La Iglesia en América Latina ha perdido al 10% de sus fieles

Constata el cardenal de São Paulo

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GUADALAJARA, martes, 12 octubre 2004 (ZENIT.orgEl Observador).- La importancia del Congreso Eucarístico Internacional de Gudalajara es decisiva para América Latina por dos motivos: el elevado número de católicos que han abandonado la Iglesia y las injusticias que sufren sus habitantes en el contexto de la globalización.

Esta es la conclusión a la que llegó durante la homilía de la solemne concelebración eucarística de renovación del patronato de Nuestra Señora de Zapopan, este lunes en la explanada del Instituto Cultural Cabañas, el cardenal Claudio Hummes OFM, arzobispo de São Paulo (Brasil).

Por una parte, el purpurado insistió en que en América Latina ha disminuido en un diez por ciento en las últimas décadas el número de fieles católicos, quienes han virado hacia otras religiones históricas o sectas de nuevo cuño.

Por otra parte, reconoció que la globalización financiera está golpeando de forma inmisericorde a los pueblos más pobres del mundo, en especial, de América Latina.

«Va creciendo la exclusión social de cientos de millones de personas y países enteros van siendo excluidos de la participación del nuevo orden económico mundial, porque estos países no tienen capital propio suficiente para atraer nuevas inversiones», denunció el cardenal.

Por este motivo, confió en que el Congreso Eucarístico Internacional sea una plataforma de relanzamiento de la fe en la Eucaristía.

La celebración fue seguida por cerca de quince mil personas, en la explanada que del Instituto que alberga una impresionante exposición de arte sacro de los últimos cuatrocientos años en el Occidente de México.

El Cardenal Hummes mostró su dolor al constatar que, en lugar de iniciar el Tercer Milenio en la paz de Cristo, la humanidad lo ha iniciado en un tenso ambiente de guerra y terrorismo.

Finalmente pidió la intercesión de la Virgen de Zapopan, patrona de la Arquidiócesis de Guadalajara, para que los obispos y el Papa Juan Pablo II, «junto con todo el pueblo de Dios, renueve la fe y seamos instrumentos de amor, especialmente para los más pobres, los pecadores y los que se alejaron de la práctica religiosa».

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ZENIT Staff

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