Primer Congreso Eucarístico en Cuba desde la Revolución castrista

El cardenal Ortega pide que la Iglesia pueda cumplir «sin trabas» su misión

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LA HABANA, 14 dic 2000 (ZENIT.org).- El Congreso Eucarístico realizado el 9 y 10 de diciembre en La Habana, Cuba, ha sido «un hito histórico», ha declarado Orlando Márquez, portavoz de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba.

En declaraciones difundidas por Radio Vaticano, Márquez afirma: «Estamos muy contentos con los dones que Dios ha derramado sobre nosotros durante estos días».

El acontecimiento, que fue precedido de un simposio teológico, se inició el día 8 de diciembre con una adoración Eucarística, y al día siguiente tuvo lugar una histórica misa pública en la que dos mil niños recibieron la primera comunión.

Según Márquez, el momento culminante del congreso tuvo lugar el domingo, con la histórica procesión que recorrió las calles hasta la Catedral de La Habana, donde el cardenal Jaime Ortega y Alamino, arzobispo de La Habana, presidió la eucaristía.

Durante su homilía, ante unos cinco mil habaneros, el cardenal hizo un llamamiento a las autoridades de la nación para permitir de una vez, «sin trabas ni dificultades», que la Iglesia realice su misión en este país.

El purpurado hizo un balance del Año Jubilar que termina. «Durante este Año Santo, en cada uno de los Jubileos que hemos celebrado –dijo–, hemos experimentado que en muchos corazones las puertas abiertas por el Papa no se han cerrado», y recordó que Juan Pablo II había solicitado la restitución de la Fiesta de la Navidad en Cuba porque la «civilización cristiana no es un conjunto de viejas costumbres que pueden variar con el tiempo» sino valores que dan «forma y consistencia a la cultura de un pueblo».

Reflexionando sobre la situación actual de la Iglesia en Cuba, el cardenal cubano recordó que es grande la necesidad de sacerdotes y agentes de pastoral en la Isla, expresó que han crecido las vocaciones en Cuba pero ha crecido también la Iglesia, añadiendo que se necesita la colaboración de sacerdotes y religiosas de otros países y que muchos están dispuestos a venir a trabajar a Cuba «pero hoy –dijo– esta parece ser una puerta cerrada a Cristo entre nosotros».

Una lista con los nombres de decenas de sacerdotes, religiosas y religiosas que desean trabajar en Cuba, está prácticamente congelada en las oficinas oficiales esperando permisos de entrada al país. En los dos últimos años solo contados casos aislados han recibido la necesaria autorización.

Desde fines de 1999 con el caso del niño Elián González, las autoridades de la Isla han declarado una «batalla de ideas», promoviendo una agitación y movilización políticas constantes de respaldo a la revolución, ocupando en ocasiones prácticamente todos los espacios de la prensa, radio y televisión, de propiedad estatal. Ante esta realidad nacional, el cardenal Ortega reflexionó sobre la necesidad de reconciliación entre los cubanos.

«Son tantas las rupturas en las familias, los rencores entre grupos y entre vecinos, los tristes recuerdos que separan a antiguos amigos por razones afectivas, políticas, ideológicas, religiosas o de otra índole, que llegan a tener un peso negativo en la conciencia social», afirmó, algo que «afecta la convivencia entre los hijos de un mismo pueblo».

El Congreso Eucarístico, el primer evento de este tipo realizado en Cuba desde hace más de cincuenta años, fue testigo el sábado 9 de la primera comunión de 2 mil niños y de una velada eucarística nocturna de los jóvenes en la catedral habanera.

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ZENIT Staff

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