La escuela católica hoy: fidelidad a su identidad y educación en el diálogo

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Juan Pablo II recibe al Comité Europeo para la Educación Católica

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CIUDAD DEL VATICANO, 29 abril 2001 (ZENIT.org).- Juan Pablo II considera que para que las escuelas católicas puedan ser espacios de formación integral y de promoción de la cultura del diálogo, incluso con los creyentes de otras religiones, es necesario que no pierdan su identidad específica.

Así lo explicó este sábado al recibir en el Vaticano a los 250 participantes en el Congreso internacional organizado por el Comité Europeo para la Educación Católica, que se celebra del 28 al 1 de mayo en Roma.

Las nuevas tendencias del pensamiento y del comportamiento exigen de la escuela católica una doble respuesta, consideró el pontífice: testimoniar el Evangelio y educar con pasión y profesionalidad.

«Consciente de la nobleza y al mismo tiempo de las dificultades que implica enseñar y educar hoy –afirmó el Papa–, aliento en su misión a todo el personal comprometido en el sistema educativo católico, para que alimente la esperanza de los jóvenes con el deseo de proponer simultáneamente la adquisición de un saber lo más amplio y profundo posible, la educación exigente y perseverante de la verdadera libertad humana, y aleccionamiento de los niños y adolescentes que les han sido confiados hacia el ideal concreto más elevado que existe: Jesucristo y su mensaje evangélico».

De aquí, según el Papa, se deriva un segundo desafío: «el diálogo constructivo en la sociedad multicultural de nuestro tiempo».

«La educación tiene una función particular en la construcción de un mundo más solidario y más pacífico –aclaró el Santo Padre–. Puede contribuir a la afirmación de un humanismo integral, abierto a la dimensión ética y religiosa, que sabe dar toda su importancia al conocimiento y al aprecio de las culturas y de los valores espirituales de las diferentes civilizaciones».

En particular, afrontó el caso cada vez más común de escuelas católicas que abren sus puertas a alumnos de otras religiones. Este «esfuerzo», aseguró el obispo de Roma, «debe continuar, sin que se atenúe por ello el carácter proprio y la especificidad católica de sus estructuras».

Esta apertura y diálogo constituye un paso concreto para «superar el miedo del otro», clave para la paz, concluyó.

El Congreso de las escuelas católicas tiene por tema «La misión de educar: testimoniar un tesoro escondido». Inauguró las sesiones el sábado pasado el presidenté del Comité Europeo para la Educación Católica, el canónigo Armando Beauduin y el cardenal Zenon Grocholewski, prefecto de la Congregación vaticano para la Educación Católica.

El purpurado polaco consideró que el objetivo principal del encuentro consiste en ofrecer una contribución particular, pues la escuela corre el riesgo de «quedar reducida a una mera preparación orientada por las exigencias de la tecnología y de los procesos productivos y económicos».

Para evitar este peligro, Grocholewski relanzó la necesidad de alcanzar una síntesis entre fe y cultural. «La escuela católica –dijo– puede contribuir de manera significativa a restituir un alma a la educación a través del tesoro que custodia su proyecto educativo, fundado en la persona de Cristo».

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ZENIT Staff

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