El canto gregoriano de los benedictinos regresa a Lituania

La abadía de Solesmes funda un monasterio en antiguas tierras soviéticas

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VILNIUS, 17 julio 2002 (ZENIT.org).- Lituania podrá volver a escuchar el Canto Gregoriano de los benedictinos, expulsados por las pasadas persecuciones religiosas.

Por iniciativa de los monjes del monasterio francés de Solesmes, considerado como la cumbre mundial del Canto Gregoriano, el primer grupo de benedictinos regresó al país en 1998.

Eligió un pintoresco paraje alejado del mundanal ruido, donde en el año 2000 se comenzó la construcción del nuevo monasterio.

La inauguración oficial tuvo lugar el 7 de junio pasado, con la consagración de la iglesia de San Benito del flamante monasterio benedictino de Palendriai, pequeña y aislada localidad en el distrito de Kelme, en el noroeste de Lituania.

Presidieron el solemne acto litúrgico el obispo de Siauliai, monseñor Eugenius Bartulis y el abad Dom Philippe Dupont, presidente de la congregación benedictina de Solesmes, fundadora de esa nueva comunidad en Lituania.

La celebración comenzó con una miltitudinaria procesión hacia las puertas del templo mientras se contaba el coral latino «Beata urbs Jerusalem».

Allí el señor Stanislaus Valius, presidente de la empresa constructora del nuevo monasterio, entregó al abad Dom Philippe Dupont las llaves del templo. A continuación comenzó la ceremonia litúrgica de su consagración, en el marco de una misa presidida por el nuncio apostólico, monseñor Peter Stephen Zurbriggen.

Concelebraron monseñor Bartulis, otros cinco obispos de Lituania, el ya nombrado abad presidente de Solesmes, el prior del nuevo monasterio, padre Hervé de Broc, y otros abades benedictinos de Francia y España.

Tras la liturgia de la Palabra y la homilía de monseñor Bartulis, se llevó a cabo la liturgia de la consagración del templo con la colocación de las reliquias de santos mártires en la mesa del altar, su posterior unción con el Santo Crisma, la unción con el santo óleo de las 12 cruces que marcan las paredes de una iglesia consagrada, la incensación del altar y de las nombradas cruces, y la lectura de una carta congratulatoria de Juan Pablo II, firmada por el cardenal Angelo Sodano.

Los 10 monjes de la nueva comunidad benedictina ejecutaron con la unción y el misticismo propios del canto gregoriano las partes cantables de la misa.

Después de la celebración eucarística los fieles asistentes fueron invitados a visitar el recinto del monasterio, cuya iglesia estará abierta al público en general, que podrá asistir a misa y a la recitación de las horas litúrgicas. En un edificio aparte funciona una hospedería, como es tradicional en los monasterios benedictinos, donde podrán residir por un tiempo los fieles deseosos de un período de retiro espiritual.

El primer monasterio benedictino fue erigido en Lituania por el gran-duque Vytautas el Grande, a comienzos del siglo XV, en su antigua capital de Trakai. Las vicisitudes de la azarosa historia de Lituania, principalmente por casi dos siglos de persecución de la Iglesia Católica por parte de los zares de Rusia, primero, y después por el régimen soviético, arrasaron con las numerosas órdenes religiosas de Lituania, que sólo ahora pueden regresar a sus antiguos campos de apostolado.

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ZENIT Staff

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