Las quejas de la Iglesia sobre los medios de comunicación

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Entrevista con el catedrático Norberto González Gaitano (II)h

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ROMA, 29 abril 2001 (ZENIT.org).- En las complicadas relaciones entre la Iglesia y los medios de comunicación, estos últimos no son los únicos que
lanzan acusaciones contra la Iglesia. También ésta critica la manera en que los medios se acercan a su realidad.

El argumento se ha convertido en el centro del debate del Congreso Internacional de Comunicación Institucional que ha organizado la Universidad Pontificia de la Santa Cruz del 26 al 27 de abril en Roma. 130 personas de 23 países ha participado en las conferencias y debates protagonizados por los máximos expertos de la información religiosa, tanto comunicadores de la Iglesia católica como informadores de medios de comunicación de nombre internacional.

Tras haber analizado las acusaciones que lanzan los medios de comunicación a la Iglesia (Cf. Zenit, 27 de abril de 2001), en esta segunda entrevista Zenit ha preguntado al profesor Norberto González Gaitano, decano de la Facultad de Comunicación Social Institucional de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz y miembro consultor del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, cuáles son las críticas que hace la Iglesia a los medios de comunicación.

«Las quejas de la Iglesia sobre los medios de comunicación social son cuanto menos tan numerosas como las que ella recibe», advierte desde un primer momento, González Gaitano, dando a entender que nos encontramos ante un candente debate. De hecho, añade, muchas de ellas no son exclusivas de la Iglesia.

–Zenit: Hay casi como una dificultad ínsita a la prensa de amplia circulación de captar y reflejar las dimensiones estrictamente espirituales del evento religioso, y una tendencia a detenerse en los aspectos más controvertidos.

–Norberto González: El «vaticanista» del Corriere della Sera, Luigi Accatoli, con motivo del Jubileo de los periodistas, escribía: «Un periodista se mete en el Jubileo como un turista en una catedral: entra allí en un grupo organizado o por casualidad. No está buscando un sitio para rezar (.) Instintivamente, aunque no esté cubriendo informativamente el acontecimiento, se preguntará cuánta gente habrá, si subirán los precios y si se prevé alguna polémica». El mismo Accattoli se formulaba a sí mismo la pregunta con ironía: «¿Es posible que un periodista se interese por el Jubileo como cristiano, quiero decir en primera persona y no como profesional? (.) La empresa es posible, ¡porque también los periodistas tienen un alma!».

Esta distorsión estructural de los medios non es un fenómeno exclusivo del ámbito religioso. Lo mismo sucede en la información científica o en la información social. Un sociólogo de la comunicación califica esta propensión reductiva de los medios como «distorsiones inconscientes del sistema de los medios». Sin quitar importancia a los condicionamientos estructurales del sistema de los medios («routines» profesionales, falta de especialización y limitación de recursos humanos por parte de las empresas, unidireccionalitad de las fuentes y consonancia de los medios, etc.), no se debe diluir la responsabilidad personal de los periodistas en una especie de determinismo del sistema.

En el caso de la Iglesia, las distorsiones nacen de una perspectiva temporal diferente. Los periodistas piensan en plazos de 24 horas y la Iglesia piensa en siglos o incluso en milenios.

Por otra parte la parroquia de la Iglesia es de libre adscripción, mientras que los ciudadanos no eligen la sociedad política a la que pertenecen, a no ser que les obliguen a exilarse por la fuerza de su país. De ahí que las categorías políticas sean insuficientes para explicar los problemas religiosos.

–Zenit: También se reprocha a la prensa animadversión hacia la religión o al menos prejuicios hacia los valores cristianos.

–Norberto González: La Iglesia católica y otras confesiones religiosas no son los únicos, desde luego, en denunciar la parcialidad de los medios cuando informan de ellas. También los políticos de uno y otro signo se quejan de ello, sobre todo los conservadores. La diferencia es que los políticos, y no digamos las grandes empresas, tienen más medios para hacer valer su voz.

