Papa León XIV a Participantes en la Asamblea General de las Obras Misionales Pontificias Foto: Vatican Media

León XIV elogia a Fulton J. Sheen en el contexto de un discurso sobre la propagación de la fe

Discurso del Papa León XIV a Participantes en la Asamblea General de las Obras Misionales Pontificias

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(ZENIT Noticias / Ciudad del Vaticano, 01.06.2026).- En ocasión de la Asamblea General Anual de las Obras Misionales Pontificias, el lunes 1 de junio el Santo Padre les recibió en audiencia en la Sala Clementina del Palacio Apostólico. Las Obras Misionales Pontificias (OMP) son una red institucional de la Santa Sede encargada de sostener la labor evangelizadora y social de la Iglesia Católica en todo el mundo. Dependientes del Dicasterio para la Evangelización, su objetivo principal es promover la conciencia misionera y gestionar el Fondo Universal de Solidaridad para apoyar a las nuevas iglesias. Ofrecemos a continuación la traducción que hizo ZENIT al castellano del discurso del Papa:

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En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. La paz sea con vosotros.

Eminencia, Excelencias, Queridos Secretarios Generales y Directores Nacionales,

es con alegría y acción de gracias que los saludo a todos ustedes, reunidos este año en Roma para su Asamblea General anual, un año verdaderamente rico en hitos misioneros. Este año se cumple el primer centenario de la institución, a petición de la Pontificia Obra de la Propagación de la Fe, de la Jornada Mundial de las Misiones, el penúltimo domingo de octubre, por parte de mi predecesor el Papa Pío XI. Durante cien años esta jornada ha estado dedicada a la oración, la reflexión y la contribución a la misión de evangelización de la Iglesia, especialmente en las zonas donde la proclamación del Evangelio está apenas comenzando y donde la Iglesia es todavía joven. En ese día, cada comunidad católica es invitada a orar y a ofrecer sacrificios espirituales y materiales por el compromiso misionero en las áreas de primera evangelización y para sostener a las jóvenes Iglesias. Me alegra expresar mi agradecimiento a todos ustedes y a cuantos trabajan con ustedes en el mundo, por todos sus esfuerzos, grandes y pequeños, en promover la Jornada Mundial de las Misiones en cada circunscripción eclesiástica en la comunión universal de la Iglesia.

Si se me permite añadir, uno de los propósitos específicos de la Jornada Mundial de las Misiones es recordar a los fieles de las Iglesias más antiguas, de las Iglesias por así decir consolidadas, cuán importante es que también ellos se unan al espíritu misionero de toda la Iglesia.

Gracias a los fondos recaudados en el Domingo Mundial de las Misiones, la Pontificia Obra de la Propagación de la Fe puede proporcionar la ayuda necesaria a las más de 1.130 circunscripciones eclesiásticas que dependen del Dicasterio para la Evangelización — Sección para la primera evangelización y las nuevas Iglesias particulares, para ayudarlas a establecer las infraestructuras eclesiásticas necesarias y sostener diversas iniciativas misioneras. Sostienen también la administración de cinco colegios en Roma para la formación permanente de sacerdotes y hombres y mujeres consagrados, que vienen a la Ciudad Eterna para estudiar y convertirse en recursos valiosos para sus Iglesias locales, a las que regresan una vez completados sus estudios. Estas y muchas otras iniciativas misioneras son posibles gracias a la generosidad de los fieles en el Domingo Mundial de las Misiones.

Este año se cumple también el ciento décimo aniversario de la fundación de la Pontificia Unión Misionera por parte del beato Paolo Manna, declarada Pontificia por el Papa Pío XII y definida por san Pablo VI como el «alma» de las demás Obras Misionales Pontificias. Los animo a todos a participar en su misión de promover entre todos los bautizados una espiritualidad misionera cada vez más ferviente y un compromiso cada vez más profundo en la misión universal de evangelización de la Iglesia en este nuevo tiempo misionero.

