Crisis económica y el sentido del regalo del regalo en Navidad

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Ante todo, un mensaje de amor

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MADRID, miércoles, 24 diciembre 2008 (ZENIT.org).- El regalo, en recuerdo de los dones ofrecidos al Dios niño por pastores y sabios de Oriente, tiene un sentido que va mucho más allá de lo material y es expresión de amor cristiano. No debería faltar en ningún hogar creyente el compartir con los que menos tienen: el don de la compañía a los solitarios, los excluidos, los encarcelados, los enfermos… todos aquellos que enumeran las obras de misericordia y los que el propio corazón alerta detecte.

«No hay que ser rico para dar» decía san Pedro Poveda. El recuerdo evangélico del óbolo de la viuda, el villancio del «tamborilero» y otras poesías y narraciones que se pueden usar en estas fiestas, evidencian cuál es el único regalo importante.

«Esta Navidad –explica a ZENIT la organización Serabuelos.org –, muchos padres y abuelos, ya sea por elección o por necesidad, se verán en la situación de explicar a los niños que muchos regalos, grandes y caros, no son el motivo de alegría en estas fechas».

«Los padres que tienen que hacer recortes en su economía podrían pensar que eso restará brillo a su Navidad», comenta desde Estados Unidos Jo Robinson, que firma «Unplug the Christmas Machine: A Complete Guide to Putting Love and Joy Back Into the Season» («Desenchufe la máquina de Navidad: una guía completa para volver a poner amor y alegría en esta temporada»), pensando en la cantidad de familias que en los últimos meses han tenido que afrontar despidos, reducción de sueldos, disminución sueldos o jubilaciones.

Y agrega: «Ésta puede ser la mejor Navidad. Puede ser así si ustedes conocen de verdad a sus hijos. Ustedes saben lo que los hace felices».

«Con los años, lo que los niños recordarán no serán los regalos, sino el cariño, la emoción, el recogimiento y el espíritu con que vivieron esta Navidad», dice Serabuelos.org.

«Para muchas familias, quizás acostumbradas a celebrar el nacimiento del Niño Jesús haciéndose vistosos regalos, puede ser más difícil cambiar el enfoque. Pero qué mejor oportunidad para hacerlo que ahora, cuando las circunstancias de la economía mundial llaman a la austeridad. Qué mejor momento para reflexionar y tener muy presente que el protagonista de esta fiesta nació pobre en un humilde pesebre», explica.

«¡Que los días de preparación para la Nochebuena no estén llenos de angustia por no poder comprar los regalos que se quisiera dar a los hijos o a los nietos! Éste debe ser un tiempo de espera en paz, y si eso se transmite a los niños, lo valorarán durante toda su vida», aconseja la organización de abuelos cristianos.

Si se necesitan algunas sugerencias, podría aplicarse, por ejemplo, aunque parezca obvio, una de sentido común: «no tener miedo de ceñirse a un presupuesto». La tentación de recurrir al crédito, y vivir por encima de las propias posibilidades, puede ser fuerte pero valdría la pena evitarla y no seguirle el juego al consumismo.

Otro consejo de los abuelos es «ser honesto con los hijos y los nietos sobre la situación financiera de la familia. Sin asustarlos ni dar detalles, es bueno que compartan y se hagan conscientes de la necesidad de ahorrar, de cuidar lo que se tiene».

Es importante revisar con ellos su ‘lista de regalos de Navidad o Reyes’ y decirles si lo que están pidiendo es o no realista. Orientarlos sobre qué tipo de obsequios pueden pedir, de acuerdo con el presupuesto que se tenga.

También: añadir experiencias a la fiesta que vayan más allá de los regalos y que no supongan grandes gastos (¡esto debería hacerse aunque el dinero sobrara!). Por ejemplo: hacer galletas con la abuela, ir a dar un paseo y recolectar ramas y otros materiales para hacer guirnaldas o adornar el belén. Cocinar en familia y regalar esa comida a un vecino necesitado. Animar a los niños a confeccionar los regalos (manualidades, tarjetas, postres…)».

Los abuelos, en lugar de regalos, podrían aprovechar esta importante fecha para regalar recuerdos especiales (una carta a cada nieto, una fotografía antigua autografiada, algún objeto personal…).

También aconsejan disminuir la cantidad de regalos: Intercambiar en familia en lugar de regalar todos-a-todos. Se pueden idear con ellos muchas maneras de hacer divertido el momento de abrir los dones.

Es bueno recordar, junto al belén, que es Jesús quien más regalos debe recibir. Cada miembro de la familia puede elegir (o tomar por sorteo) un personaje y según lo que lo caracterice, comprometerse interiormente a regalar a Jesús el cultivo especial de esa virtud durante todo el año.

No olvidar, recuerda Serabuelos.org que no hace tantos años, se regalaba no lo que los niños querían, sino lo que necesitaban (calcetines, ropa interior, un pijama…). Claro que esto puede sonar muy aburrido para los hijos y nietos, pero si las condiciones por ahora no permitieran otra cosa, incluso a eso se le puede encontrar el lado divertido.

Otra idea es conversar, contar historias, cantar villancicos, repasar las experiencias del año que acaba y agradecer a Dios el haberse hecho Niño para estar más cerca de cada uno.

«Los padres hoy en día permiten que la televisión dicte lo que quieren sus hijos –concluye Robinson–. La comunicación entre padres e hijos (y el apoyo de los abuelos) debería ser más poderosa que esos mensajes».

Por Nieves San Martín

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ZENIT Staff

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