La incorporación de la mujer al trabajo, «signo de los tiempos»

Habla María Luisa Fernández de Soto Blass

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MADRID, 7 marzo 2003 (ZENIT.org).- ¿Puede una mujer armonizar su vida personal y familiar con los ritmos frenéticos del mundo profesional?

A esta pregunta responde la doctora en Derecho María Luisa Fernández de Soto Blass, coordinadora de las jornadas sobre Conciliación de la Vida Familiar y Laboral con motivo del Día Internacional de la Mujer, que se celebraron el Miércoles 5 de Marzo de 2003 en la Asociación Católica de Propagandistas en Madrid.

–Uno de los fenómenos característicos del siglo XX ha sido el feminismo, y con él la irrupción de la mujer de manera generalizada en la vida pública. Sin embargo, la situación que se está viviendo actualmente tiene matices distintos: hoy los salarios bajos y la tendencia a la baja de la población activa de alguna manera fuerzan a la mujer a incorporarse al mundo laboral. Lo que antes era reivindicación, ¿se está convirtiendo en una necesidad?

–María Luisa Fernández: Actualmente con la flexibilización del mercado laboral la incorporación de la mujer al trabajo es una necesidad para la familia. En muchos casos el marido está en situación de desempleo y la mujer se ve obligada a trabajar. El incremento del precio de la vivienda convierte en imposible su compra con un sólo sueldo. En épocas anteriores el trabajo era para toda la vida. Por lo que nos encontramos ante una situación de inestabilidad laboral para el marido. El acceso de la mujer a la educación ha propiciado su incorporación laboral.

–¿Cree usted que la incorporación de la mujer al trabajo ha supuesto un bien a la familia en términos generales?

–María Luisa Fernández: La incorporación de la mujer al trabajo supone un derecho y una opción familiar. Se trata de una decisión del marido y de la mujer por el bien familiar. Es tan digno trabajar fuera de casa como dentro de casa. Los miembros de la unidad familiar deben anteponer la familia al trabajo. Se debe intentar reducir esas excesivas e interminables jornadas laborales. Pero también la incorporación de la mujer al mundo laboral supone un enriquecimiento a las relaciones matrimoniales, en la medida que existe una mayor compenetración y comprensión entre los esposos y de la madre con los hijos en su educación que es más actual y activa..

–¿Cree que los gobiernos, las empresas, etc. están preparados para este fenómeno nuevo? ¿Qué modificaciones de jornada laboral, etc. deberían acometerse en España?

–María Luisa Fernández: La Constitución Española de 1978, Carta Magna, recoge en su art. 14 el derecho a la igualdad ante la ley y el principio de no discriminación por razón de raza, religión y sexo. El artículo 39 del mismo texto establece que los poderes públicos deben asegurar la protección jurídica, social y económica de la familia. En la legislación española se ha avanzado de forma importante con: a) La Ley 39/1999, para promover la conciliación de la vida familiar y laboral de las personas trabajadoras, b) Plan Integral de Apoyo a la Familia 2001-2004, c) el Real Decreto 1951/2001 de prestaciones económicas del sistema de la Seguridad Social por maternidad y riesgo durante el embarazo, y lo que es más novedoso, c) la Ley 46/2002 de 18 de diciembre de promueve la Reforma Parcial del IRPF, y el Real Decreto 27/2003 de 1 de enero, de reforma del Reglamento de IRPF. Con las dos últimas normas se aportan nuevas deducciones por descendientes (1.400 € por el primer hijo, 1.500 € por el segundo hijo, 2.200 € por el tercero, 2.300 € por el cuarto y siguientes. Se añade una reducción de 1.200 € por cuidado de hijos menores de tres años. Además se introducido la deducción por maternidad de 1.200 € por ese cuidado de hijos menores de tres años que puede solicitarse de forma anticipada, son los famosos 100 € mensuales.

