Mensaje de la Santa Sede a los musulmanes con motivo del Ramadán

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Cardenal Arinze: «Educar en el diálogo, deber de cristianos y musulmanes»

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CIUDAD DEL VATICANO, 16 noviembre 2001 (ZENIT.org).- La Santa Sede ha enviado un mensaje con motivo del Ramadán 2001 a los mil millones de musulmanes, que a partir de este fin de semana están llamados a observar un mes de ayuno y oración que conmemora la revelación divina recibida por el profeta Mahoma.

Durante este período, los creyentes en el Islam se abstienen de comer, beber, fumar y mantener relaciones sexuales desde el amanacer hasta el atardecer.

Ofrecemos a continuación, el mensaje que recibirán líderes religiosos musulmanes al final de este Ramadán, enviado por el cardenal Francis Arinze, presidente del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso.

EDUCAR EN EL DIÁLOGO:
UN DEBER DE LOS CRISTIANOS Y DE LOS MUSULMANTES
MENSAJE CON OCASIÓN
DEL ÎD AL-FITR 1421 HÉGIRA/ 2000 AD

Queridos amigos musulmanes:

1. Quisiera, en primer lugar, ofreceros mis más fervientes felicitaciones con motivo del Îd al-Fitr, con el que concluís el mes del Ramadán.

El Ramadán es, junto con las otras prácticas religiosas que lo acompañan, como la oración y la limosna, un tiempo para revisar la relación con Dios y con los hombres, para volver a El y a los hermanos. El ayuno es uno de los modos de los que disponemos para dar culto a Dios, socorrer a los pobres y reforzar los lazos familiares y de amistad. El ayuno constituye una forma de educación, porque nos muestra nuestra debilidad y nos abre a Dios, predisponiéndonos a estar abiertos los unos hacia los otros.

Vuestro ayuno con los aspectos y las modalidades que lo caracterizan, participa de una práctica común al cristianismo y a otras religiones. Por lo tanto, este mes constituye un tiempo propicio durante el cual nosotros, cristianos y musulmanes, recordamos “los lazos espirituales que nos unen”, según palabras de Juan Pablo II.

2. Las Naciones Unidas han proclamado el 2001 como “Año Internacional del Diálogo entre las Civilizaciones”. Este brindará la ocasión de reflexionar sobre los fundamentos del diálogo, sobre sus consecuencias, sobre los beneficios que de él podrá obtener la humanidad. El diálogo de las religiones, el diálogo de las civilizaciones, el diálogo de las culturas, ¿no son, quizás, encuentros de hombres que edifican una civilización del amor y de la paz? Cada uno de nosotros está llamado a favorecer estos diálogos en sus diferentes aspectos de modo que se puedan apreciar los
valores de las otras culturas y de las otras religiones.

3. Todos aquellos que desarrollan un servicio a favor de los jóvenes, a nivel educativo, son conscientes, con seguridad, de la necesidad de educar en el diálogo. El acompañamiento que se da a lo largo de los caminos de la vida deberá tomar en consideración esa preparación necesaria para vivir en una sociedad de pluralismo étnico, cultural y religioso.

Una educación así entendida nos pide, en primer lugar, que ampliemos nuestra propia visión abriéndola a una perspectiva cada vez más amplia, que nos permita mirar más allá de nuestro país, de nuestra etnia, de nuestra tradición cultural y que considere la humanidad como una familia, en su diversidad y en sus comunes aspiraciones. Es una educación a los valores fundamentales de la dignidad humana, de la paz, de la libertad y de la solidaridad. Inspira el deseo de conocer a los demás, de ser piadosos con ellos, de comprender los sentimientos más profundos que los animan. Educar en el diálogo significa suscitar la esperanza de que es posible resolver las situaciones de conflicto mediante un compromiso a nivel personal y colectivo.

La educación en el diálogo no se refiere solamente a los niños o a los jóvenes, sino también a los adultos. De hecho, el verdadero diálogo es un continuo ejercicio de aprendizaje.

4. En octubre de 1999, una Asamblea Interreligiosa dedicada al tema “A los umbrales del tercer Milenio, la colaboración entre las distintas religiones”, reunió en el Vaticano a un grupo de alrededor de 200 personas, representando a unas veinte tradiciones religiosas. Estaban presentes 36 musulmanes, procedentes de 21 países que tomaron parte activa en los trabajos de la Asamblea y en la redacción de su Mensaje final. El Mensaje afirmaba la importancia de la educación para promover la comprensión, la cooperación y el respeto recíproco; también enumeraba las condiciones y los medios de tal educación: el apoyo a la familia; la ayuda que hay que dar a los jóvenes para formar sus conciencias; la difusión de una información objetiva sobre las religiones, sobre todo mediante manuales de educación religiosa; la revisión de los libros de texto para la enseñanza de la historia; el respeto a las religiones por parte de los medios de comunicación social para que cada uno pueda reconocerse en la imagen que los medios transmiten.

5. La Relación final de esa misma Asamblea también se refería a la educación, como clave para promover la armonía religiosa mediante el respeto de las distintas tradiciones religiosas. Parece casi superfluo repetir lo que los participantes han afirmado a propósito de la educación. Esta es un proceso que permite no solo promover el conocimiento de las otras religiones, sino también apreciar al otro a través de una auténtica escucha y a una estima verdadera. ¿No es, tal vez, el arte más noble aquel que enseña a respetar y a amar la verdad, la justicia, la paz y la reconciliación?

6. La oración y el ayuno nos predisponen para desarrollar mejor nuestros deberes, entre los que se encuentra la educación al diálogo entre las civilizaciones y las religiones de las jóvenes generaciones. Quiera Dios ayudarnos para que realicemos dicho objetivo del mejor modo posible. En esta circunstancia, quiera El concederos la gracia de una vida serena y próspera y os colme de abundantes bendiciones. Estamos seguros de que Dios escucha la oración que se eleva a El con un corazón sincero: tanto para vosotros como para nosotros, El es el Dios generoso.

Cardenal Francis Arinze
Presidente

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ZENIT Staff

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