Los ojos de la Iglesia están puestos en Haití

Entrevista con el cardenal Cordes, presidente de «Cor Unum»

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CIUDAD DEL VATICANO, domingo 17 de enero de 2010 (ZENIT.org).- Mientras el desastre se apodera de Haití, los ojos de la Iglesia se concentran en el país más pobre de occidente, cuyo sufrimiento de lustros ha sido olvidado durante demasiado tiempo, denuncia el cardenal Josef Cordes.

El presidente del Consejo Pontificio «Cor Unum», dicasterio vaticano encargado de coordinar a las agencias caritativas y de ayuda católicas, ha hablado con ZENIT de las consecuencias del terremoto de una magnitud de 7,0 grados que devastó Puerto Príncipe el 12 de enero

En esta entrevista, el purpurado alemán habla de los daños sufridos por ese país y de las necesidades que tendrá que afrontar en los próximos días, meses y años.

–¿Qué sabe de los daños provocados por el terremoto?

–Cardenal Cordes: Al inicio, la comunicación era difícil, pero estamos comenzando a recibir informes de las agencias católicas que trabajan directamente sobre el terreno, como los Catholic Relief Services [CRS, la Caritas de los obispos de Estados Unidos, ndr.], los representantes nacionales de Cáritas enviados a Haití por sus obispos, la Cruz Roja Internacional, la Confederación Internacional de la Sociedad de San Vicente de Paúl

Algunos hechos los hemos sabido por los medios de comunicación (víctimas, destrucción de viviendas…). El nuncio apostólico en Santo Domingo fue el primero en entablar los primeros contactados a través de correo electrónico con el arzobispo Bernardito Auza, nuncio apostólico en Haití. El arzobispo Auza nos informa sobre las pérdidas de la Iglesia, ya sea en términos de vidas humanas que de daños materiales. El arzobispo de Puerto Príncipe, monseñor Joseph Serge-Miot, a quien ha descrito como un pastor «bueno», «siempre sonriente», falleció al ser arrojado del balcón de su residencia por la fuerza del terremoto. Otros sacerdotes, religiosos, y al menos nueve seminaristas han quedado sepultados bajo los escombros. La catedral y todas las parroquias han sido destruidas. El arzobispo Auza está visitando las estructuras católicas y otras, muchas de las cuales han quedado dañadas, para expresar la cercanía de la Iglesia y del Santo Padre.

–¿Cuáles son las necesidades inmediatas?

–Cardenal Cordes: Toda catástrofe natural es única, pero nuestra larga experiencia de desastres precedentes (por ejemplo, el tsunami de 2004 y el huracán Katrina) muestra dos distintas fases:

–A corto plazo, hacen falta personas para salvar vidas, responder a las necesidades básicas (agua, comida, casa, prevención de enfermedades), restablecimiento del orden;

–A largo plazo, hay que reconstruir y hay que ofrecer ayuda espiritual y psicológica, sobre todo cuando la atención de los medios de comunicación languidece.

Benedicto XVI exhortó a todas las personas de buena voluntad a ser generosas y concretas en su respuesta para responder a las necesidades inmediatas de nuestros hermanos y hermanas que sufren en Haití (Cf. Audiencia general, 13 de enero de 2010). Es importante ofrecer una ayuda tangible a través de las agencias caritativas de la Iglesia católica. En todo el mundo, se están organizando y alentando muchas iniciativas en este sentido.

Por ejemplo, la Conferencia Episcopal Italiana ha establecido el 24 de enero como Jornada de Oración y Caridad por el Pueblo de Haití. Las embajadas nacionales ante la Santa Sede están ofreciendo la santa misa por nuestros hermanos y nuestras hermanas que sufren. Tenemos interceder a través de la oración y no sólo con el dinero por los que sufren en Haití.

–¿Qué está haciendo la Santa Sede, en particular, el Consejo Pontificio «Cor Unum»?

–Cardenal Cordes: En su llamamiento, Benedicto XVI ha pedido específicamente que la Iglesia católica se movilice inmediatamente a través de sus instituciones caritativas. Muchas organizaciones católicas ya han comenzado a trabajar, ofreciendo en particular personal experto en este campo (por ejemplo, las Caritas nacionales de Alemania, Irlanda, Suiza, Francia, Austria, la Orden de Malta). La Cruz Roja Internacional se encuentra trabajando a través de su oficina en Puerto Príncipe. Recibimos de su parte informes cotidianos.

Cada vez que tiene lugar una situación de este tipo, es costumbre el que una agencia coordine los esfuerzos de apoyo. Con este objetivo, horas después del terremoto, nuestro Consejo Pontificio entró en contacto directo con los Catholic Relief Services (CRS). Les hemos pedido que coordinen la respuesta a este nivel, considerando que cuentan con 300 miembros en Haití, su larga historia de más de 50 años en el país, su experiencia para afrontar desastres semejantes en todo el mundo, y sus recursos. El presidente de CRS nos ha asegurado: «Estamos comprometidos y dispuestos a informar y coordinar la respuesta de la Iglesia de todas las formas posibles, para que esta respuesta pueda ser un signo eficaz del amor de Dios».

