Las cuestiones éticas que plantean los organismos genéticamente modificados

Según el cardenal Javier Lozano Barragán

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ROMA, viernes, 21 mayo 2004 (ZENIT.org).- Para no generar injusticias o daños al ambiente la introducción de organismos genéticamente modificados (OGM) debe guiarse por la ética cristiana, pide el presidente del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud.

El cardenal Javier Lozano Barragán es favorable al desarrollo de la biotecnología, en particular cuando busca luchar contra el hambre en el mundo, pero al mismo tiempo, ilustra los elementos que tienen que ser tenidos en cuenta ante la introducción de los OGM.

«Los OGM en la agricultura se dirigen a las loables metas de obtener un desarrollo sostenible en las áreas rurales, asegurando una participación justa y adecuada de los intereses tanto de los ricos como de los pobres», reconoció el purpurado en una intervención pública a la que ha tenido acceso Zenit.

«Sin embargo, tenemos que encontrar siempre caminos prácticos para analizar los resultados ya obtenidos», añadió.

Para ello, consideró, «tenemos que alentar la cooperación y la solidaridad entre las instituciones, la integración entre ciencia experimental y tecnologías y desarrollar nuevos códigos de conducta ética que favorezcan especialmente a los más pobres y marginados como pueblos y como individuos».

«En el mundo global en el que nos encontramos», añadió, es necesario analizar las consecuencias que pueden tener los OGM.

En concreto, considera que hay que estudiar «su potencial para intensificar la producción alimentaria, los efectos indeseados que se presentan hoy y en el futuro, los problemas generados en el ambiente, la trasferencia de posibles toxinas y alérgenos, la disminución de la biodiversidad, la desaparición de los pequeños agricultores a causa de las grandes empresas de OGM».

Otra de las cuestiones que el purpurado mexicano considera que es necesario evaluar es la de las «patentes de los productos, el equilibrio entre las tecnologías nuevas y tradicionales, las políticas agrícolas y las políticas comerciales a nivel nacional e internacional, la necesaria intervención de los gobiernos de los Estados en la competencia de los particulares, el intercambio de tecnologías, el aumento de la dependencia agrícola de los países en vías de desarrollo de los países ricos productores de los OGM».

«Recordemos que nos encontramos en un mundo en el que el poder económico se concentra cada vez más a través de las grandes compañías transnacionales que actúan más allá del control de los gobiernos de los Estados y que la tendencia es pasar de los servicios públicos y de la reglamentación a la privatización y a la falta de reglas», subrayó.

En definitiva, concluyó, la acción ética debe orientarse «a combatir y vencer los efectos negativos de la globalización del hambre, de la pobreza, y de la desigualdad entre los pueblos».

El pururado dictó su intervención el 12 de mayo en el Ateneo Pontificio «Regina Apostolorum» de Roma en un congreso sobre las posibilidades que ofrecen las biotecnologías, organizado por el Ministerio de Ecología de Italia.

El Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz está preparando en estos momentos un documento para analizar las repercusiones éticas de la introducción de los OGM.

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ZENIT Staff

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