La Sagrada Familia de Gaudí no se puede comprender sin su espiritualidad

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Habla Bonet i Armengol, arquitecto jefe de las obras del templo

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MURCIA, 22 diciembre 2002 (ZENIT.org).- Jordi Bonet i Armengol, arquitecto jefe de las obras del templo de la Sagrada Familia y presidente de la Real Academia Catalana de las Bellas Artes, ha concedido esta entrevista a Zenit sobre el genial arquitecto catalán con motivo de una conferencia pronunciada en la Universidad Católica San Antonio conmemorando el «Año Gaudí», justo en un momento en que está casi terminada la fase diocesana de su beatificación.

–Para quien conoce de manera general la vida del arquitecto Gaudí, ¿sorprende el dato de su fe cristiana?

–Bonet i Armengol: Gaudí es indudablemente un hombre de fe. Fue probablemente en su familia donde empezó a recibir esta fe, posiblemente por parte de su madre. Su juventud la pasó en los padres escolapios de Reus, una ciudad que entonces (a finales de siglo XIX) era la segunda ciudad en importancia de Cataluña, intelectual y liberal, en el momento en que llegaba la industrialización, y con ella un cierto anticlericalismo. Hay datos curiosos: una revuelta popular destruye el Monasterio de Poblet, y un grupo de intelectuales jóvenes, entre quien está Gaudí, se empeña en su reconstrucción. Las bases cristianas de Gaudí se mantuvieron en el tiempo, incluso durante su juventud, durante una etapa de dudas, en que se acercó a ciertos movimientos cooperativistas de signo radical. Se ha dicho de él que era anticlerical; yo no lo creo, y tampoco mi padre, que llegó a conocerle. Sí era anticlerical el ambiente que le rodeaba, por supuesto.

Hubo en su vida ciertas personas que le acercaron de nuevo a su fe, entre ellos san Enrique de Ossó, que le encarga construir las Teresianas, o el obispo Grau, que le encarga el palacio episcopal de Astorga, y con quien en aquel periodo Gaudí tenía grandes conversaciones. Esto hizo que su vida interior fuese progresando.

Gaudí era, eso sí, crítico con la explotación laboral del obrero por parte del liberalismo, pero nunca le interesó ni tuvo contacto real con el marxismo o el anarquismo, contra lo que creen muchos.

–¿Era Gaudí una excepción en el ambiente de su tiempo?

–Bonet i Armengol: Hay en Cataluña una intelectualidad progresista católica, cosa que no existió en el resto de España: el poeta Maragall, el filósofo Balmes, o el obispo Torras i Bages, que crea el Cercle Artístic de Sant Lluc, del que era socio Gaudí, ligado al movimiento nacido a raíz del Congreso Litúrgico de Montserrat de 1915. Por cierto que Gaudí asiste por aquellas fechas incluso a un curso de gregoriano, a pesar de no ser músico.

Otra cosa curiosa, cuando le encargan a Gaudí la construcción de la Sagrada Familia (ya anteriormente Gaudí había escrito que el mayor encargo que se le podía hacer a un arquitecto era un templo), empezó un tiempo de ayuno; precisamente porque él veía que era muy importante para su fe la construcción de aquel templo. Otro dato que el propio arquitecto da sobre su profunda vida espiritual es que consideraba la castidad como el don más importante que había recibido.
Hay un hecho que habla de su influencia espiritual: en un momento determinado, gracias al mecenazgo de Güell, expone su obra en París, aunque él ni siquiera va, porque cree que no va a ser comprendido, y en Estados Unidos. Un arquitecto japonés que conoce su obra en Estados Unidos, acude a Barcelona para conocerle, tras haber visitado a los mejores arquitectos europeos del momento, ya racionalistas; pero cuando llega a Barcelona, resulta que Gaudí había muerto poco antes. Este arquitecto japonés queda tan impresionado por su obra y su persona que, vuelto a Japón, construye la iglesia de los mártires de Nagasaki, de estilo totalmente gaudinista, y además se convierte al catolicismo.

Hay un mensaje en la arquitectura y en la forma de vida austera, pobre y religiosa de Gaudí que impresiona a quienes le conocieron. Cuando falleció, incluso los periódicos más anticlericales dijeron: «ha muerto un santo».

-¿Cómo traduce Gaudí esa espiritualidad en un arte nuevo tan alejado del arte cristiano tradicional?

–Bonet i Armengol: Él, como observador de la naturaleza, observa que hay en ésta una serie de elementos constructivos que no se han utilizado nunca. Por tanto, su arte es una búsqueda de síntesis entre estructura y forma, con ayuda de la geometría, pero no la euclidiana utilizada hasta entonces: esas nuevas formas (paraboloides, helicoides, conoides…) son capaces de cubrir grandes espacios como el de la Sagrada Familia, que es un templo tan grande que el propio Gaudí, previendo que no iba a verlo terminado, propone edificar una fachada entera para que su generación «vea algo terminado».

Él era modernista, pero superando esta corriente, hasta el punto que esas nuevas formas que inaugura serán luego utilizadas por Niemeyer o Le Corbusier. Para él, la forma fundamental en la que se basa es en un lugar geométrico delimitado por dos rectas infinitas y una tercera infinita e invisible que se desliza entre ellas y las relaciona. En esta figura él ve una cierta imagen de la Santísima Trinidad, donde esa tercera recta infinita sería el Espíritu Santo.

En la Sagrada Familia todo es una catequesis: el Nacimiento a Levante, la fachada de la Pasión, la fachada de la Gloria en la que habrá ocho columnas que son las bienaventuranzas, y siete puertas que son los sacramentos, a través de los cuales se entra en la Iglesia; y también estarán representadas las siete obras de la misericordia espirituales y las siete corporales, y las siete peticiones del Padrenuestro, etc.

–¿A qué punto está el proceso de beatificación de Gaudí?

–Bonet i Armengol: Está muy adelantado, está próxima la presentación a Roma. Yo mismo he participado en la causa diocesana como testigo, ya que mi padre le conoció personalmente y tengo recuerdos de lo que él me ha contado.

–¿Quién terminará la Sagrada Familia, si es que se termina algún día?

–Bonet i Armengol: Yo seguro que no seré el que la termine. Respecto a si se terminará o no, Gaudí respondía: «la terminará san José», en referencia a que fue la asociación de Devotos de san José quien le encargó la obra. Cuando le preguntaban a Gaudí cuándo se iba a terminar la obra, él contestaba: «Mi cliente no tiene prisa».

Es normal que la gente lo pregunte. Hay que tener en cuenta que la construcción del templo se hace gracias a donativos, que llegan de todo el mundo, creyentes y no creyentes. Una cosa que también él decía es: «Vendrá gente de todo el mundo a ver lo que estamos haciendo», y efectivamente es así: están llegando a ver el templo por dentro cerca de dos millones de personas al año, y casi cinco millones lo visitan desde fuera.

Otra cosa que hay que tener en cuenta es que en 1936 fue quemado el estudio de Gaudí, y desaparecieron todos sus planos y sus notas, todo excepto las maquetas de yeso, material que no arde, que fueron hechas mil pedazos. Su reconstrucción ha sido posible porque eran maquetas detalladísimas. Todo eso ha llevado muchísimo tiempo.

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ZENIT Staff

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