Es además providencial que este año, el 24 de septiembre, en St. Louis, Misuri, sea beatificado uno de los Directores nacionales más célebres de las Obras Misionales Pontificias, el venerable Fulton J. Sheen. El arzobispo Sheen fue un faro de fe, esperanza y amor que durante décadas brilló a través de los medios radiofónicos y televisivos. Yo mismo fui testigo de su evangelización cuando estaba creciendo. Sus transmisiones llegaron a millones de personas con la esperanza del Evangelio y sus iniciativas y esfuerzos produjeron una enorme ayuda espiritual y material a las Iglesias en las áreas de primera evangelización. Que nuestro nuevo beato sea un ejemplo para todos los Directores Nacionales y Diocesanos de las Obras Misionales Pontificias en el mundo entero.

En un mundo cada vez más marcado por la división, la guerra y el conflicto entre naciones y pueblos, las cuatro Obras Misionales Pontificias, confiadas al Dicasterio para la Evangelización — Sección para la primera evangelización y las nuevas Iglesias particulares —, prestan un valioso servicio a la misión de la Iglesia de proclamar a Cristo, Príncipe de la Paz y revelación encarnada del Amor Divino por la humanidad. A este respecto, la Obra Misional Pontificia de la Santa Infancia desempeña una misión particularmente valiosa llevando la luz de la fe y el consuelo de la caridad cristiana a niños de todo el mundo, especialmente en regiones azotadas por el odio y la violencia. Igualmente importante es la Obra Misional Pontificia de San Pedro Apóstol, que promueve y sostiene la formación del clero y de los religiosos consagrados indígenas en los territorios de primera evangelización. En muchos lugares, sin la ayuda de la Obra, los seminaristas y los novicios no tendrían los medios necesarios para su formación humana, espiritual y pastoral.

El tema del Domingo Mundial de las Misiones de este año — Uno en Cristo, unidos en la misión — pone de relieve la unidad de los creyentes y marca el 100.º aniversario de esta celebración mundial. Invita a todos los miembros de la Iglesia a una comunión más profunda en Cristo y a una unidad más plena en su divina misión de amor. Refleja el profundo deseo del Señor, expresado en su oración al Padre antes de la Pasión (cfr. Jn 17, 20, 21, 26). Estos aspectos, expresados en el tema de este año, requieren una renovación misionera en la Iglesia en los próximos años. Por ello, los animo a tener presente esta enseñanza, a vivir una espiritualidad auténtica de unidad y de comunión centradas en Cristo y a promoverla a través de sus actividades entre los fieles.

Queridos hermanos y hermanas, el Concilio Vaticano II reafirmó que «la Iglesia en su peregrinación sobre la tierra es por su naturaleza misionaria, ya que ella tiene su origen en la misión del Hijo y en la misión del Espíritu Santo, según el designio de Dios Padre» (Ad gentes, n. 2). Teniendo esto presente, los invito a todos a comprender la urgencia de emprender una conversión misionera continua y de buscar juntos modos de ser una Iglesia misionera para sanar nuestro mundo, tan lleno de tensiones, conflictos y guerras. En esta importante tarea, la labor de las Obras Misionales Pontificias sigue siendo esencial. Prosigamos, pues, nuestro camino misionero con alegría y renovado celo. Que en todo lo que hacemos por la obra de evangelización podamos siempre poner a Jesucristo en el centro, abrazando el bello principio evangélico expresado por Juan Bautista: «Él debe crecer; yo, en cambio, debo menguar» (Jn 3, 30).

Encomendando a todos ustedes, a sus colaboradores, benefactores y a cuantos participan en esta esencial labor misionera a la intercesión materna de la Madre de Dios, María — Reina de las Misiones — y a la de todos los santos misioneros, les imparto de corazón mi Bendición Apostólica. Gracias.

Recemos juntos como nos enseñó Jesús: «Padre nuestro…»

Traducción del original en lengua italiana realizado por el director editorial de ZENIT.

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Redacción Zenit

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