Benedicto XVI explica por qué no hay que temer al futuro

Presenta en la audiencia general las enseñanzas de san Pablo

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CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 12 noviembre 2008 (ZENIT.org).- El cristiano no tiene miedo del futuro ni del fin del mundo, pues Cristo está a su lado, asegura Benedicto XVI.

El Papa dedicó la catequesis de la audiencia general de este miércoles continuar con el ciclo sobre san Pablo, centrándose en esta ocasión en las enseñanzas paulinas sobre la escatología y la vida más allá de la muerte.

Explicó que, ante el futuro y en particular ante la espera de la parusía, es decir, de la última venida del Señor, los cristianos deben tener tres actitudes: la ausencia del miedo, la esperanza y la confianza en la misericordia de Dios.

Respecto a la primera actitud, el obispo de Roma afirmó que uno de los efectos esenciales de la predicación cristiana en el mundo antiguo, como también en el mundo pagano actual, de las religiones naturales era «liberar del miedo», ese «miedo a los espíritus, a los poderes nefastos que nos amenazan».

«Cristo vive, ha vencido a la muerte y ha vencido a todos estos poderes. Con esta certeza, con esta libertad, con esta alegría vivimos. Este es el primer aspecto de nuestro vivir hacia el futuro», explicó.

En segundo lugar, añadió, «en Cristo el mundo futuro ya ha comenzado, esto da también certeza de la esperanza».

«Sin Cristo, también hoy para el mundo el futuro está oscuro, hay miedo al futuro, mucho miedo al futuro. El cristiano sabe que la luz de Cristo es más fuerte y por eso vive en una esperanza que no es vaga, en una esperanza que da certeza y valor para afrontar el futuro».

En tercer lugar, la actitud del cristiano debe ser «la responsabilidad hacia el mundo», pero «incluso trabajando y sabiendo en nuestra responsabilidad que Dios es el juez verdadero, estamos seguros también de que este juez es bueno, conocemos su rostro, el rostro de Cristo resucitado, de Cristo crucificado por nosotros. Por eso podemos estar seguros de su bondad y seguir adelante con gran valor».

Esta esperanza, añadió el pontífice, «hace tolerables los sufrimientos del momento presente, que no son comparables a la gloria futura».

Comentando la primera carta a los Tesalonicenses, el sucesor del apóstol Pedro explicó que el mensaje esencial de Pablo, más allá de las imágenes con las que describe la vuelta de Cristo, es que «nuestro futuro es estar con el Señor; en cuanto creyentes, en nuestra vida nosotros ya estamos con el Señor; nuestro futuro, la vida eterna, ya ha comenzado».

El Papa habló también sobre la expresión ¡Maranà, thà! que literalmente significa «Señor nuestro, ¡ven!», y que a veces encuentra dificultades entre los cristianos hoy.

«¿Podemos rezar también nosotros así? Me parece que para nosotros hoy, en nuestra vida, en nuestro mundo, es difícil rezar sinceramente para que perezca este mundo, para que venga la nueva Jerusalén, para que venga el juicio último y el juez, Cristo».

Sin embargo, aseveró Benedicto XVI, es necesario rezar «para que el mundo sea profundamente cambiado, que comience la civilización del amor, que llegue un mundo de justicia y de paz, sin violencia, sin hambre. Queremos todo esto: ¿y cómo podría suceder sin la presencia de Cristo?»

El Santo Padre añadió que es necesario que Cristo venga «donde hay injusticia y violencia, a los campos de refugiados, en Darfur y en Kivu del norte, en tantos lugares del mundo, donde domina la droga, entre los ricos que viven solo para sí mismos, donde Dios es desconocido».

«Ven a tu mundo y renueva el mundo de hoy. Ven también a nuestros corazones, ven y renueva nuestra vida, ven a nuestro corazón para que nosotros mismos podamos ser luz de Dios, presencia suya. En este sentido rezamos con san Pablo: ¡Maranà, thà! «¡Ven, Señor Jesús!», concluyó.

Por Inma Álvarez

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ZENIT Staff

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