Cardenal Ruini: El párroco, clave en la dimensión misionera de la parroquia

Abiertos los trabajos de la 52ª Asamblea General de la CEI

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ASÍS, 18 noviembre 2003 (ZENIT.org).- Para el presidente de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI), renovar las parroquias en una pastoral integrada y misionera requiere que el servicio del párroco se ejerza «en su auténtico sentido evangélico».

Así lo subrayó el cardenal Camillo Ruini el pasado lunes al abrir en Asís la 52ª Asamblea General de la CEI que, hasta el próximo 20 de noviembre, se celebra sobre el tema «Iglesia que vive entre las casas de los hombres» con la participación de unos 250 obispos.

«La figura clave de la parroquia, también en orden a su indispensable renovación, sigue siendo la del sacerdote párroco», «principal colaborador del obispo», recordó el purpurado.

«La vía para promover la renovación de nuestras parroquias en la dirección de una pastoral integrada y misionera en la que todos puedan ser activos y corresponsales –precisó— no es la de poner en duda o disminuir» el «papel de presidencia» propio de los párrocos.

Lo que se necesita es «más bien esmerarse para que éste sea ejercido en su auténtico sentido evangélico», que «requiere a los propios párrocos superar las tentaciones de ponerse como protagonistas exclusivos de la vida de la parroquia y considerarla como una realidad cerrada en sí misma y autosuficiente», indicó.

Según el presidente de la CEI, la «lógica del servicio» consiste, para el párroco, en «implicar y hacer crecer» a los demás miembros de la comunidad cristiana, reconociendo «sus espacios de corresponsabilidad».

Igualmente, lleva a «no concebir la parroquia como un fin en sí misma» –apuntó–, sino colocarla «en las dinámicas de la comunión eclesial y de la misión» intentando «hacer madurar en los colaboradores la conciencia de una responsabilidad misionera que se refiere a toda la vida, más allá de los límites de la propia parroquia».

«La experiencia diaria confirma que, para tratar de vivir de esta forma la tarea de presidencia, es decisiva, en los sacerdotes y en nosotros obispos, la conversión del corazón, que es don de Dios y pasa por renunciar a nosotros mismos», reconoció el cardenal Ruini.

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ZENIT Staff

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