Cristo llora por la guerra y el terrorismo; asegura Juan Pablo II

Especialmente en Tierra Santa y en los conflictos olvidados

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CIUDAD DEL VATICANO, 22 diciembre 2002 (ZENIT.org).- Cristo llora a causa del terrorismo y las guerras que ensangrientan el mundo, particularmente en Tierra Santa y en los «conflictos olvidados», constata Juan Pablo II.

El pontífice ofreció este sábado una visión de la actualidad internacional, vista con los ojos de Jesús, al encontrarse con los cardenales, obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos que trabajan en la Curia romana.

«¿Cómo olvidar, ante todo, que el rostro de Cristo sigue teniendo rasgos de dolor, de auténtica pasión, a causa de los conflictos que ensangrientan tantas regiones del mundo y a causa de aquellos que amenazan con explotar con virulencia renovada?», se preguntó el pontífice durante este tradicional encuentro.

«Sigue siendo emblemática la situación de Tierra Santa –reconoció–, ahora bien otras guerras «olvidadas» no son menos devastadoras. El terrorismo, además, sigue cosechando víctimas y excavando ulteriores fosas».

«Ante este horizonte regado de sangre, la Iglesia no deja de hacer escuchar su voz y, sobre todo, sigue elevando su oración», aseguró el Santo Padre, quien recordó el mensaje lanzado junto a él por los representantes de las religiones el pasado 24 de enero en Asís: «Las religiones están al servicio de la paz».

Recordando después la primera visita que realizó el 14 de noviembre pasado al Parlamento de la República Italiana, el Papa subrayó que «el gran desafío de un Estado democrático es la capacidad de basar su ordenamiento en el reconocimiento de los derechos inalienables del hombre y en la cooperación solidaria y generosa de todos en la edificación del bien común».

Y se hizo eco del Radiomensaje que lanzó Pío XII en la Navidad de hace 60 años (24 dediciembre de 1942, en el que al referirse «al cúmulo de dolores y tormentos» provocados por la segunda guerra mundial, delineaba con claridad los principios universales e irrenunciables, según los cuales, una vez superada la «espantosa catástrofe» de la guerra, se podría construir «el nuevo orden nacional e internacional invocado con apremiante anhelo por todos los pueblos».

«Los años transcurridos desde entonces no han hecho más que confirmar la sabiduría de grandes horizontes contenida en aquellas enseñanzas –afirmó Juan Pablo II–. ¿Cómo no desear que los corazones se abran, sobre todo los corazones de los jóvenes, a acoger esos valores para construir un futuro de paz auténtica y duradera?».

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ZENIT Staff

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