El Papa pide al Líbano convertirse en “laboratorio de paz” en Oriente Medio

En su discurso al nuevo embajador del Líbano

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CIUDAD DEL VATICANO, lunes 17 de noviembre de 2008 (ZENIT.org).- Benedicto XVI afirmó este lunes que el Líbano, lugar de convivencia secular entre religiones y comunidades, debe «evitar convertirse en terreno de enfrentamientos de conflictos regionales e internacionales», sino más bien debe luchar por ser «un laboratorio donde se busquen soluciones eficaces a los conflictos de Oriente Medio».

Así lo expresó ante el nuevo embajador libanés ante la Santa Sede, Georges Chakib El Khoury, en la audiencia en la que aceptó sus cartas credenciales, esta mañana en el Vaticano.

El Papa explicó que el Líbano «es la cuna de una cultura antigua que irradió sobre todo el Mediterráneo y más allá, así como el país de numerosas confesiones religiosas que supieron mostrar que pueden vivir juntos en fraternidad y colaboración».

Expresó también su aprecio por los «valientes esfuerzos» que «los responsables del país están realizando para devolver la normalidad a la vida política» con el objetivo de «favorecer la unidad nacional y contribuir a una coexistencia auténtica entre los diferentes componentes de la nación».

«Deseo pues que, poniendo a un lado los intereses particulares y curando las heridas del pasado, todos se comprometan en el camino del diálogo y de la reconciliación, para permitir al país progresar en la estabilidad», añadió.

En este sentido, mostró su particular reconocimiento a la labor realizada por el nuevo presidente, Michel Sleiman, a quien recibió en el Vaticano el pasado 31 de octubre.

A pesar de ello, advirtió el Papa, «siguen habiendo tensiones» por lo que es necesario «seguir trabajando» por la estabilidad del país.

«La actitud fundamental que debe guiar cada uno en este compromiso al servicio del bien común debe permanecer sin cambios: que cada componente del pueblo libanés verdaderamente se sienta en su casa en Líbano y vea que sus preocupaciones y sus expectativas legítimas son efectivamente tomadas en consideración, en el respeto recíproco de los derechos de otros».

«Como escribió mi venerado predecesor el Papa Juan Pablo II: jamás hay que olvidar que un gesto de paz puede desarmar al adversario, y a menudo invita a éste a responder positivamente a la mano tendida, porque la paz, que es el bien por excelencia, tiende a comunicarse», añadió.

Benedicto XVI aseguró la cercanía de la Santa Sede, «particularmente sensible a los sufrimientos que conocen desde hace tanto tiempo las poblaciones del Medio Oriente», a los esfuerzos «a favor de la paz y de la reconciliación en Líbano y en toda esta región tan querida en el corazón de los creyentes».

Aprovechó también para enviar un saludo «a los obispos y las comunidades católicas del Líbano», y les invitó a «trabajar por la unidad y la fraternidad, en comunión profunda con sus Pastores, artesanos ardientes de unidad y de fraternidad».

Según algunas fuentes, el Líbano, país de algo menos de cuatro millones de habitantes, cuenta con un 59.7% de musulmanes y un 39% de cristianos, en su mayoría maronitas, católicos de rito oriental.

Por Inma Álvarez

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ZENIT Staff

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