El Papa en el monumento islámico más antiguo de Tierra Santa

Todos los creyentes deben edificar la paz, asegura

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JERUSALÉN, martes, 12 mayo 2009 (ZENIT.org).- Los fieles de las gres grandes religiones monoteístas tienen la tarea de edificar un mundo de paz, aseguró Benedicto XVI este martes tras visitar la Cúpula de la Roca, el monumento islámico más antiguo de Tierra Santa.

El Papa fue recibido por el gran muftí, Muhammad Ahmad Hussein, sunní, considerado como la autoridad jurídica suprema islámica en Jerusalén y por el pueblo árabe-musulmán en Palestina, en el edificio «al-Kubbah al-Nahawiyya», que al igual que la Cúpula, se encuentra en la Explanada de las Mezquitas.

El Papa Juan Pablo II, 26 de marzo de 2000, también había visitado la explanada, pero no tuvo la oportunidad de cruzar el umbral de la Cúpula de la Roca, también llamada Mezquita de Omar.

La Cúpula, construida entre los años 687 y 691, fue erigida en el lugar en el que, según la tradición, surgía el Templo de Salomón, destruido en el año 70 d.C. bajo el imperio de Tito.

Se trata de un lugar querido por los creyentes de las tres religiones monoteístas. Los musulmanes creen que la roca, que se encuentra en el centro de la mezquita, fue el lugar en el que Mahoma fue ascendido al cielo; los judíos la consideran tierra sagrada, pues fue sede del Templo; a los cristianos recuerda las numerosas visitas de Jesús al Templo y otros episodios de su vida pública.

«En un mundo tristemente desgarrado por las divisiones, este lugar sirve como estímulo y también desafía a hombres y mujeres de buena voluntad a trabajar para superar los malentendidos y los conflictos del pasado y emprender el camino de un diálogo sincero encaminado a la construcción de un mundo de justicia y paz para las generaciones venideras», afirmó el Papa.

El punto de partida, indicó, debe ser la fe en el Único Dios, «la fuente de la justicia y la gracia».

«A aquellos que confiesan su nombre se les encomienda la tarea de luchar sin descanso por la justicia mientras imitan su perdón, por lo que están intrínsecamente orientados a la coexistencia pacífica y armoniosa de la familia humana», añadió.

Por esta razón, subrayó, «es primordial que los que adoran al Dios Uno muestren que están hechos para la unidad de toda la familia humana».  

«La fidelidad al Dios Uno, el creador, el más alto, conduce a reconocer que los seres humanos están fundamentalmente interrelacionados, ya que todos deben su existencia a una única fuente y apuntan a un objetivo común», explicó. 

«Impresos con la indeleble imagen de lo divino, están llamados a desempeñar un papel activo en la reparación de las divisiones y en la promoción de la solidaridad humana». 

Y concluyó: «Los que veneramos al Dios Uno creemos que Él pedirá cuentas a los seres humanos por sus acciones». 

Por Mirko Testa

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ZENIT Staff

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