Por primera vez, una delegación de Laos en el encuentro con el Papa

Han venido a Europa con la excusa de visitar a sus familias

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ROMA, 20 agosto (ZENIT.org-FIDES).- Todos procedían de familias católicas, bautizados desde niños. Al Papa sólo le habían visto hasta ese momento en fotografía porque, hasta ahora, nunca habían salido de su país. Oficialmente, se encontraban en Europa para visitar a parientes, pero, desde Holanda y Francia, se han desplazado a Roma para participar en las Jornadas Mundiales de la Juventud.

De este modo, estos 21 jóvenes de Laos han vivido días que no olvidarán nunca. Formaban parte de un grupo llegado a Roma junto a un sacerdote y dos religiosas. En total, eran 7 muchachas y 11 muchachos de entre los 18 y 30 años, provenientes sobre todo de Vientiane.

País comunista desde 1953, a partir de 1992 Laos experimento un proceso de modernización y apertura a la economía de mercado y al mundo moderno. La Constitución de 1991 concede libertad a las religiones, pero –según la interpretación restrictiva de algunos funcionarios– hay que entender «las religiones tradicionales de Laos», es decir, budismo y animismo. Una ley de 1997 regula la libertad religiosa: el budismo es la religión más difundida y aceptada por el gobierno.

Vathanathavone, una muchacha de mirada limpia, llamada cariñosamente «Na», afirma: «Con respecto a los jóvenes de otros países, nosotros tenemos grandes diferencias culturales. Además, no hablamos otras lenguas, por lo que, a veces, es difícil instaurar relaciones. Por naturaleza, nosotros no somos muy expansivos, pero conseguimos hacer amistades…, ¡con el lenguaje de los gestos!». Los jóvenes laosianos viven en un contexto en que la Iglesia católica es sólo «tolerada», por eso «Na» reconoce la dificultad de vivir el testimonio cristiano en un ambiente hostil, pero «confía en la gracia de Dios y en la asistencia del Espíritu Santo».

Otro joven, Khampaseuth, explica: «Vivimos en un ambiente budista, pero tratamos de mantenernos firmes en nuestras convicciones, promoviendo entre los demás jóvenes la moral cristiana». Montalak, una de las siete muchachas, tenía una madre budista que se convirtió al cristianismo. Afirma: «La religión cristiana me da la esperanza de encontrar a Jesús después de la muerte, que no es una barrera. Y me enseña a comprometerme al servicio de los demás».

«Oficialmente –explica a la agencia Fides otro de los jóvenes– no hay relaciones entre católicos y budistas. Pero en la escuela nos interrogan sobre nuestra religión y les hablamos de Jesucristo. Condicionados por la mentalidad oficial, consideran el catolicismo una religión «extranjera». Yo les respondo que, si es legítimo comprar un Toyota –automóvil proveniente del Japón–, ¿por qué no se puede abrazar el Evangelio?».

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ZENIT Staff

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