La estructura de la Iglesia no es política; recuerda Juan Pablo II

Pastores y fieles tienen distintos papeles que deben vivir en «sinergia»

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CIUDAD DEL VATICANO, lunes, 12 enero 2004 (ZENIT.org).- Juan Pablo II ha recordado que la estructura de la Iglesia no sigue modelos políticos ni la toma de decisiones por mayoría.

Así lo explicó en el discurso que este sábado dirigió al encontrarse con la asamblea plenaria de la Congregación vaticana para el Clero, cuyo prefecto es el cardenal colombiano Darío Castrillón Hoyos, que se ha centrado en la relación entre sacerdotes y laicos y en la atención pastoral de los santuarios.

«Los legítimos pastores, en el ejercicio de su oficio, no deben ser considerados nunca como simples ejecutores de decisiones que se derivan de opiniones surgidas por mayoría en la asamblea eclesial», aclaró el Papa en el encuentro.

«La estructura de la Iglesia no puede ser concebida siguiendo modelos políticos simplemente humanos –subrayó–. Su constitución jerárquica se fundamenta en la voluntad de Cristo y, como tal, forma parte del «depósito de la fe», que debe ser conservado y transmitido integralmente a través de los siglos».

La Iglesia, aclaró el obispo de Roma, es «un pueblo que tiene a Cristo por Cabeza, como condición la dignidad y la libertad de los hijos de Dios, como ley el precepto antiguo y siempre nuevo del amor y por finalidad el reino de Dios».

Explicó que el «sacerdocio común a todos los fieles [propio de todo bautizado, n.d.r] difiere esencialmente del ministerial o jerárquico».

«Ambos, sin embargo, están unidos por una cercana relación y ordenados el uno al otro», constató. «Los pastores tienen la tarea de formar, gobernar y santificar al Pueblo de Dios, mientras que los fieles laicos, junto a ellos, forman parte activa de la misión de la Iglesia, en una sinergia constante de esfuerzos, y en el respeto de las vocaciones y de los carismas específicos».

Esta colaboración, siguió ilustrando, se hace concreta en «los diferentes consejos previstos por el ordenamiento canónico a nivel diocesano y parroquial».

«Se trata de organismos de participación que dan la posibilidad de cooperar para el bien de la Iglesia, teniendo en cuenta el conocimiento y la competencia de cada quien», afirmó.

«Estas estructuras –propuso–, surgidas de las indicaciones del Concilio, tienen necesidad de ser puestas al día en sus modos de acción y en los estatutos, según las normas del Código de Derecho Canónico promulgado en 1983».

El criterio que dejó en esta tarea fue el de «salvaguardar una relación equilibrada entre el papel de los laicos y el que propiamente compete al ordinario diocesano o al párroco».

Por último, pidió a la Congregación para el Clero que siga «con atención la evolución de estos órganos de consulta».

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ZENIT Staff

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