Juan Pablo II: El celibato sacerdotal tiene un «valor inestimable»

Demuestra que Cristo y la misión pueden dar pleno sentido a una vida

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CIUDAD DEL VATICANO, lunes, 26 enero 2004 (ZENIT.org).- Juan Pablo II considera que el celibato sacerdotal tiene un «valor inestimable» por lo que pide ofrecer a los sacerdotes el apoyo que necesitan para que den testimonio de que Cristo y su misión dan pleno sentido a sus vidas.

«En el mundo actual, la cuestión del celibato eclesiástico y de la castidad que de él se deriva sigue siendo, con frecuencia, tanto para jóvenes como para otros fieles, una piedra de tropiezo, objeto de numerosas incomprensiones en la opinión pública», reconoció el pontífice al recibir este sábado a los obispos franceses de las provincias eclesiásticas de Montpellier y Tolosa.

En el encuentro, al concluir su quinquenal visita «ad limina apostolorum», el Santo Padre comenzó reconociendo la fidelidad de tantos sacerdotes, «que de este modo muestran al mundo que Cristo y la misión pueden llenar una existencia».

Sus vidas, añadió, son «un testimonio de lo absoluto de Dios y una participación particularmente fecunda en la construcción de la Iglesia».

De hecho, insistió, «la castidad en el celibato tiene un valor inestimable. Constituye una clave importante para la vida espiritual de los sacerdotes, para su compromiso en la misión y para su adecuada relación pastoral con los fieles, que no debe basarse en aspectos afectivos, sino en la responsabilidad de su ministerio».

Por estos motivos, el pontífice invitó a los sacerdotes «a ser vigilantes ante las seducciones del mundo y a hacer regularmente un examen de conciencia para vivir de manera cada vez más profunda la fidelidad a su compromiso».

«Toda actitud que va contra esta enseñanza constituye para la comunidad cristiana y para todos los hombres un antitestimonio», subrayó.

A los obispos les pidió acompañar de manera particular a los sacerdotes jóvenes que, como sus contemporáneos, reconoció, «se caracterizan tanto por un extraordinario entusiasmo como por las fragilidades de su época».

«Una ayuda psicológica y espiritual apropiada puede demostrarse también necesaria para no dejar que perduren situaciones que con el pasar del tiempo podrían convertirse en peligrosas», afirmó.

«Al mismo tiempo, en el caso de sacerdotes que tengan un modo de vida que no es conforme a su estado, es necesario invitarles expresamente a la conversión», concluyó.

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ZENIT Staff

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