Emoción en Ucrania, esperando al Papa

Ultimos retoques para dar la bienvenida

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KIEV, 22 junio 2001 (ZENIT.orgAVVENIRE).- «Faltan sólo las últimas decoraciones del altar», dice el arzobispo católico de Kiev, monseñor Stanislaw Shyrokoradiuk, que prevé una afluencia de un mllión de personas en la capital de Ucrania para encontrarse con Juan Pablo II.

En Lvov, fortaleza del catolicismo de rito bizantino, también se superará el millón de peregrinos.

En este viernes ha comenzado un éxodo de unos 40 mil autobuses que recorren el vasto territorio del país para viajar a Kiev y Lvov para encontrarse con el obispo de Roma.

Juan Pablo II pronunciará sus discursos en ucranio y no deberá esforzarse demasiado, dado que esta lengua se parece más al polaco que al ruso.

La gente lo espera en general con simpatía y curiosidad. Las revistas dedican la portada al Papa y en los diarios aparecen comentarios bastante críticos respecto a la Iglesia Ortodoxa Ucrania, obediente al patriarcado de Moscú que, como es bien sabido, se opone a esta visita y ha hecho todo lo posible por evitarla.

«Una postura incomprensible –declara un grupo de estudiantes, sentados en un parque–. ¿Cómo se puede prohibir a quien ha contribuido a la caída del comunismo y, por tanto, en cierto sentido, a una Ucrania independiente, que nos venga a visitar?

«Es verdad –dice el número dos de la Iglesia Ortodoxa Ucrania, Mitrofan, vicario del arzobispo metropolitano Vladimir– que hace algunas semanas, el nuncio vaticano, monseñor Nikola Eterovic, nos presentó dos propuestas. Preguntaba si el Papa, en el curso de su visita a Kiev, podría recitar una oración dentro del Laura (el Monasterio de Las Grutas, cuna del cristianismo ruso) y si el metropolitano Vladimir, en esa ocasión, consentiría encontrarse con el pontífice». Ni siquiera se habla de ello, fue la respuesta.

«Le hemos hecho notar que la presencia del Papa en este lugar sagrado de la ortodoxia habría desencadenado reacciones incontrolables por parte de nuestros fieles y por tanto se debía excluir decididamente», añade.

Cuando se le responde que no es signo de cortesía cerrar la puerta a quien llama, el joven obispo Mitrofan se enfada: «¿El obispo de Roma ha decidido venir a Ucrania sin pedir nuestra opinión y usted me habla de cortesía?».

Miles de manifestantes se dieron cita ayer frente al palacio del Parlamento para protestar contra el Papa. «El precursor del Anticristo», decía una pancarta. Junto al negro velo de las monjas y las barbas de los popes, los laicos de las fraternidades ortodoxas avanzaron en procesión con estandartes e iconos.

«No son manifestaciones organizadas por la jerarquía, es la indignación espontánea de nuestro pueblo», dice el obispo Mitrofan. «¡Estamos con los rusos y con los bielorrusos y no con el Papa polaco!», proclamaban los manifestantes.

Al nuncio no le ha impresionado demasiado esta minoría ruidosa: «El Papa será acogido muy bien porque la mayoría de los ucranios lo estima por su personalidad y autoridad moral», declara.

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ZENIT Staff

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