Obispos chilenos: Para construir el futuro, hay que atajar la corrupción

SANTIAGO, 27 marzo 2003 (ZENIT.org).- Ante la alarma que vive el pueblo chileno –que se cuestiona la transparencia de importantes sectores de la actividad nacional–, el episcopado ha pedido que se evite la impunidad y la extensión de hábitos abusivos y corruptos en todo el aparato público o privado.

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Un documento difundido el viernes pasado por el Comité Permanente de la Conferencia Episcopal de Chile constató que los hechos ocurridos últimamente –tanto en entidades estatales como privadas– «erosionan la confianza pública, que es esencial para un desarrollo sustentable y para una sana convivencia».

Después de reconocer los avances del país en el Estado de Derecho, en el respeto a la dignidad humana y en el desarrollo económico, y que sólo se han registrado episodios de corrupción, los obispos advierten que es posible construir un futuro esperanzador para la nación.

Por ello el texto señala la necesidad del acuerdo de todos los sectores para erradicar la corrupción, una «causa nacional».

Los obispos firmantes subrayan igualmente el papel de la Justicia en este contexto y la importancia de que actúe «con independencia, prudencia y rapidez».

Además destacan que este tipo de problemática tiene su origen en cuestiones de tipo ético más que legal.

Presentamos a continuación el texto íntegro del documento.

* * *

Sanear la vida política y económica, y derrotar la corrupción

1. La situación del mundo, en que la humanidad ve con angustia que se marcha a una guerra con consecuencias incalculables en pérdida de vidas humanas y con devastadores efectos económicos y culturales, nos obliga a mirar con esperanza el plan de justicia, de fraternidad y de paz de Dios, Padre de todos los hombres, del cual una guerra es su negación, y a cuidar a nuestra patria para sembrar en ella las verdaderas semillas de la paz.

2. Después de muchos años de sacrificios, hemos llegado a una situación en la que podemos construir un futuro esperanzador. Aunque tenemos por delante muchas tareas pendientes, hemos ido avanzando en la constitución de un país con estado de derecho, con respeto a la dignidad humana, con nuevas posibilidades de relación con otros pueblos, con desarrollo económico y hasta ahora sólo con episodios de corrupción. Eso nos permite encarar las deficiencias que ahora nos preocupan con la esperanza de poder llegar a realizar nuestro sueño de sociedad desarrollada con equidad y en paz.

3. Sin embargo, una serie de hechos acaecidos recientemente tanto en entidades del Estado como en la empresa privada, han encendido una alarma sobre la falta de probidad y transparencia en importantes sectores de la actividad nacional. Hechos como los denunciados erosionan la confianza pública, que es esencial para un desarrollo sustentable y para una sana convivencia. Esta falta de confianza puede llegar a afectar nuestras legítimas esperanzas y aun la gobernabilidad del país. Convencidos que en Chile estamos en condiciones de detener y superar estas dificultades, proponemos algunas reflexiones a todos los chilenos.

4. La tarea de erradicar la corrupción es una causa nacional. Exige el acuerdo de todos los sectores. Se requiere un trabajo común, en el que intervengan los poderes públicos, los empresarios, los partidos, los sindicatos, los gremios, las universidades, la educación, etc.

5. Valoramos el rol de la justicia. Es necesario que actúe con independencia, prudencia y rapidez para aclarar los hechos, tipificar los delitos si ellos existieran, sancionar ejemplarmente a los responsables y limpiar la imagen de aquellos que, siendo inocentes, se han visto envueltos en tales acontecimientos. Es preciso y urgente evitar a toda costa la impunidad y, al mismo tiempo, la extensión de hábitos abusivos y corruptos en todo el aparato público o privado.

6. Se requiere asimismo que todos los acuerdos que se logren entre el sector público y el privado para solucionar crisis coyunturales, pongan especial atención en proteger los derechos e intereses de las personas que, con gran esfuerzo, mediante sus ahorros y aportes previsionales, labran su futuro, como también de las familias que luchan por salir de la pobreza.

7. Dado que algunos de estos hechos parecen ser consecuencia de una legislación inadecuada, se hace indispensable que las autoridades aceleren la modernización del Estado, haciéndolo transparente y eficaz. El sistema moderno de mercado exige adecuada regulación para que las instituciones funcionen eficientemente, pero también un control oportuno y efectivo, sin coartar la correcta iniciativa privada.

8. Una sana y justa acción fiscalizadora no sólo es un derecho sino también un deber para defender el bien común. Los partidos políticos deben afrontar las raíces de los problemas con serenidad y altura de miras, evitando que en este momento difícil se confunda la búsqueda de transparencia y equidad con mezquinos beneficios partidistas. Del mismo modo, resulta indispensable hacer transparente el gasto de la vida política y el de las reparticiones públicas.

9. Cuanto estamos viviendo refleja, más que problemas legales o económicos, un problema ético. Una sociedad no puede mirar con confianza su futuro si centra su atención en el éxito económico, obtenido a cualquier precio. Tampoco puede tener esperanza en su porvenir un país cuyo sistema educacional no transmita vigorosamente los valores sobre los cuales reposa y se construye la convivencia. También las convicciones religiosas que los sustentan. Los necesitamos más que nunca. Los actores sociales públicos y privados deben tener presente el bien común, en especial el bien de los pobres, y conocer las consecuencias que repercuten en la sociedad si se actúa al margen de la ética. Hay delitos graves en los que todos deben pagar por el abuso de unos pocos.

10. Creemos que en Chile se dan hoy las condiciones para un progreso en paz y un desarrollo con equidad, que nos permita superar la pobreza y derrotar la incipiente corrupción para mirar el bicentenario con esperanza. Nadie tiene derecho a interrumpir con acciones irregulares este proceso. Por eso es necesario sanear la vida política y económica del país, y emprender iniciativas que fortalezcan los fundamentos éticos y religiosos de los ciudadanos antes de que el mal se extienda y sea tarde.

El Comité Permanente de la CECH

+Francisco Javier Errázuriz Ossa
Cardenal Arzobispo de Santiago
Presidente

+Manuel Donoso Donoso
Arzobispo de La Serena

+Alejandro Goic Karmelic
Obispo de Osorno

+Ricardo Ezzati Andrello
Obispo Auxiliar de Santiago
Primer Sustituto

+Manuel Camilo Vial Risopatrón
Obispo de Temuco
Secretario General

Santiago, 19 de Marzo de 2003

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ZENIT Staff

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