Es difícil dar un juicio definitivo sobre el alcance real de estos prejuicios y sobre la parcialidad de los medios. Con independencia de que la parte criticada ve siempre reflejada negativamente su imagen, lo cierto es que la fe y los valores morales de los periodistas no son ajenos al resultado.

Los padres fundadores del moderno periodismo de masas que han inscrito su nombre en letras de oro de la historia del periodismo –Pulitzer, Hearst, Steffens, Greeley, Storey, por mencionar algunos– eran descreídos, cruzados sociales de ideologías utópicas y, en algunos casos, anticristianos beligerantes.

De todos modos, no es superfluo recordar que tener fe y ser honrado profesionalmente no se identifican ni necesaria ni automáticamente. Hay profesionales muy honrados que no tienen fe y que son más honestos en situaciones concretas y en general que algunos que la tenemos. Pero también es un hecho que, con independencia de la mayor o menor fe de los periodistas, la cobertura informativa, por ejemplo de la Iglesia católica en Estados Unidos es, en conjunto, parcial y sectaria, como revela un riguroso análisis de contenido efectuado en ese país por Robert Lichter, Daniel Amundson y Linda S. Licther.

–Zenit: Posiblemente los mismos sistemas de investigación periodística, especialmente los que se imponen en el mundo anglosajón, impiden acercarse al periodista ante un hecho sobrenatural o de carácter ético.

–Norberto González: Es verdad, dirimir el problema apelando a la fe o la falta de ella de no es suficiente, pues hay reglas «profesionales» comúnmente aceptadas en las redacciones que tienen efectos desinformativos devastantes sobre la sociedad. Una de ellas es el «objetivismo», ese modo de presentar la información con supuesta asepsia, o sea con la falsa pretensión de ser neutral ante los valores. Se trata de un sofisma. Imaginemos que en tiempos de Hitler se informara de la controversia sobre los judíos dándoles a ellos 5 minutos de espacio para defenderse y ofreciendo otros 5 minutos a Hitler para atacarles. Ante los valores humanos, el periodista no puede ser neutral. El periodista, el auténtico periodista se compromete profesionalmente, es decir, personalmente, al informar sobre la violencia, sobre la opresión, sobre la injusticia, sobre lo que, en definitiva, hace daño al hombre y, en consecuencia, a la sociedad.

–Zenit: La circulación, los índices de audiencia y las taquillas, junto con el análisis de mercado son los indicadores del sentir del público. ¿No cree que es un criterio incompatible con el periodista que informa sobre la Iglesia?

–Norberto González: Pero las decisiones sobre los contenidos y la política de los medios de comunicación no deberían depender sólo del mercado y de los beneficios, sino del interés público y de los legítimos intereses de las minorías. Las empresas informativas son, ciertamente, empresas, pero prioritariamente son «informativas». Hay otros modos legítimos de hacer dinero. Si se quiere hacer con la información, hay que servir los intereses de ésta, que son los de la persona humana.

–Zenit: ¿Que le sugeriría a un periodista para poder afrontar profesionalmente su trabajo de información sobre la Iglesia?

–Norberto González: Ante todo debe especializarse, es decir, documentarse. Los editores no envían habitualmente un reportero que no entiende de fútbol a cubrir una final de la copa del mundo. Y, sin embargo, «nosotros enviamos constantemente periodistas ignorantes o no adiestrados a informar sobre asuntos religiosos complicados», reconoce Hollnagel en el «American Journalism Review». Curiosamente, 18 de cada 20 periodistas en Estados Unidos que c
ubren regularmente asuntos religiosos reconocen que sería necesaria una preparación especializada, mientras que 12 de cada veinte reconocen no tener ninguna.

La conclusión es obvia, hacen falta periodistas especializados, es decir documentados, en el ámbito de la información religiosa. Contra la ignorancia, si hay buena voluntad solo hay un camino, el estudio, la documentación.

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ZENIT Staff

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