«Rezad por todo el mundo árabe, no solo por los cristianos de Marruecos», sugirió este en el Pontificio Instituto de Estudios Árabes e Islámicos (PISAI) de Roma, en el marco de una mesa redonda con los obispos del Norte de África que se encuentran de visita quinquenal «ad Limina Apostolorum».

Ante el fenómeno de la inmigración de ciudadanos marroquíes en Europa, el obispo exhortó al viejo continente a asumir su responsabilidad para evitar «que el estrecho de Gibraltar se convierte en un cementerio».

«La inmigración que proviene de la zona subsahariana, se queda en Marruecos muy a menudo sin la posibilidad de realizar el sueño de cruzar el estrecho y llegar a España, a Europa», relató Landel.

Precisamente el futuro de la Iglesia católica en Marruecos depende de los jóvenes subsaharianos, --estudiantes que se desplazan a Marruecos para asistir a la universidad--.

El obispo lanzó un llamamiento a las congregaciones religiosas y a los misioneros para que vayan a su país y «no tengan miedo», explicando que «en Marruecos se vive con toda libertad la fe y que la Iglesia católica está reconocida desde hace veinte años a través de una carta formal y cordial entre el rey de Marruecos y el Papa».

Marruecos cuenta con 30.000 cristianos, todos ellos extranjeros, en una población de 30 millones de habitantes. Hay una presencia «apasionante» de religiosos y religiosas, explica el obispo Landel, que «representan la universalidad de la Iglesia que se construye entorno a Jesucristo y a Marruecos».

Es el único país del norte de África que posee cuatro monasterios contemplativos, uno de ellos, en Casablanca, formado exclusivamente por monjas mexicanas.