RIO DE JANEIRO, lunes, 19 diciembre 2005 (ZENIT.org).- A raíz de las noticias aparecidas en los medios de comunicación de Brasil, haciéndose eco de una información difundida por la revista «ISTO É», que señalaba que 1.700 sacerdotes de ese país están implicados en abusos sexuales, el vicario episcopal de la Vicaría Oeste de Río de Janeiro, José Roberto da Silva, ha hecho público un mensaje en el que desenmascara las informaciones erróneas del reportaje.

El prelado aclara que en Brasil son raros los casos de pedofilia y que los obispos están atentos al problema. De hecho, subraya, ha puesto desde hace tiempo los medios para «purificar las filas del clero».

El vicario episcopal da Silva inicia su mensaje indicando que hoy «cuanto más raro o exótico es un hecho, mayor notoriedad merece en la opinión pública y en los medios de comunicación».

«Lo absurdo tiene una fuerza directamente proporcional a su grado de excentricidad», catalizando así «el interés de las personas», añade.

«Justo porque suceden en rarísimas ocasiones --indica el vicario--, los casos de pedofilia entre el clero suscitan tanta atención por parte de la opinión pública. Si fueran cotidianos o en elevado número, no ocasionarían impacto alguno; tal como sucede con la violencia cotidiana en las grandes ciudades de nuestro país».

«Las personas simplemente se habitúan y fabrican esquemas que les proporcionan, al menos aparentemente, un mínimo de seguridad. Análogamente, si fueran tan numerosos los casos de pedofilia, los padres de los adolescentes, que frecuentan las iglesias a millones, habrían tomado las medidas de protección adecuadas, y en las iglesias no quedarían más que las moscas».

«Ciertamente la Iglesia debe afrontar la realidad de que haya sacerdotes que practican ese tipo de violencia, aunque estadísticamente sea un número insignificante», reconoce da Silva.

Cita el vicario brasileño cita un artículo de la revista estadounidense «Crisis Magazine», sobre los notorios escándalos de pedofilia entre el clero de la diócesis de Boston. La prensa, dice el artículo, acusó a más de 80 sacerdotes, mientras que apenas cuatro casos fueron comprobados.

«Está claro que, incluso si fuera un solo caso, sería demasiado --afirma el vicario de Río de Janeiro--. La Iglesia no puede en manera alguna cubrir actitudes tan deplorables. ¡Nada de corporativismo! Los culpables, cuyo delito haya sido probado, deben ser apartados de las filas del clero y deben responder ante la sociedad, a través de la justicia común, por sus reprobables actos».

Pero, afirma el firmante del mensaje, «lo que el caso de Boston no ilustra es que parece haber una predisposición para juzgar sumariamente y condenar al clero más por la apariencia que por la realidad concreta».

«No es aceptable que, a partir de casos aislados de pedofilia, una sociedad generalice el comportamiento del clero; incluso atribuyendo, erróneamente, al celibato sacerdotal una supuesta causa para los comportamientos pervertidos».

«Algunos sectores de la sociedad –añade--, que exaltan el sexo como valor supremo, sospechan que hay un incumplimiento total de la regla del celibato, de manera que tienden a atribuir a los sacerdotes toda suerte de desvíos de naturaleza sexual, incluida la pedofilia».

«Contra la pedofilia, la solución no está en la abolición del celibato --afirma--, pues si esta tesis fuera verdadera, no habría abusos contra niños y adolescentes practicados por hombres, y en algunos casos más raros por mujeres, no célibes».

Cita datos estadísticos que demuestran que la gran mayoría de este tipo de delitos «se da justo en el ambiente familiar, o en aquellos ambientes más cercanos a la víctima. No todos los episodios de esta índole son notificados. Se comprende que la gran constricción por la que pasa el menor, amenazas y otras causas, ocultan un número mucho mayor de estos hechos que los casos estimados».

«Es obvio --afirma el padre da Silva-- que la pedofilia no depende de la opción de vida. Se trata de una desviación de la sexualidad que afecta al ser humano en cualquier circunstancia de su existencia. Lamentablemente, hoy la sociedad tiene que hacer frente a un gran aumento de este delito, hasta el punto de que se ha visto obligada a hacer leyes que castiguen las nuevas formas de su práctica, en especial a través del turismo sexual y la pedofilia por Internet».

«Con estas consideraciones no se desea desviar la atención de las anomalías ocurridas en el seno del clero --sigue el documento--. Se trata más bien de una alerta contra las simplificaciones, y la injerencia en temas para los que no se posee la adecuada capacidad, debido al desconocimiento de sus raíces más profundas».

«Los sacerdotes serios, que son casi la totalidad del clero, hicieron una opción, que procuran respetar, con un compromiso sagrado».

«Justamente por esta elección, que los hace libres», indica el vicario brasileño, «son desprendidos y están disponibles para servir en cualquier situación y lugar donde la Iglesia los necesite. Realizan un gran trabajo, muchas veces heroico que, por su “normalidad”, no merece la atención de los medios, ni es objeto de comentarios en la sociedad».

Concluye su mensaje indicando que «el magisterio de la Iglesia, consciente de su responsabilidad y de que eventuales fallos, que originan desviaciones de comportamiento, pueden comprometer seriamente la imagen de la Iglesia y, consecuentemente, su acción evangelizadora, recientemente publicó un documento en el que aborda entre otros la cuestión de la pedofilia dentro del clero. El texto presenta, además de una reflexión sobre el tema, medidas enérgicas para combatir este mal. Esto demuestra que, a pesar de ser casos raros, la Iglesia no peca por omisión, al contrario, está atenta al problema y ha puesto los medios para purificar sus filas, con el fin de poder seguir desarrollando la obra del Señor».