Fundación tailandesa recibe un premio vaticano por iluminar a ciegos

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Entrevista al padre Velardo, director del Centro desarrollo de habilidades

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ROMA, viernes, 18 septiembre 2009 (ZENIT.org).- Durante 31 años el sacerdote salesiano Carlo Velardo ha pastoreado a una grey muy particular: personas privadas del sentido de la vista, y, en su mayoría, de religión budista.

Actualmente es el director de la fundación Skills Development Centre for the Bilind (Centro de desarrollo de habilidades para ciegos), que recibió este miércoles en Roma el premio Van Thuan, de la fundación San Mateo, creada por el Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz.

Este galardón busca reconocer a personas y fundaciones que se comprometan con el desarrollo y la dignidad humana de acuerdo con la Doctrina Social de la Iglesia.

Este jueves, el sacerdote, junto con los otros cuatro premiados, provenientes de Italia, Francia, Luxemburgo y Colombia fueron recibidos por el Papa Benedicto XVI en la residencia pontificia de Castel Gandolfo.

Una misión inesperada

Don Carlo confesó en diálogo con ZENIT que al ser ordenado sacerdote, quería ir a América Latina para desempeñar allí su misión. Pero en cambio, el superior de la comunidad salesiana, le pidió ir a Tailandia.

Confiesa que sintió una especie de shock cuando recibió la noticia, pero luego se dijo con serenidad: «Si la Iglesia lo quiere, iremos allá».

Llegó así en septiembre de 1977 a Pakked, Nond’t Haburi, a 40 kilómetros de Bangkok,

en Tailandia. Tenía 28 años y desconocía totalmente el idioma.

Su misión sería la de guiar el «Skills Development Centre for the Blind», «Centro de desarrollo de habilidades para los ciegos», una fundación que había iniciado en 1963 pero que había obtenido pocos resultados.

«Estaba por cerrarse», confiesa el sacerdote.

Sus administradores propusieron darla a una comunidad religiosa. Decidieron así, que en adelante sería manejada por los salesianos.

Hoy, la fundación trabaja con 120 jóvenes entre 16 y 35 años ofreciéndoles alojamiento y alimentación. En su itinerario de formación, que dura dos años, reciben la capacitación adecuada para reforzar sus capacidades.

Se busca así que se promueva su dignidad como ciudadanos y también su independencia, con el fin de poder entrar al mundo del trabajo.

«Lo que más me alegra es el hecho de ver que viene una persona desanimada, sin esperanza y luego de dos meses y pasados dos años, se convierte en otra persona», asegura el padre Velardo.

«Personas que tienen mucho miedo, que luego se vuelven muy valientes, personas que no salían nunca de casa y luego pueden ir a todos lados con mucha capacidad y con mucha alegría», comenta.

De repente, al padre Velardo le viene a la mente un ejemplo: un hombre, casado y con una hija, quedó ciego por accidente. Su mujer lo abandonó. Su pequeña sentía miedo de saber que su padre ya no veía.

Le faltaba no sólo la vista sino el afecto de sus seres queridos. Comenzó un trabajo de recuperación en el centro. Era profesor. Le preguntaban si quería seguir enseñando. Él respondía: «no puedo, porque soy ciego». El padre Carlo le dijo: «no hacen falta ojos para enseñar. Basta la palabra».

Y así aprendió varias técnicas para volver a las aulas. Al concluir el curso, regresó a casa solo, caminando con un bastón. Su mujer y su hija lo recibieron de nuevo.

Evangelio hecho vida

Pero, ¿qué hacer con el tema religioso al dirigirse a una población mayoritariamente budista? El sacerdote responde: «Todo esto lo hacemos sin palabras. Yo lo llamo sistema de ósmosis». Se trata de hacer vida las enseñanzas del Evangelio. De la Doctrina Social de la Iglesia.

Y se explica mejor: «Como la mayor parte son budistas, los temas religiosos son muy delicados».

Sin embargo, los animadores del centro no dejan de lado su espiritualidad, muy valorada por quienes viven en este centro: «Como salesianos, tenemos una característica: la noche antes de dormir se ora juntos y en general el director da siempre un pensamiento de buenas noches».

"Muchos quedan sorprendidos al ver un ambiente sereno al llegar al centro. Se espera que los invidentes estén serios y tristes, pero aquí no ocurre esto. Todo lo contrario. Se preguntan por qué, qué hay», testimonia el presbítero.

Algunos, espontáneamente, durante esta experiencia, manifiestan su deseo de conocer la fe católica. «Si alguno está interesado, hemos impreso todo el Nuevo Testamento en tailandés. Luego con los nuevos medios pueden escuchar el Evangelio».

Y quienes quieran, pueden ser bautizados pero sólo cuando finalizan los dos años de estudio en esta fundación. El sacerdote aclara que sólo propone el bautismo si encuentra para ellos una comunidad cristiana que los siga acompañando.

Don Carlo concluye así su diálogo con una reflexión sobre el año sacerdotal: «El sacerdote es una persona de servicio. Mi función consiste en llevar la presencia de Cristo, el Señor, y su gracia a esta realidad».

Por Carmen Elena Villa

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ZENIT Staff

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