La solución para África: Que el futuro lo elijan los africanos

Entrevista exclusiva con el presidente de la Conferencia episcopal africana

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ROMA, 20 junio 2001 (ZENIT.org).- «Para resolver los problemas de África es necesario que quien decida su futuro sean los africanos y no las fuerzas externas». Con estas palabras, preñadas de preocupación, se expresa el presente del Simposio Episcopal de las Conferencias de África y Madagascar (SECAM), el arzobispo de Kisangani monseñor Laurent Monsengwo Pasinya.

En esta entrevista concedida a Zenit, el arzobispo constata al mismo tiempo el sorprendente crecimiento de la Iglesia en el continente «olvidado».

«La Iglesia sigue creciendo en África –revela–. Los católicos no son más que el 14% de toda la población, pero nuestra influencia es grande. Ya sea en el campo social con los hospitales, en el campo cultural con las escuelas… Con frecuencia, la Iglesia es quien ayuda a construir las carreteras para favorecer los intercambios culturales y comerciales entre la gente. La Iglesia permite a la población africana recibir medicinas en las esquinas más remotas».

«La Iglesia predica la palabra y trabaja levantando estructuras de desarrollo –explica–. La Iglesia es también un agente económico que se preocupa por la población. No logro imaginarme cómo sería África sin la Iglesia católica».

–Zenit: Ustedes son una Iglesia joven, ¿cuáles son sus problemas pastorales?

–Monseñor Monsengwo Pasinya: Tenemos problemas de adolescencia que son típicos del crecimiento de las jóvenes Iglesias. Es necesario recordar que la evangelización de la mayoría de los países africanos comenzó hace 150 o hace 100 años. Hay que hacer un trabajo de purificación e inculturación de la religiosidad africana. La inculturación es un desafío de santidad y de integridad para abrazar a Cristo. Los problemas que surgen no se pueden afrontar sólo desde un punto de vista intelectual. La comunidad de los fieles, con sus pastores, debe reforzar la esperanza y la confianza en el Espíritu Santo para realizar una Iglesia que sea familia de Dios. Esto significa que todos nosotros debemos hacer que emerja la fraternidad universal en Jesucristo, no sólo entre las diferentes tribus, sino también entre las diferentes razas presentes en los diferentes continentes. Todos somos hermanos y, por tanto, tenemos que ser capaces de perdonarnos y reconciliarnos, evitando guerras y conflictos. Si llevamos adelante este mensaje de fraternidad y de paz podemos hacer mucho bien.

–Zenit: Y, sin embargo, África ofrece un panorama devastado por las guerras…

–Monseñor Monsengwo Pasinya: Por desgracia, las fuerzas que se oponen al Reino de Dios difunden la cizaña. El desafío principal es que los problemas de nuestro continente no son resueltos por el pueblo africano, sino que todo lo deciden fuerzas externas. Piense por ejemplo en el Congo, mi país. En 1960 alcanzamos la independencia. En 1964, se aprobó una Constitución de carácter federalista. Luego, según esa Constitución, se realizaron las elecciones de 1965. Sin embargo, en lugar de plantear la política según la Constitución, respetando el resultado de las elecciones, se impuso con la ayuda de fuerzas externas a Mobutu Sese Seko como jefe de Estado.

Mobutu permaneció en el poder durante 32 años, hasta 1997. Antes de que fuera sustituido por Laurent-Désiré Kabila, el pueblo congoleño había encontrado la solución a la crisis convocando una Conferencia Nacional. Se alcanzó un acuerdo sobre 916 puntos que debían ser respetados para mejorar el sistema político, socio-económico y administrativo. Se promulgó una Constitución federal con un proyecto de sociedad.

Todo esto fue firmado por el delegado del secretario general de las Naciones Unidas, con la garantía de los embajadores de Bélgica y Francia. Cuando sólo quedaban tres meses para que se celebrara el referéndum constitucional, llevaron al poder con la fuerza a Kabila.

A continuación, se instauró un sistema opresivo y represivo. Desde entonces atravesamos una crisis gravísima. Fallecido Kabila, el peligro es que se sigua sin dejar a los congoleños la posibilidad de resolver por sí mismos la crisis. La imposición de potencias externas de un nuevo sistema que no goza de consenso no llevará a ninguna parte. Las mismas causas producirán los mismos efectos.

Por desgracia el problema del Congo es el de ser demasiado rico. Abusando de él, todos ganan.

–Zenit: ¿Cuáles son los efectos de la globalización en África?

–Monseñor Monsengwo Pasinya: Si la globalización se realiza como imposición del más fuerte sobre el más débil, entonces África sufrirá gravísimos daños. Me preocupa en particular la globalización financiera, basada en la especulación. Los grupos que disponen de dinero y que controlan los flujos financieros pueden eliminar fácilmente a la competencia más débil. Quien tiene más dinero, tiene más posibilidades de especular; quien no tiene nada, queda excluido del mercado.

La única posibilidad para África de entrar en el proceso de globalización sin daños es la de convertirse en potente y moderna, en la medida en que puede utilizar Internet para el comercio, tener un mercado interno más sólido, y sobre todo realizar la unidad política y económica. En estos momentos, África es un conjunto de pequeños grupos regionales sin peso desde el punto de vista de la globaliación.

–Zenit: ¿Cuál es el papel de la Iglesia en este contexto?

–Monseñor Monsengwo Pasinya: La Iglesia mira con buenos ojos la unidad de África. Como dijimos en el Sínodo de África, la Iglesia tiene que ayudar a África a alcanzar la unidad. La Iglesia es un factor de unificación de los pueblos. Por este motivo no se asusta ante la globalización. La Iglesia católica es universal y no tiene miedo de los procesos globales.

Queda en pie el problema de la ética de los procesos económicos y, en este punto, el sistema debería ser más riguroso, favoreciendo la producción, desalentando la especulación, y una globalización que esté al servicio del hombre.

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ZENIT Staff

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