«Nos vemos en Toronto»

ROMA, 22 agosto (ZENIT.org-AVVENIRE).- Para una tierra joven, de inmigrantes jóvenes, es normal tener por arzobispo llegado como joven inmigrante. Aloysius Matthew Ambrozic llegó a Toronto en 1948, procedente de Eslovenia. Nació en 1930 en Gabrje, cerca de Lubiana. Era sacerdote en 1955, nombrado arzobispo de Toronto en 1990 y creado cardenal en 1998. Su arquidiócesis será anfitriona del 22 al 26 de julio del 2002 de la próxima Jornada Mundial de la Juventud (JMJ).

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–Cardenal Ambrozic, ¿cómo ha nacido la candidatura de Toronto para la próxima JMJ?

–Estuve en las Jornadas de Denver y Manila. Y pensaba que sería verdaderamente hermoso poder tener la JMJ aquí en Toronto. Pero era sólo una idea. Luego, algunos de mis sacerdotes volvieron de París entusiasmados, diciéndome: tenemos que hacer una JMJ nosotros. Así me sentí animado a convertir en propuesta lo que era una simple idea. Toronto 2002… Esta es una ciudad bella en todos los sentidos. Rica en humanidad, si se excluye la plaga del aborto. Y con fuerte carácter protestante.

–¿En qué consiste exactamente este carácter?

–Los protestantes de Toronto son de origen inglés, escocés e irlandés. Son muy serios y disciplinados. Su virtud es la «fairness», que se entiende como honestidad, justicia, imparcialidad, lealtad. No tengo dificultad en admitir que aprecio mucho esta tradición.

–¿Y los católicos?

–En el pasado experimentaron dificultades. Pero los protestantes no renunciaron nunca a su opción de ser justos y democráticos. En 1948, cuando llegué aquí con mi familia, los católicos éramos apenas el 10%. Luego llegó el turno de la inmigración de italianos, portugueses, latinoamericanos, filipinos. Y hoy, en la última oleada de inmigrantes, chinos, coreanos y vietnamitas, hay muchas conversiones.

–¿Muchas?

–Muchas, sí. Y ni siquiera nosotros sabemos explicar muy bien el motivo. Un lector malicioso podría pensar: he aquí uno de los resultados de las actividades asistenciales de la Iglesia católica. Pero no es así, pues en ese sector los anglicanos están más presentes aún que nosotros. Queda el hecho de que en una parroquia mía de un barrio habitado sobre todo por chinos ha habido en un año 250 bautismos de adultos.

–En la postguerra los católicos eran una exigua minoría. ¿Y hoy?

–Hoy somos cerca de un millón y medio, el 35% de la población. Según los sondeos, las personas definidas como «practicantes» por los sociólogos, o sea los que van a misa al menos dos veces al mes, son entre el 12 y el 13% de los bautizados. Podrá parecer poco, y sin embargo desde hace unos años este porcentaje está aumentando. Y también en este caso ninguna de las explicaciones que nos hemos dado nos termina de convencer.

–Hablemos de la próxima JMJ. ¿Qué idea se ha hecho usted de esta generación de jóvenes?

–Antes de empezar mis catequesis, en 1993 en Denver, me preguntaba: «¿Cómo haré para cubrir la fatal distancia que existe entre ellos y yo?». Y bien , no tuve que hacer ningún esfuerzo especial. La distancia la cubrieron enseguida ellos, los jóvenes, demostrando así la enorme capacidad que tiene para unir a las personas la fe común en Jesucristo. Los sacerdotes de Toronto que se ocupan de los jóvenes afirman que es equivocado considerarles como una especie de clase separada. Ciertamente tienen gustos, problemas y sensibilidades suyas. Pero forman también parte de la comunidad parroquial donde hay tantos adultos. Y juntos todos, en la comunidad, están llamados a colaborar. Esta es también mi opinión.

–La JMJ será ineludiblemente una Jornada con fuerte acento ecuménico.

–Hoy con los anglicanos no hay problemas. El obispo Finley y yo somos muy amigos, nos vemos a menudo a cenar con su mujer, y nos invitamos a predicar en las respectivas catedrales. La JMJ es un acontecimiento claramente católico y se caracterizará por la presencia del Papa, a quien los anglicanos de Toronto consideran un gran guía espiritual, que anuncia la verdad cristiana. Por tanto, no os sorprendáis si también los jóvenes anglicanos están presentes.

–¿Qué significado tendrá la JMJ para la ciudad de Toronto?

–La ciudad es bella y moderna. Funciona bien. Hay trabajo para todos. Y sin embargo falta algo… la JMJ será un desafío. Sobre todo para nosotros católicos: debemos comportarnos con mayor valentía, todavía no advertimos un suficiente sentido de responsabilidad y no damos la contribución que deberíamos dar al crecimiento humano y civil de la ciudad.

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ZENIT Staff

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