Foto: Caffe Storia

La gramática del odio: entrevista con el obispo Rafic Nahra, obispo auxiliar de Jerusalén, sobre la situación en Tierra Santa

Ya antes del 7 de octubre de 2023 «los extremistas se sentían protegidos por las autoridades, o al menos tolerados». Radicalismo, interpretaciones distorsionadas de la Biblia, polarización e intereses económicos. «La mayor victoria del mal es cuando logra contaminar a la víctima».

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(ZENIT Noticias – Caffe Soria / Roma, 30.05.2026).- Hay imágenes y vídeos virales —violencias, ultrajes— que las redes sociales amplifican emocionalmente: ya sea para informar, indignar, fanatizar o indiferenciarse. Y luego están los números, que de manera menos espectacular cuentan la misma historia. El último informe del Rossing Center para la educación y el diálogo documenta 155 casos de violencia contra los cristianos en 2025 en Jerusalén Este y en Israel, un 40% más que en 2024. Un fenómeno sistémico en el que se unen humillaciones cotidianas y violencia explosiva.

«Esta radicalización comenzó claramente en 2023, algunos meses antes de la guerra del 7 de octubre», explica S. E. Mons. Rafic Nahra, egipcio de nacimiento y libanés de historia, desde 2021 vicario patriarcal para Israel y desde 2022 obispo auxiliar de Jerusalén de los Latinos. «La reacción del gobierno y de la policía fue débil».

Pregunta: Un soldado del ejército israelí destruye a martillazos un crucifijo en el pueblo cristiano de Debel, en el sur del Líbano. En la misma localidad otro militar israelí ultraja una estatua de la Virgen. Episodios que dan la vuelta al mundo. Difícil hablar de casos aislados; se trata más bien de una gramática recurrente. ¿Cómo los interpreta, Excelencia?

Respuesta: Son actos de fundamentalismo religioso. Además, en cada uno de estos episodios hay más de una persona implicada, porque está quien comete el acto, quien lo fotografía y quien lo publica. Por tanto, no son actos tan aislados.

Quienes hacen esto piensan quizás que están cumpliendo un mandamiento, pues está escrito en la Biblia: «Derribaréis sus altares, romperéis sus estelas, cortaréis sus postes sagrados, quemaréis en el fuego las estatuas de sus dioses y borraréis su nombre de aquellos lugares» (Dt 12,3). Pero ya en la tradición rabínica antigua y medieval, los sabios habían comprendido que, al haber cambiado el contexto de vida, tales versículos intolerantes no debían aplicarse literalmente. Con mayor razón, en el mundo pluralista de hoy no se puede actuar así.

Hoy, todas las religiones entienden que deben estar al servicio de la paz.

Es más, Israel dice querer normalizar sus relaciones con el mundo árabe. La normalización se prepara mostrando un gran respeto hacia las poblaciones vecinas y hacia sus religiones. Es evidente que estos soldados no representan a toda la población de Israel, pero hay que hacer lo necesario para impedir que tales actos se repitan. Algunos justifican diciendo que el cansancio de los soldados explica esta caída de la vigilancia respecto al estándar moral que se les exige.

Quizás haya algo de verdad en ello, pero no es una justificación suficiente.

La escalada de gravedad parece inevitable, y del yeso se pasa a la carne. Una religiosa francesa es agredida por la espalda cerca del Cenáculo, en Jerusalén, y luego golpeada mientras está en el suelo, ante la indiferencia de la mayoría de los testigos. Escupitajos ante las iglesias, amenazas e insultos al clero y a los fieles, ultrajes durante las ceremonias cristianas perfilan un clima difundido de hostilidad. ¿Cómo definirlo? ¿Extremismo religioso, ideología o qué otra cosa?

Respuesta: Esta radicalización comenzó claramente en 2023, algunos meses antes de la guerra del 7 de octubre: actos de vandalismo en las iglesias, destrucción de lápidas en el cementerio cristiano de Jerusalén, grafitis ofensivos sobre Jesús y sobre los no judíos, escupitajos a religiosos y religiosas cristianos, etc. Los actos se multiplicaron en ese período porque los extremistas se sentían protegidos por las autoridades, o al menos tolerados.

En el judaísmo no existe un mandamiento de escupir a los cristianos.

Tras la multiplicación de los casos de agresión, algunos rabinos y grandes rabinos dijeron condenar tales actos. Es algo positivo, pero no basta con condenar verbalmente: hay que cambiar la enseñanza sobre el cristianismo en las escuelas públicas y religiosas. Con frecuencia, en las escuelas, se presenta el cristianismo como si comenzara con los cruzados y terminara con la Shoá. Y al decir esto, se vincula inadecuadamente la Shoá con el cristianismo, sin distinguir claramente el antijudaísmo cristiano medieval del racismo nazi, que era ateo, «científico» y anticristiano.

En cualquier caso, en las escuelas se dice poco o nada sobre los orígenes del cristianismo, tan estrechamente ligados al judaísmo, sobre el monoteísmo de los cristianos, sobre los valores universales del cristianismo y sobre el cambio radical en la relación con los judíos operado por el Concilio Vaticano II. Esta enseñanza negativa conduce a la hostilidad hacia los cristianos, como lo vemos en la actitud de ese hombre que agredió a la religiosa. El odio que se manifestaba en su actitud da miedo.

Es fácil, en estos casos, alimentar contraposiciones instrumentales. Este tipo de hostilidad, ¿es más o menos común a toda la población israelí o pertenece a grupos circunscritos, y si es así, a cuáles?

