Tras el huracán Katrina, el enviado papal exhorta a no abandonar a los Estados Unidos

El arzobispo Cordes alienta el compromiso global en la reconstrucción

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CIUDAD DEL VATICANO, lunes, 19 septiembre 2005 (ZENIT.org).- Tras la tragedia provocada por el huracán Katrina en la costa del Golfo de México, el arzobispo Paul Josef Cordes, enviado al país en nombre del Papa, asegura que «no se debe abandonar» a los Estados Unidos.

El presidente del Consejo Pontificio «Cor Unum» acaba de encontrarse con las poblaciones afectadas por la tragedia para transmitir la cercanía espiritual de Benedicto XVI, y gestos concretos de ayuda de parte del pontífice.

El arzobispo ha viajado durante cuatro días por las áreas flageladas por la furia de la naturaleza, encontrándose con las comunidades católicas locales, y visitando a los damnificados en los lugares en que han encontrado refugio.

«La presencia personal de un enviado del Papa ha encontrado repetidamente palabras de gratitud en el ámbito eclesial y en el ámbito civil», ha afirmado el prelado alemán a los micrófonos de «Radio Vaticano» a su regreso.

«De hecho, parece que el Vaticano ha sido el único estado del mundo que ha encargado a un exponente de gobierno que visite las zonas afectadas», añadió.

Durante su visita, el arzobispo Cordes pudo encontrarse con varias personalidades políticas y con obispos locales.

«Durante todo el tiempo me acompañó el cardenal Theodore E. McCarrick, arzobispo de Washington –explicó–. Estuve también en contacto con los responsables de la red caritativa local. La Cáritas en los Estados Unidos se llama «Catholic Charities». Desde los primeros días de emergencia puso a disposición seis millones de dólares».

La Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos ha lanzado una colecta nacional y, como reconoce el prelado, «mi visita ha despertado nuevas atenciones para recoger otras ayudas materiales».

El presidente del Consejo Pontificio «Cor Unum» pudo constatar personalmente que «el área golpeada es sumamente grande y que a las zonas afectadas están llegando voluntarios de todas las partes de los Estados Unidos. La reconstrucción ciertamente requerirá meses y años».

Si bien es verdad que tras el huracán el arzobispo ha visto «escenarios terribles», explica que también ha sido testigo de «gestos de gran humanidad».

El enviado papal ha confesado su «miedo personal» a que los Estados Unidos «se aíslen y queden aislados también a la hora de afrontar el desastre».

«En este momento dramático, los Estados Unidos no deben ser abandonados», asegura, recordando que no es sólo un deber fundamentado en la «comunión» con los miembros de la Iglesia, sino también la «solidaridad humana».

«La debilidad vivida en los Estados Unidos ante esta catástrofe nos hace sensibles también para destruir toda convicción de autosuficiencia. De este modo, en el mal de este acontecimiento, se da también la esperanza para muchos ciudadanos de ver que el mundo es más grande que los Estados Unidos», afirmó.

El arzobispo recordó también la homilía que pronunció en la catedral de Baton Rouge, el 11 de septiembre, cuatro años después de los atentados terroristas que sobrecogieron al mundo entero, en la que invitó a los católicos «a reflexionar sobre la dimensión religiosa de los acontecimientos, también de los más tristes y catastróficos».

«Traté de explicar a la gran congregación de personas, llegadas en parte de Nueva Orleáns, que la secularización nos engaña, al separar la fe, la profundidad de nuestra fe, de la vida cotidiana. Sin embargo, la fe tiene que iluminar cada momento que vivimos. Dios, de hecho, nos acompaña siempre, también en los momentos más oscuros, aunque no le entendamos».

«El creyente no tiene que dudar nunca de que Dios nos ama –concluyó– y en esta convicción encuentra consuelo».

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ZENIT Staff

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