias locales llega al 39% entre el primer grupo, en comparación con el 24% entre el segundo.
Estos hallazgos convergen en una conclusión más amplia: el compromiso religioso, en diversos contextos culturales, se asocia con un mayor sentido de responsabilidad, una mayor participación cívica y una perspectiva de vida más optimista. Las ciencias sociales no juzgan la verdad teológica ni otorgan superioridad moral a ningún grupo. Sin embargo, pueden identificar patrones. En este caso, el patrón sugiere que la fe, lejos de ser un asunto puramente privado, tiene consecuencias públicas tangibles.
Esta investigación también coincide con observaciones previas del mismo proyecto, que en 2024 documentaron un renovado interés por la religiosidad entre los jóvenes de diversas regiones del mundo. El aumento de los bautismos de adultos registrado en varios países en los últimos años podría ser una expresión visible de una tendencia más profunda: una búsqueda de sentido que se extiende a la vida profesional y social.
La pregunta que surge no es solo por qué existe esta correlación, sino qué implica para el futuro. Los datos sugieren que quienes integran la fe en sus vidas no se aíslan del mundo. Por el contrario, parecen más inclinados a darle forma, con un sentido de propósito que trasciende lo puramente económico y apunta hacia un horizonte de significado más amplio.
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