«Jamás se debe admitir que la guerra divida las religiones», advierte el Papa

En su discurso a los obispos de Indonesia

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CIUDAD DEL VATICANO, 30 marzo 2003 (ZENIT.org).- En un momento de gran tensión para toda la comunidad internacional, Juan Pablo II recalcó el sábado pasado la importancia de no admitir que un conflicto bélico provoque una fractura entre las religiones, pues una catástrofe humana se convertiría también en una catástrofe religiosa.

Fue el llamamiento que el Santo Padre hizo en su discurso ante los obispos de la Conferencia Episcopal de Indonesia, presentes en el Vaticano en visita «ad Limina Apostolorum».

«Jamás se debe admitir que la guerra divida las religiones», dijo el Papa en su encuentro con monseñor Justinus Harjosusanto, M.S.F., obispo de Tanjung Selor, monseñor Aloysius M. Sutrisnaatmaka, M.S.F., obispo de Palangkaraya y monseñor Aloysius Murwito, O.F.M., obispo de Agats.

Juan Pablo II invitó a los obispos indonesios a aprovechar este tiempo de graves alteraciones como «una ocasión para trabajar fraternamente, junto a todo el pueblo, con los fieles de las otras religiones y con todos los hombres y mujeres de buena voluntad para asegurar la comprensión, la cooperación y la solidaridad».

«No podemos permitir que una tragedia humana se convierta también en una catástrofe religiosa», exhortó el Papa a los obispos de Indonesia, un país de mayoría musulmana.

En el territorio, según describió Juan Pablo II, «la comunidad cristiana ha sufrido discriminaciones y prejuicios y ha sido víctima de actos de destrucción y vandalismo». También recordó que Bali fue el escenario del terrible atentado terrorista que provocó numerosas víctimas.

En este contexto el Santo Padre advirtió: «No se debe caer en la tentación de generalizar las acciones de una minoría extremista. La auténtica religión no apoya el terrorismo y la violencia, sino que busca promover de toda forma posible la unidad y la paz de la familia humana».

El Papa subrayó el papel de los obispos indonesios en la «promoción de la paz y de la armonía en un país compuesto de tantos grupos diferentes».

«De hecho –constató–, vuestra Conferencia intenta reflejar el lema “Bihneka Tungal Ika” (“Unidad en la diversidad”)» que llevan las insignias nacionales de Indonesia, donde existen aproximadamente 300 etnias.

Observando las diferencias étnicas y culturales de los propios obispos indonesios, el Papa indicó a los prelados que, en la atmósfera de fe, diálogo y confianza recíproca, «ellos mismos pueden ofrecer un modelo de esperanza para todo el país».

«La libertad religiosa, que siempre ha sido una característica tradicional de la sociedad indonesia, está garantizada por la Constitución de la nación. La Iglesia debe velar siempre para asegurar que tal principio se respete», concluyó el Santo Padre.

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ZENIT Staff

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