Sabemos por el nuncio apostólico en Haití que se están celebrando encuentros con el CRS y con Caritas Haití, en la nunciatura de Puerto Príncipe, para afrontar las necesidades urgentes locales. Es esencial que la Iglesia local sea escuchada. Por este motivo, nos alegra el que hayan participado en estos encuentros los obispos haitianos que han podido viajar.

–¿Qué ayuda ofrece la fe en una catástrofe como ésta?

–Cardenal Cordes: La fe de quienes han sufrido en este desastre desempeñará un papel fundamental no sólo para aliviar sus heridas físicas y sus pérdidas, sino también para afrontar la dimensión espiritual y el sentido que hay que descubrir en esta catástrofe. Al visitar las zonas devastadas y hablar con los supervivientes, muchos me expresan la propia gratitud a Dios por haberles dejado en vida y por la generosa asistencia de su familia, amigos, vecinos e Iglesias de todo el mundo. Dado el elevado porcentaje de la población católica (el 80% de los haitianos es católico), la fe y la concreta presencia-testimonio de la Iglesia tendrá un papel muy importante en la tragedia actual.

Nuestro Consejo Pontificio «Cor Unum» ya ha establecido que el próximo encuentro de la Fundación «Populorum Progressio» tendrá lugar en Santo Domingo en julio próximo. La Fundación, instituida por Juan Pablo II, tiene por objetivo ayudar a comunidades agrícolas indígenas, mestizas y afroamericanas en América Latina y el Caribe. En el pasado, hemos ayudado mucho a Haití y lo seguiremos haciendo. Obviamente nuestra cercanía espiritual es de importancia capital. En esa ocasión celebraremos la santa eucaristía con los obispos procedentes de varios países de América Latina y el Caribe.

Sin fe, esta tragedia se convertiría en un desastre completo. Por este motivo, para nuestros hermanos y hermanas, será esencial rezar juntos; experimentar que los cristianos de todo el mundo comparten su peso como miembros de la familia divina; experimentar la compasión de nuestro Santo Padre. Se trata de motivos de esperanza y de energía. En su primera encíclica, la Deus caritas est, el Papa nos invita a recordar la respuesta de fe que ofrece san Agustín a nuestro sufrimiento: «Si comprehendis, non est Deus», si lo comprendes, entonces no es Dios». El Santo Padre añade que los cristianos «siguen creyendo, a pesar de todas las incomprensiones y confusiones del mundo que les rodea, en ‘la bondad de Dios y su amor al hombre’, Tito 3, 4)» (n. 38).

–¿De esta tragedia saldrá algo positivo?

–Cardenal Cordes: Es un desastre que ha provocado muchísimas víctimas e inmenso sufrimiento. Harán falta muchos años para que se pueda reconstruir la nación a nivel físico
y para que la población se recupere espiritualmente. Por este motivo, la Iglesia tiene que estar presente, aunque otros se vayan.

Ya hoy podemos ver cómo el bien surge de las ruinas. Los ojos del mundo se abren a los países más pobres del hemisferio occidental, cuyo largo sufrimiento había sido olvidado. Esta tragedia muestra que dependemos los unos de los otros, y tenemos que atender a nuestros hermanos que sufren, como lo hicimos con motivo del tsunami o del huracán Katrina. Por tanto, tenemos que asegurar que la necesaria asistencia que ahora se ofrece a Hatí se mantenga a largo plazo, por ejemplo, promoviendo mejores estructuras de Cáritas y reforzando los lazos con el ministerio para el desarrollo de los gobiernos de los países más ricos y con las agencias de ayuda.

Somos testigos y recibimos información de muchos actos heroicos y desinteresados realizados para salvar la vida de quien se encontraba en peligro. Hay miles de personas que, procedentes de todo el mudo y sin ningún elogio, se están dedicando a asistir a todos los que lo necesitan. Mucha gente se entrega espiritual y materialmente para ayudar a los pobres y a los que sufren. En los próximos días y semanas, estoy convencido de que en esta catástrofe encontraremos muchos ejemplos de bondad.

Los cristianos afrontan el presente con confiada esperanza en el Señor Jesús, crucificado y resucitado. En su encíclica Spe salvi, el Papa Benedicto explica cómo vivir los sufrimientos de este momento con la esperanza en el futuro. Esto no significa que los cristianos sepan lo que les espera, pero saben en términos generales que su vida no acabará en el vacío: «Sólo cuando el futuro es cierto como realidad positiva, se hace llevadero también el presente» (n. 2).

Por Jesús Colina

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ZENIT Staff

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