Sacerdote colombiano asesinado al defender a su hermano

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MEDELLÍN, 27 marzo 2003 (ZENIT.org).- El 22 de marzo fue asesinado en la Casa Cural de la Parroquia Santuario de la Medalla Milagrosa de Armenia (Colombia) el padre Nelson Gómez Bejarano, párroco de esa iglesia, en un presunto intento de robo.

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El diario El Tiempo informó que el crimen ocurrió a las 7:30 de la mañana cuando dos jóvenes tocaron la puerta de la iglesia y aseguraron que necesitaban que les oficiaran una misa.

El ayudante de la iglesia les dijo que volvieran más tarde, pero los desconocidos lo empujaron, entraron a la fuerza al centro sagrado y lo encerraron a él y al sacerdote en un baño. El motivo de su irrupción parece ser el del robo del dinero que la parroquia debía entregar a los trabajadores que se dedican a su restauración.

Los vecinos avisaron de inmediato a Griselio Gómez, hermano del sacerdote, quien entró a la casa cural y se encontró de frente con los asaltantes. Uno de ellos lo amenazó con un arma de fuego.

En ese momento, el sacerdote salió del baño, a defender a su hermano y recibió un impacto de bala en el pecho, que le causó la muerte cuando era trasladado a la clínica del Seguro Social.

El padre Gómez Bejarano era conocido por su entrega evangelizadora, especialmente a los más necesitados, según recordaba El Tiempo.

El padre Eduardo Mejía recuerda que fue de una de las personas que más trabajaron durante la reconstrucción de la ciudad tras el terremoto de 1999.

Con él son dos los sacerdotes atacados en el Quindío en menos de seis meses. El primero fue el sacerdote Gabriel Arias, asesinado mientras servía de intermediario para la liberación del dirigente quindiano Ancízar López, quien se
encuentra secuestrado desde hace un año.

«El presbiterio diocesano de Armenia, con su obispo, Monseñor Roberto López Londoño, elevan al Señor de la Vida una plegaria ante los acontecimientos ocurridos y ruegan a la Comunidad Quindiana y a todos los colombianos, que se vivan estos hechos en actitud de misericordia y oración, para que sea la sangre de los inocentes la que clame al mismo Dios por la consecución de la Justicia y de la Paz», explica en un comunciado el padre Juan Carlos Rodas Urrea, delegado diocesano de comunicaciones.

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ZENIT Staff

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