La Conferencia Episcopal de Haití condena los abusos políticos

Y denuncia la violencia a la que se ve sometida la población

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PUERTO PRÍNCIPE, jueves, 22 enero 2004 (ZENIT.org).- La Conferencia Episcopal Haitiana ha difundido un comunicado en el que denuncia la espiral de violencia que afecta a la población civil y en el que condena el comportamiento de los medios de comunicación locales.

El texto, recibido en la Obra de Derecho Pontificio «Ayuda a la Iglesia Necesitada» (AIN) el miércoles, es fruto de la asamblea extraordinaria celebrada por el episcopado del país caribeño con ocasión de la inauguración de la catedral restaurada de Cabo Haitiano y de la toma de posesión del nuevo arzobispo, monseñor Hubert Constant.

Los obispos, que hacen hincapié en su buena voluntad, de la que dieron fe en su propuesta de mediación del 21 de noviembre de crear un «consejo de consenso electoral», manifiestan su profunda preocupación por el peligroso deterioro de la situación.

«Resulta imposible pedir sinceramente la paz y al mismo tiempo tolerar los abusos que padecen las personas y la propiedad privada», advierten.

En estas circunstancias, son conscientes de la dificultad que supone poner en práctica su propuesta tal y como la formularon el 21 de noviembre.

Además, apelan a los partidos para que tomen una decisión valiente y patriótica con el fin de ahorrarle al país una catástrofe irreversible en el segundo centenario de la independencia.

La declaración de los obispos concluye con un llamamiento a la intercesión de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, la Santa Patrona de Haití.

Ya el pasado noviembre, un miembro de la jerarquía católica del país –que pidió permanecer en el anonimato– denunció también ante «AIN» la agitación política y la corrupción que el régimen actual ha provocado en Haití, afirmando el deseo del pueblo de que el presidente Jean-Bertrand Aristide dimita.

Igualmente describió que la violencia forma parte de la vida de la población haitiana –que contempla prácticamente a diario la muerte de inocentes y asaltos a los autobuses–, el 75% de la cual vive por debajo del umbral de una pobreza extrema.

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ZENIT Staff

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