Respuesta: No es una actitud generalizada. Estuve en Jerusalén desde 2004 hasta 2021 y la situación realmente no era similar. En 2023, cuando las agresiones comenzaron a crecer sensiblemente, la reacción del gobierno y de la policía fue débil, casi inexistente. Hoy reaccionan algo más, pero de todos modos existe una radicalización preocupante, particularmente en los partidos nacionalistas religiosos. El clima de guerra, con la banalización de los discursos divisivos, aumenta los sentimientos negativos hacia los no judíos, incluidos los cristianos.

¿Se han alzado voces en el mundo judío en defensa de los cristianos y de la libertad de culto?

Respuesta: Sí, hay voces. Existe también una línea telefónica directa, creada por judíos israelíes, para documentar las agresiones contra los cristianos y ayudar a las víctimas. Por ejemplo, se hizo una colecta tras la destrucción del crucifijo en el pueblo cristiano de Debel: reunieron 18.000 shékels (unos 5.000 euros), que hicieron llegar al pueblo para construir un nuevo crucifijo. También hay profesores universitarios y varios rabinos que hablan en contra de los actos intolerantes. Y sigo pensando que la mayoría de la población israelí no quiere esta radicalización.

Es necesario que todos los moderados se den la mano para luchar contra el extremismo que se desarrolla en todas las religiones. La violencia de los fundamentalistas solo lleva a la guerra y a la destrucción. Hay que pensar en el bien común y en el bien de nuestros hijos, a quienes pertenece el futuro. ¿Queremos odiar a los demás que no son como nosotros o queremos construir un mundo mejor?

Hay quienes llegan a hablar de limpieza étnica de baja intensidad.

¿Por qué los cristianos se han convertido cada vez más en un objetivo en los últimos meses?

Respuesta: Varios ministros del gobierno hablan y alientan una partida «voluntaria» de la población de Gaza. Esto no afecta específicamente a los cristianos, sino a todos los habitantes de la Franja. Luego están los ataques repetidos contra los palestinos en Cisjordania: incendios de casas y automóviles, daños a tierras agrícolas y ganado, amenazas y agresiones contra personas que se dirigen a trabajar en el campo. Todo ello con reacciones muy débiles e insuficientes por parte de las autoridades, y lamentablemente también con una connivencia entre ciertos miembros del ejército y los grupos extremistas.

El ejército reconoce ya públicamente que estos actos están perjudicando a la propia sociedad israelí, y no solo a su reputación en el mundo. Absorben inútilmente las energías del ejército, en lugar de dejar que se concentre en las amenazas externas. La población palestina en Cisjordania tiene mucho miedo y no se siente protegida, no solo los cristianos.

Solo en Belén, la incidencia de la población cristiana ha pasado del casi 90% de los años cincuenta a menos del 10% actual. También entre los jóvenes, la escalada de violencias y discriminaciones empuja a emigrar. ¿Qué significa para el futuro de las Iglesias cristianas —y de toda la región y no solo de ella— esta hemorragia de personas? 

Respuesta: También en Nazaret el número de cristianos disminuye regularmente a causa de la violencia en la sociedad árabe israelí.

Ante semejante hemorragia es importante que nosotros los cristianos recordemos el sentido de nuestra presencia y de nuestra misión aquí en Tierra Santa, para no abandonarla demasiado rápidamente.

Pero es evidente que los cristianos de Belén, al no encontrar trabajo y sufrir constantes limitaciones y vejaciones en sus desplazamientos, cuando encuentran una posibilidad de emigrar, deciden hacerlo. Es fácil comprenderlos. Lo mismo ocurre con los cristianos de Nazaret, en Israel: cuando las familias mafiosas practican la llamada «protección», o bien «préstamos a alto interés», la gente queda sometida a su chantaje, las amenazas se extienden a toda la familia —hermanos, primos, tíos— y sin una tutela eficaz por parte de la policía es claro que buscarán huir, y nadie puede decirles que no lo hagan.

¿Cómo conjugar perdón, testimonio y denuncia?

Respuesta: El perdón no significa no denunciar. El perdón consiste en purificar nuestro corazón, de modo que no dejemos que el mal que sufrimos de los demás lo contamine. La mayor victoria del mal es cuando logra contaminar a la víctima y así se entra en el círculo vicioso de la venganza. Eso no lo queremos.

También hay que denunciar, pero esto no significa hacer declaraciones cada día, pues de lo contrario las palabras se vuelven ineficaces. Hay que actuar de manera efectiva, sabia y prudente, buscando obtener resultados. Hay que hacerlo también para mostrar a quienes sufren que alguien habla en su nombre.

En cuanto al testimonio, toda nuestra vida debe ser un testimonio: las palabras, las actitudes, el coraje, la paciencia, el no desesperar. Es difícil, pero esta es nuestra vocación.

¿Qué sería más urgente hacer en esta situación, y qué no se ha hecho todavía?

Respuesta: ¿Qué hacer? No desesperar, orar y no huir rápidamente ante las dificultades. En los períodos difíciles, como el que vivimos, hace falta mucha perseverancia. Luego, no caer en la victimización, recordando que muchos sufren en el mundo y que nosotros formamos parte de esa cadena. También no dejarse dominar por el desaliento, sino buscar siempre de nuevo qué hacer para mejorar la situación, y buscar dónde están las personas de buena voluntad —cristianos, musulmanes y judíos— para tenderles una mano. Somos mucho más fuertes cuando trabajamos juntos. No es una guerra entre las religiones, sino más bien un despertar de los fundamentalismos contra el cual hay que luchar juntos.

En Europa, es necesario no dejarse arrastrar por la polarización y los discursos simplificadores de odio. Queremos ser de los que reconcilian y no de los que propagan el odio. Añado que la politización de las universidades no es algo bueno. Las universidades deben seguir siendo lugares protegidos para aprender a reflexionar, a dialogar en paz.

Traducción del original en lengua italiana realizado por el director editorial de ZENIT.

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Simone Varisco

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