(ZENIT Noticias / Ciudad del Vaticano, 15.05.2026).- La Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) celebró en Roma su segunda Conferencia Internacional contra drogas y criminalidad. El viernes 15 de mayo fueron recibidos en audiencia por el Papa León XIV en la Sala Clementina del Palacio Apostólico. Ofrecemos a continuación la traducción que ZENIT realizó al castellano del discurso del Pontífice:
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Honorables Parlamentarios,
Representantes de los Estados participantes
de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa,
Señor Embajador, Señoras y Señores:
con profunda esperanza y solicitud pastoral, les saludo mientras se reúnen para la Segunda Conferencia internacional sobre la lucha contra las drogas y la criminalidad organizada en la región de la OSCE, dedicada a la seria y urgente lucha contra el flagelo de las drogas ilícitas. Su presencia, proveniente de muchos de los Estados participantes en la OSCE, desde Vancouver hasta Vladivostok, es testimonio de la determinación colectiva para afrontar un fenómeno que sostiene redes criminales y pone en peligro el futuro mismo de nuestras sociedades.

La Santa Sede está firmemente convencida de que el Estado de derecho, la prevención de la criminalidad y la justicia penal deben progresar juntos en unidad. De hecho, la implementación auténtica del Estado de derecho sigue siendo indispensable para el desarrollo humano integral. Ninguna sociedad verdaderamente justa puede perdurar si no es la ley —y no la voluntad arbitraria de los individuos— la que permanece soberana (cf. Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, n. 408), mientras que ninguna persona o grupo, independientemente de su poder o condición, puede jamás reivindicar el derecho a violar la dignidad y los derechos de otros o de sus comunidades. Por tanto, la prevención y la respuesta a las actividades criminales están estrechamente vinculadas al respeto y a la tutela de los derechos universales del hombre. Esto requiere no solo los esfuerzos de las fuerzas del orden, sino también el compromiso de la sociedad en general, tanto a nivel nacional como internacional.
A este respecto, la Santa Sede apoya plenamente toda iniciativa que busque establecer un sistema de justicia penal eficaz, justo, humano y creíble, capaz de prevenir y combatir la producción y el tráfico de drogas ilícitas. Reconociendo que la verdadera justicia no puede contentarse con el solo castigo, dichos esfuerzos deben adoptar también enfoques inspirados en la perseverancia y la misericordia, orientados a la reeducación y a la plena reinserción de los infractores en el tejido social. El mismo respeto por la dignidad inherente de cada persona, incluidas quienes han cometido delitos, excluye el recurso a la pena de muerte, a la tortura y a toda forma de castigo cruel o degradante.

Son necesarios programas integrales para atender a quienes son esclavizados por la dependencia, ofreciéndoles atención médica, apoyo psicológico y rehabilitación continuada. Este enfoque multidisciplinar debe considerar a la persona humana en su totalidad, superando tanto las medidas puramente represivas como las soluciones permisivas, que no logran liberar a los individuos de las cadenas de la dependencia. De este modo, pueden redescubrir y volver a vivir la plenitud de su dignidad otorgada por Dios.
Asimismo, deseo subrayar que la educación es fundamental para la prevención. Forma las bases del desarrollo humano integral y proporciona a los niños y jóvenes los medios para reconocer la devastación profunda que producen las drogas. En nuestro tiempo, en el que las redes sociales difunden con tanta frecuencia una peligrosa desinformación que banaliza estos riesgos, la educación debe comenzar en la familia y ser reforzada en la escuela, proporcionando conocimientos científicos precisos sobre los efectos desastrosos de las sustancias estupefacientes en el cerebro, en el cuerpo, en el comportamiento personal y en el bien común de la comunidad.

Prevenir y combatir la criminalidad organizada es fundamental para construir sociedades seguras, justas y estables. En esta perspectiva, deseo rendir homenaje a todos los agentes de las fuerzas del orden y a los miembros de la magistratura que han sacrificado su vida o han sufrido heridas en el cumplimiento valeroso de sus deberes. Su testimonio debe suscitar en nosotros sentimientos de gratitud, responsabilidad y renovada determinación.
La Iglesia católica, a través de sus numerosas instituciones en el mundo, y bebiendo de su larga experiencia en el acompañamiento de personas afectadas por dependencias, está dispuesta a profundizar aún más su vínculo de fecunda cooperación con la sociedad civil. Juntos, en un espíritu de mutuo respeto y de responsabilidad compartida, podemos promover políticas que sirvan verdaderamente al bien común y a la inalienable dignidad de cada ser humano.
Que esta conferencia dé frutos abundantes y duraderos en estrategias de cooperación transnacional, prevención eficaz y esperanza auténtica. Sobre todos ustedes, sobre sus deliberaciones y sobre los pueblos que representan, invoco las abundantes bendiciones de Dios de sabiduría, esperanza y paz duradera. Gracias.
Traducción del original en lengua italiana realizado por el director editorial de ZENIT.
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