El superior de las misiones de la Iglesia católica en Mongolia

El cardenal Crescenzio Sepe ordenó dos sacerdotes y un diácono

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ULAN-BATOR, 10 julio 2002 (ZENIT.org).- El cardenal Crescenzio Sepe, prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, de misión pastoral en Asia, ha realizado una visita de cuatro días a la República de Mongolia.

Llegó procedente de Corea del Sur el sábado pasado, y el domingo, en la capital Ulan-Bator, presidió la celebración de la misa de ordenación de dos sacerdotes y de un diácono.

En la homilía, el purpurado dijo que el acontecimiento «constituye un importante paso adelante en la historia de la Iglesia en Mongolia, una comunidad muy joven, que sólo tiene diez años de edad».

Dirigiéndose a los jóvenes que iba a ordenar, el cardenal Sepe puntualizó que «aunque no sean nativos del país, han hecho de Mongolia su casa y tierra de esperanza».

«No tengáis miedo –añadió– de dejar espacio a Dios en vuestras vidas, de permitirle actuar en vuestras jornadas, de fiaros de su Palabra incluso cuando no podéis constatar resultados inmediatos y visibles».

«La gente podrá burlarse de vosotros por esto, pero es exactamente esto lo que la humanidad debe redescubrir –reconoció–: dejar obrar a Dios (Él lo hace de todos modos), lo que conduce a confiarle todo. Si estáis dispuestos a todo esto… yo me siento feliz de ordenaros al sacerdocio y al diaconado».

Precisamente durante la visita pastoral del cardenal Sepe en Mongolia, el Santo Padre elevaba este martes ese territorio de misión al grado de prefectura apostólica, sentando las bases para la organización de la estructura eclesiástica.

El superior de la Iglesia en Mongolia seguirá siendo el padre filipino Wenceslaw Padilla, religioso de la Congregación del Corazón Inmaculado de María (misionero de Scheut), familia religiosa a quien se encomienda la prefectura.

En su viaje a Corea del Sur, el cardenal Sepe ha constatado el continuo crecimiento, también numérico, de la Iglesia local, con un papel cada vez más activo de los laicos comprometidos. Entre los principales problemas, subrayó el fenómeno de los matrimonios mixtos y la expansión de las sectas.

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ZENIT Staff

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