Año Paulino en Écija, España

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La ciudad recuerda la presencia en ella del apóstol de las gentes

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ÉCIJA, martes, 4 noviembre 2008 (ZENIT.org).- El ayuntamiento de Écija, provincia de Sevilla, España, junto con el arciprestazgo de la ciudad, con motivo del Año Paulino han organizado una serie de actividades, entre las que se incluye una visita diaria gratuita a la ciudad con celebración de la misa para ganar las indulgencias.

Según informa a Zenit Félix Álvarez Gracia, coordinador de turismo del Ayuntamiento de Écija, la ciudad andaluza ofrece una importante exposición de «Iconografía de san Pablo en Écija (siglos XVI al XX)», con obras procedentes de toda España, en la Iglesia de Santiago el Mayor.

Los ciudadanos de Écija se precian de haber sido visitados por el Apóstol que es patrón de la ciudad. Con motivo del año Paulino se le ha concedido a Écija, durante todo este año, indulgencia plenaria en todas sus iglesias. La visita diaria pretende mostrar a visitantes y peregrinos el rico patrimonio artístico religioso de la ciudad y finaliza con una misa.

Desde los primeros tiempos del Cristianismo -explica José Enrique Caldero Bermudo, cronista oficial de la ciudad–, Écija ha tenido una especial y arraigada creencia de que sus orígenes en la fe proceden de la predicación personal del apóstol san Pablo.

El padre Antonio García del Moral, dominico, en su trabajo «San Pablo. Testimonios críticos y tradiciones ecijanas», dice que la venida a España fue anunciada por el apóstol el año 54-55, en la carta a los Romanos. En la segunda carta a Timoteo proclama que ha evangelizado a todas las gentes, lo que significaría que habría visitado la Península Ibérica, considerada entonces el confín del mundo, probablemente el año 58.

«Diversos documentos avalarían esta hipótesis, tales como San Clemente Romano, el fragmento Muratoriano (siglo II) y los Actus Petri cum Simone (siglos II-III). El primero de los autores citados tiene una primera carta a los Corintios en la que se testimonia que san Pablo vino a los límites de Occidente, es decir, la Bética, según la terminología de la época. Debió entrar por el puerto de Cádiz, donde existía una comunidad judía, a la que gustaba dirigirse en primer lugar, antes de ir a los gentiles», explica el cronista de la ciudad.

La tradición ecijana admite que desde allí el Apóstol se dirigiría por la Vía Augusta a Sevilla, Écija, Córdoba y Tarragona. En la ciudad astigitana se conserva la creencia de que predicó en un lugar del foro próximo a un templo dedicado al culto imperial. Aquí convirtió a Probo, presidente del Convento Jurídico Astigitano, a su esposa Xantipe, a Polixena, Hieroteo y otras personas principales.

No desapareció el recuerdo paulino en Écija después de la dominación musulmana y, al reinstaurarse el cristianismo en 1240 por obra del rey Fernando III de Castilla, se recobró la devoción de la ciudad y sus habitantes al apóstol de las gentes, de cuya palabra y ejemplo se sentían herederos. En el siglo XV tuvo lugar un hecho que ha marcado hasta la actualidad la relación ecijana con el predicador de Tarso: el denominado «Milagro de San Pablo».

«Ocurrió -dice la crónica- en la madrugada del 20 de febrero de 1436, en la persona del joven Antón de Arjona, al que en una aparición encomendó la tarea de advertir a las autoridades locales de los vicios y pecados que se cometían contra Dios, amenazando con una epidemia de peste si éstos no se corregían. Para que fuera creído en su encargo, le anudó los dedos de la mano derecha y le ordenó que se organizara una procesión con las jerarquías civiles y religiosas y todo el pueblo al convento de San Pablo y Santo Domingo, de la orden dominica, y allí, después de la Santa Misa y sermón, a la vista de todos, pasó la mano por una cruz, desatándoseles los dedos y quedando la mano sana».

El Cabildo municipal, en recuerdo del hecho y en acción de gracias por la protección del apóstol, formuló el voto perpetuo de acudir cada año, el día 25 de enero, fiesta de la Conversión de San Pablo, a la citada iglesia en procesión y celebrar solemne función religiosa, lo que se sigue realizando ininterrumpidamente hasta hoy.

El alcalde, en nombre de la Corporación Municipal, renueva el voto de acudir el año próximo a la celebración y también lo hacen a título particular todos los fieles que lo desean. Se da lectura a un documento conservado en el Archivo Municipal, en el cual el escribano del rey y del Concejo de Écija, Alonso Fernández de Guzmán, da pública fe de los hechos portentosos ocurridos aquel día.

La creencia en el «Milagro de San Pablo» fue constante entre los ecijanos y lo corrobora el hecho de que el 17 de enero de 1573 el arzobispo de Sevilla don Cristóbal de Rojas y Sandoval declarase fiesta de precepto el día 25 de enero.

El papa Urbano VIII expidió una Bula, el 13 de febrero de 1642, declarando a san Pablo patrón canónico de la ciudad de Écija, documento que fue mandado cumplir por el nuncio en España el 15 de abril de 1643 y proclamado solemnemente en la Parroquia Mayor de Santa Cruz astigitana el 11 de enero de 1644.

«Con estos antecedentes históricos -añade el cronista Caldero Bermudo- es explicable la abundante presencia iconográfica del apóstol en las manifestaciones artísticas ecijanas, tanto en la estatuaria y la pintura como en relieves, grabados y otras representaciones».

Es de señalar la imagen de san Pablo que se lleva en procesión cada 25 de enero desde la iglesia de Santa Bárbara hasta el convento de San Pablo y Santo Domingo, obra del escultor ecijano Salvador Gómez de Navajas, tallada en 1575.

En el ámbito urbano público, hay que destacar el recuerdo del predicador de Tarso en el Triunfo levantado el año 1772 en el paseo que lleva su nombre, a orillas del río Genil.

La vida social ecijana está impregnada por la influencia paulina en la aparición de su nombre en la onomástica de muchos astigitanos y en la rotulación de calles, lugares, establecimientos, empresas y asociaciones de la población.

Para más información: Programa Año Paulino,

falvarez@turismoecija.com

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ZENIT Staff

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