GUADALAJARA, jueves, 7 octubre 2004 (ZENIT.org-El Observador).- Uno de los testimonios sobre la situación de la fe en la Eucaristía que mayor impresión han causado en el marco del Simposio Teológico Pastoral que prepara el Congreso Eucarístico Internacional, fue, sin duda, el de Asia.

Monseñor Carmelo Dominador Flores Morelos, arzobispo de Zamboanga (Filipinas), presentó un diagnóstico en el que se constata cómo el sacramento de la Eucaristía «llena las lagunas existentes por la situación en Asia, brindando luz en la niebla, dando vida a sombras formidables».

No obstante, el horizonte para el dinamismo eucarístico en Asia parece ser enorme, reconoció el arzobispo. Asía, cuna de las cinco religiones más grandes del mundo, donde vive el 57.5 por ciento de los habitantes del planeta, posee una minoría cristiana que no llega al tres por ciento,

La Iglesia en Asia debe proclamar a Jesucristo en forma de diálogo frente al fundamentalismo y la intolerancia de algunas religiones en el continente, consideró el prelado. Por eso, indicó, este diálogo demanda una profunda espiritualidad y la Eucaristía tiene que ser su alimento.

Asia está creciendo rápidamente en tecnología y exportaciones pero sin incluir a las grandes capas de la población, siguió constatando el arzobispo de Zamboanga. Esta exclusión provoca migración, fuente de problemas tanto para los países que producen emigrantes como para los países receptores.

Pero la migración está llevando la fe a países que ya la habían perdido, constató el cardenal Morelos. Y los cristianos emigrantes han llevado la fe consigo. Por ello, afirmó, «en muchas partes del mundo, nuestros emigrados se han convertido en evangelizadores».

La Iglesia asiática se ha tomado muy en serio la pastoral de los emigrantes, aseguró. Sin embargo, las sociedades asiáticas están dejando su tradición para optar por una sociedad secularizada. La Iglesia católica en Asia, es la Iglesia de los pobres, aseguró. Por ello, «es capaz de identificarse con Jesús, pobre y humilde».

El prelado aseguró que «en la contemplación del rostro de Cristo, en la adoración de la Eucaristía, los cristianos asiáticos son capaces de identificarse con el maestro».

Y en un gesto que hermana en la Eucaristía a ambos continentes, monseñor Morelos manifestó que la Iglesia de Asia se identifica con san Juan Diego, el indígena mexicano testigo de las apariciones de la Virgen de Guadalupe, en la pobreza y la simplicidad de su fe y como él pone en manos de María de Guadalupe la fecundidad del apostolado de las iglesias asiáticas.