MURCIA, miércoles, 19 mayo 2004 (ZENIT.org).- El hecho de que el mundo profesional de la comunicación se haya convertido en una de las profesiones con mayor índice de fracaso matrimonial debe hacer reflexionar a los cristianos, constata la directora de la agencia Veritas.

Inmaculada Álvarez, casada y madre de cuatro hijos, comenta en esta entrevista algunas de las cuestiones que plantea Juan Pablo II en el mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales que se celebrará el próximo domingo, 23 de mayo.

Con este motivo, el Santo Padre ha publicado un mensaje que lleva por título «Los medios en la familia: un riesgo y una riqueza».

La directora de la agencia de noticias católica de España se hace eco de un grito de ayuda, que hasta ahora ha pasado desapercibido, lanzado por los profesionales de la comunicación, en particular mujeres.

--¿Hay espacio en el mundo de los medios para la mujer?

--Inmaculada Álvarez: En mi opinión, la presencia de las mujeres en el mundo de los medios es algo que cada vez va a más. De hecho, desde hace ya más de una década, las facultades de periodismo tienen un rostro ya netamente femenino, a pesar de tratarse de una profesión tradicionalmente llevada por hombres, y rodeada de un halo un poco romántico y de aventura, un poco a la Tintín. Y sin embargo, ya no es infrecuente ya ver a mujeres como corresponsales o enviadas especiales en destinos peligrosos, o chicas jóvenes llevando una cámara de televisión, y no digamos en informativos o incluso en periodismo deportivo, que siempre había sido un coto típico masculino.

Por tanto, el sitio para la mujer deberá encontrarse necesariamente. La cuestión es que la concepción de los medios tendrá que cambiar para adaptarse a ella. Ya está evolucionando, y no sólo por la feminización, sino también por la introducción de las nuevas tecnologías, que han cambiado el viejo aspecto de las redacciones, y por la tecnología de las telecomunicaciones, la globalización y la concentración mediática. Estamos en una etapa de profundas transformaciones, en todos los sentidos.

El problema es que el mundo de los medios muchas veces olvida a su principal activo, que son las personas, los profesionales, y muchos se encuentran con presiones de horarios, falta de apoyo ético y precarización laboral por parte de las empresas. En esta situación, es difícil que una mujer (más que el hombre) pueda realizarse y cuidar de una familia, sobre todo en una profesión como ésta, que requiere muchas energías.

Las veces que he hablado del tema con compañeras de profesión, veo mucho desánimo, mucha amargura, porque es injusto que se te obligue a elegir a cambio de nada. Hay muchos periodistas trabajando en condiciones muy difíciles, y además están solos, y si eres mujer, eso te afecta mucho, porque te obliga a competir con desventaja. Porque esta situación no se puede soportar a menos que uno se endurezca, pierda los escrúpulos y se vuelva un poco cínico.

--¿Qué puede ofrecer la mujer al «sistema» actual de producción de los medios de comunicación?

--Inmaculada Álvarez: Dicen algunos psicólogos, y yo veo esto también como directora de un pequeño grupo humano, que ser hombre o mujer influye en el modo de enfocar un mismo trabajo. La mujer tiende a ser más social que el hombre, le gusta más el trabajo en equipo, mientras que el hombre tiende a ser más seguro y decidido que ella a la hora de tomar decisiones difíciles. Y ambas son necesarias y deben darse en una empresa.

Esto obviamente hay que matizarlo, porque en cada persona intervienen otros factores como el carácter y la formación recibida. Pero esta tendencia más fuerte a la socialización por parte de la mujer se da. Y en un mundo cada vez más competitivo e individualista, la forma de ser femenina puede aportar una baza importante, siempre que sea ella misma y no se deje arrastrar.

Por otro lado, y siempre partiendo del principio de que estamos hablando de profesionales cualificados y no de «telebasura», la mujer tiene una mayor tendencia a dar importancia a los sentimientos, a la empatía emocional, y esto es una ventaja en una profesión en la que muchas veces la herramienta de trabajo es el trato humano, especialmente en situaciones delicadas, en las que hay que intentar obtener información sin quebrantar la intimidad de las personas. En estos casos, la mujer suele tener más delicadeza y más intuición que el hombre. Y esto es especialmente necesario en la manera actual de hacer periodismo, en que se tiende a banalizarse la vida privada de las
personas.

--¿Es posible ser madre y profesional en los medios?

--Inmaculada Álvarez: Es muy complicado, más de lo que parece. Cuento una anécdota: muchas veces me ha pasado, después de un largo día de trabajo, llegas a casa, bañas a los niños (tengo 4 niños, entre cinco años y nueve meses), preparas la cena, te sientas a ver la tele buscando un momento de paz con los tuyos, y hete aquí que en el telediario oyes algo y te entran «las prisas», coges el ordenador y el teléfono y te olvidas del mundo. A mí casi todos los días se me quema la comida.

No es casualidad que el periodismo sea una de las profesiones con mayor índice de fracaso matrimonial. No es fácil estar casado con un periodista, y eso hay que comprenderlo.

Creo que es básico intentar comprenderse dentro del matrimonio, y establecer una jerarquía de valores. Para el periodista, hay que tener claro que una profesión que no te permite formar una familia es una mala profesión, en la que uno no puede ser feliz por mucho que ame su trabajo, especialmente si es a costa de los seres queridos. Lo primero es lo primero. El éxito, las oportunidades, todo llegará a su momento si tiene que llegar, pero la familia siempre por delante.

Para el cónyuge de un periodista, es fundamental que comprenda la naturaleza de la profesión del otro: el periodismo es una vocación, una pasión. No es ni será nunca un trabajo de oficina, sino algo que te ocupa las 24 horas del día. Y si el cónyuge no comprende esto, la convivencia puede ser muy difícil. Sin embargo, si intenta comprender, si se involucra, si se interesa por el trabajo del otro, si se hace partícipe del «apasionamiento» del otro, es algo estupendo.

Todo lo demás es superable: a los hijos, lo que más les educa es ver que sus padres se quieren. Los problemas de orden práctico siempre tienen solución, delegando o renunciando o posponiendo lo accesorio y asumiendo lo fundamental.

Cuando eres periodista y además eres mujer, como en mi caso, y tienes familia, por añadidura numerosa, puede ser una locura. Pero yo hoy no me cambiaría por nadie. Haberme casado y haber tenido cuatro hijos me ha hecho mejor persona, y gracias a eso creo que soy mejor profesional de lo que era antes. Porque cuando llegas a casa y cuatro enanitos se pelean por darte un beso, todo lo demás tiene su sitio, pero es relativo, y eso te da clarividencia, también en el trabajo.

--La «mujer objeto» se ha convertido en un estereotipo o recurso comunicativo barato. ¿Cuál es su reacción?

--Inmaculada Álvarez: Es indignante. Máxime teniendo en cuenta que, para la mujer, la vinculación de su dimensión corpórea con la dimensión psíquica y espiritual es mucho mayor que en el hombre. Para mí, esa denigración, ese desprecio que comporta la utilización comercial de la imagen física de la mujer hace más daño que mil tratados «machistas». Mientras la mujer no logre que se la respete en este campo, o también en el aspecto de la maternidad, la batalla porque se reconozca su verdadera dignidad está perdida de antemano, por muchos logros «feministas» que se nos vendan.

Puede visitar la página web de Veritas en http://www.agenciaveritas.com.