El arzobispado de Buenos Aires lamenta que homosexuales atacaran la Catedral

Han atentado contra el sentimiento religioso de la mayoría, constata

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BUENOS AIRES, 5 noviembre 2003 (ZENIT.orgAica).- El arzobispado de Buenos Aires ha manifestado su pesar y su perplejidad por el ataque de que fue objeto el sábado pasado la Catedral Metropolitana en el curso de una concentración de travestidos, transexuales, gays y lesbianas en la Plaza de Mayo.

En la «Marcha por el orgullo gay-lésbico-homosexual», convocada por «el respeto de sus derechos y elección sexual», los participantes se lanzaron contra la Catedral con gritos e insultos contra la Iglesia y el clero, y pintaron la columnata y el frente del templo con inscripciones obscenas y agresivas.

Llamó la atención la presencia de organizaciones que dicen inspirarse en derechos humanos, que, al menor descuido de la custodia policial, avanzaron violentamente hacia el templo para pintar agravios e insultar a los sacerdotes presentes allí.

«En una sociedad pluralista, cuando grupos minoritarios se expresan, sería lógico que lo hagan respetando el sentir religioso de la mayoría», afirma el arzobispado de Buenos Aires en un comunicado difundido el lunes pasado tras la marcha organizada por la «CHA» y la «ATTA», representantes de la comunidad lésbica, gay y travesti.

«Si la mayoría de los habitantes de este suelo es católica, las leyendas agraviantes pintadas en el exterior de la Catedral atentan contra la sensibilidad religiosa del pueblo argentino», constatan.

«Lamentamos profundamente la falta de respeto hacia un templo que, además de ser lugar de culto y pertenecer a los católicos, ha sido un testigo privilegiado de la historia de los argentinos, es Monumento Histórico Nacional y custodia los restos del padre de la Patria», dice el texto.

En efecto, la «actitud de violencia» registrada «va en desmedro de un edificio público, religioso e histórico que deberá ser nuevamente restaurado».

«Deseamos que se comprenda que, cuando expresamos nuestra doctrina acerca de las conductas sexuales, lo hacemos en el marco de la verdad que creemos, pero nunca fuera de una actitud de respeto y comprensión hacia las personas, sugerida en los documentos pontificios», subrayan.

Por ello, «es de esperar entonces que en un país libre se pueda disentir en las ideas sin agraviar a las personas y a las instituciones que representan».

Por su parte, el secretario de Culto de la Nación, Guillermo Oliveri, también hizo público su rechazo por los sucesos afirmando que «hechos de este tipo no ayudan a proseguir por el camino de la comprensión y la convivencia, al cual nos invita permanentemente el ejercicio de la democracia».

En el comunicado difundido por esa secretaría –dependiente del Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto–, se lee que Oliveri, «al lamentar profundamente las agraviantes leyendas pintadas en el exterior de la Catedral lo hace también en nombre de los ciudadanos, sin distinción de credo».

Y es que con ello «atentaron contra la sensibilidad religiosa de todo el pueblo y de su pasado, por el cual la Catedral Metropolitana no es solamente un templo católico, sino que es patrimonio histórico de los argentinos», advierte.

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ZENIT Staff

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