JOHANNESBURGO, sábado, 8 mayo 2004 (ZENIT.org).-Publicamos la intervención del padre Stuart C. Bate omi, profesor de teología en Johannesburgo (Sudáfrica), pronunciada en la videoconferencia mundial de teología organizada por la Congregación vaticana para el Clero el 28 de abril de 2004 sobre las vocaciones sacerdotales.

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Dios llama permanentemente a personas para que participen en la realización de su gran plan de salvación para el mundo (Cf. Ef. 1; 1 Cor 15). Una llamada especial es la vocación a la vida sacerdotal y de servicio. Solemos oír la llamada de dios en el ejemplo de aquellos que nos rodean, que nos retan e inspiran para que seamos testigos de sus propias vidas. Esto es verdad sobre todo en relación con la vocación sacerdotal, en la que el ejemplo de un sacerdote santo es la forma en la que muchos jóvenes están llamados a examinar la elección que acometerán el futuro.

Muchos encuentran estos ejemplos en sus propias parroquias, donde el testimonio del párroco es un lugar esencial para la llamad de Dios para que otros acepten la vida sacerdotal y el ministerio. (DMP 32). Este testimonio puede inspirarse en diferentes tipos de dones y talentos sacerdotales. Algunos párrocos descuellan en la preparación y guía de la oración y la celebración digna de los sacramentos. Algunos manifiestan la presencia de Dios en su ministerio especial con los enfermos y moribundos. Otros tienen el talento de la predicación y de llegar al corazón de las personas con la palabra de Dios. Algunos muestran un compromiso especial con los pobres y los que sufren en las parroquias. No hay una receta pero lo que es común a todos es el ejemplo de hombres que han encontrado al Señor, le conocen y que viven su relación con Jesús en el servicio al pueblo que están llamados a dirigir.

Inspirados por este ejemplo, hay jóvenes (y a veces personas mayores) que comienzan a contemplar los valores y la inconmensurable necesidad de la vida sacerdotal. En este marco están más abiertos y preparados para la moción del Espíritu Santo que los puede llamar para ir y ver más sobre esta vida por sus propios medios (Cf. Jn 1:39).

Entender el significado de estas mociones exige discernimiento. Aquí también la parroquia puede desempeñar un papel importante en la ayuda para que se exploren otras posibilidades y estilos de vida. También los puede llevar a un mayor compromiso con la parroquia. El párroco es a menudo el primero que reconoce las semillas de una vocación sacerdotal en un joven. Esto se debe a que él mismo ha tenido que dar forma también a su propio llamado antes de entrar en el seminario. Los sacerdotes, sin embargo, deben ser cuidadosos para no proyectar sus opiniones y deseos. Su papel no es controlar sino confiar en Dios ayudando a esos jóvenes a explorar sus vocaciones, sean cuáles sean. Esto implica que no debe haber ni imposición de la voluntad propia ni una mera pasividad de dar solo un espacio espiritual. Sino más bien, exige un papel activo mediante el acompañamiento y el ánimo a aquellos que sienten que el Señor los está llamando al ministerio sacerdotal.

Esta tarea de guía vocacional no es la tarea de unos pocos especialistas, o de los que se ‘llevan bien con los jóvenes’. Es responsabilidad de cada párroco. Cada uno lo hará a su forma y estilo. Ha de ser verdad que casi todos los sacerdotes han inspirado al menos a una persona a seguir sus pasos. Algunas veces no hayamos conseguido nutrir esa inspiración. Como Pedro podemos decir que hemos pescado poco. Es Jesús quien nos muestra como echar las redes para obtener una gran pesca (Lc 5).

[DMP, Directorio sobre el ministerio y la vida de los sacerdotes. Vaticano; Congregación para el Clero, enero de 1994]