Esto haría referencia a la normativa pero en la práctica debería existir un mayor control por la justicia para cumplimiento de la ley. Se deberían incrementar las ayudas y ampliar su campo de actuación a mujeres que no trabajan. En muchas ocasiones una mujer decide no trabajar para mejorar la situación de la familia. Sería necesario ampliar el permiso de maternidad o paternidad a un año retribuido. Se debería parcelar las ayudas por edades ampliándolas hasta los 18 años. Es necesario promover una campaña de concienciación de la población, especialmente del empresario. La educación es el motor del mundo.

–¿En su opinión es posible trabajar y tener la familia bien atendida con el ritmo de vida actual? ¿Es necesario renunciar a ciertos trabajos en bien de la familia (viajes, etc.)?

–María Luisa Fernández: Es posible tener bien atendida la familia con el ritmo actual porque es una cuestión de buena organización familiar, de colaboración en las tareas domésticas. Abogaría por una reducción de jornada laboral retribuida como jornada completa. En la mayoría de los países occidentales, en Europa y EEUU, al contrario que en España se trabaja hasta las 5 ó las 6 de la tarde. Superar ese momento proyecta una imagen de una persona desorganizada, que no sabe realizar su trabajo en el tiempo debido. En España se premia y potencia la realización del mayor número de horas laborales aunque no sean productivas. Una buena solución es la introducción del trabajo por teleproceso, el trabajar con un ordenador desde casa, que ya se practica en EEUU y en otros países europeos.

En muchos casos el sueldo de la mujer es destinado ala contratación de una persona
que se ocupe del cuidado de los hijos. Es un salario más bajo que el del hombre. La Organización Internacional del Trabajo establece que el sueldo de la mujer supone 2/3 del salario de un hombre con igual puesto de trabajo. La familia debería plantearse la posibilidad de renunciar a ciertos trabajos en bien de la familia siempre que sea posible.

–La incorporación de la mujer al trabajo ha coincidido, según muchos provocado, un alarmante descenso de la natalidad. ¿Cree que es incompatible el binomio trabajo-hijos, o más bien es cuestión de dificultades externas?

–María Luisa Fernández: Ha habido una sobrevaloración de los bienes materiales sobre los inmateriales. Existe una pérdida de valores, un excesivo consumismo y supervaloración de la posición laboral que ha provocado una baja natalidad. Se ha antepuesto la compra de un mejor coche, de una segunda vivienda a la posibilidad de nuevos hijos. La situación de desempleo empeora esta situación. Pero en épocas anteriores se disponía de una peor vivienda y salario y se tenían muchos hijos. Se debe tener fe en la providencia pues los hijos vienen con una pan debajo del brazo. Además uno de los fines del matrimonio cristiano es la procreación.

–De las pocas reflexiones específicas sobre el tema en general a nivel eclesial, decía Pío XII en sus discursos a los recién casados (años 50) que en los casos en que la mujer debe trabajar fuera de casa, procure ella, su marido y los propios hijos hacer de manera que aunque ausente, su presencia siga viva y fuerte. Juan Pablo II saluda en la «Mulieris Dignitatem» la incorporación de la mujer a la vida pública como un «signo de los tiempos», y pide que la mujer no se vea obligada a trabajar fuera de casa. ¿Cree que es necesaria una reflexión más profunda, sin embargo, que ayude a las madres cristianas a discernir sobre este tema?

–María Luisa Fernández: Añadiría un cita de la Encíclica, «Laborem Exercens» de Juan Pablo II, que establece que el trabajo «es el fundamento sobre el que se forma la vida familiar, la cual es un derecho natural y una vocación del hombre, ya que ésta exige los medios de subsistencia que el hombre adquiere mediante el trabajo. Trabajo y laboriosidad condicionan a su vez todo el proceso de educación dentro de la familia». En una reflexión más profunda sobre el tema siempre es bien recibida la do
ctrina social de la Iglesia.

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ZENIT Staff

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