CIUDAD DEL VATICANO, martes, 4 mayo 2004 (ZENIT.org).- Juan Pablo II ha pedido la liberación del sacerdote César Darío Peña García, secuestrado desde mediados de marzo pasado en el departamento de Antioquia, y formuló votos para que Colombia goce de paz.

Así lo ha revelado este martes Joaquín Navarro-Valls, portavoz de la Santa Sede, en un comunicado de prensa en el que explica que la petición forma parte de una carta papal enviada al obispo de la diócesis a la que pertenece el sacerdote.

En la misiva, transmitida por el cardenal Angelo Sodano, secretario de Estado vaticano, a monseñor Jairo Jaramillo Monsalve, obispo de Santa Rosa de Osos (Colombia), el pontífice confirma sus «oraciones y afecto» por el párroco de Raudal, en el municipio de Valdivia (Antioquia).

«El Papa alienta al obispo y a los sacerdotes de la diócesis a seguir con valentía y esperanza en su compromiso de evangelización, y les invita a responder con constancia a las necesidades espirituales y sociales de los fieles que les han sido confiados», revela Navarro-Valls.

«El sumo pontífice desea, además, una rápida solución del doloroso caso y auspicia para la diócesis y para toda la sociedad colombiana la alegría y la paz del Señor resucitado», concluye el comunicado de Navarro-Valls.

El padre César Darío Peña García, párroco de Raudal, en el municipio de Valdivia (Antioquia), fue secuestrado por presuntos guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FRAC) en una zona montañosa, según denunció el arzobispo de Medellín, Alberto Giraldo Jaramillo.

El sacerdote fue retenido cuando se encontraba en misión pastoral en una zona rural de ese territorio.

El pasado día 25 de abril, durante la beatificación en el Vaticano de la primera colombiana, la madre Laura Montoya, ya había hecho un llamamiento a la paz en Colombia.

«Inspirándonos en su mensaje pacificador, le pedimos hoy que la amada Colombia goce pronto de paz, de justicia y de progreso integral», imploró el Santo Padre en la homilía de la beatificación.

Varios sacerdotes católicos en las últimas semanas han denunciado amenazas de muerte por presuntos guerrilleros de las FARC.

En su obra evangelizadora y de negociación la Iglesia católica ha pagado un precio de sangre. En los últimos diez años, al menos 57 representantes católicos, entre obispos, sacerdotes, religiosas, y seminaristas, han sido asesinados en país.

El arzobispo de Cali, Isaías Duarte Cancino, fue asesinado por presuntos rebeldes de las FARC en marzo de 2002. El mismo grupo rebelde secuestró en noviembre de 2002 al obispo de Zipaquirá y entonces presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), monseñor Jorge Enrique Jiménez Carvajal, liberado poco después por el ejército.