El aborto, un debate cada vez más serio

Un debate que atraviesa Estados Unidos, Canadá e Inglaterra

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ROMA, domingo, 25 de julio de 2010 (ZENIT.org).- En estos días el aborto ocupa muchos titulares. La candidata al Tribunal Supremo de Estados Unidos recibió críticas por su apoyo al aborto durante las audiencias ante el senado para su confirmación, sobre todo por su papel como miembro de la administración de Clinton que se opuso a las leyes que prohibían el aborto de embarazos muy avanzados.

Por otro lado, los efectos de la ley de asistencia médica aprobada por el Congreso siguen causando enfrentamientos. National Right to Life lanzaba la señal de alarma sobre los abortos que se estaban financiando bajo los planes estatales de seguro médico que se financian con fondos federales. El plan de Nuevo México añadía a la lista el aborto como una de sus coberturas, hasta que una investigación de Associated Press hizo que se eliminara, informaba la agencia de noticias el 14 de julio. El reportaje explicaba que la ley federal prohíbe que se page el aborto con dinero del gobierno, excepto en casos de aborto o incesto, o para salvar la vida de la madre.

El amargo debate en el Congreso sobre la ley de asistencia médica del año pasado sólo terminó cuando los demócratas obtuvieron suficientes votos para aprobar la ley, después de que el presidente Barack Obama firmara una orden ejecutiva imponiendo recortes a la financiación federal de abortos.

En consecuencia, el Departamento de Salud y Servicios Sociales publicaba una declaración por la que se excluía el aborto de dichos programas. El cardenal Daniel DiNardo de Galveston-Houston, presidente del Comité de las Actividades Pro Vida de la Conferencia Episcopal Estadounidense, acogió con satisfacción la declaración, que evitaba un «alarmante precedente», y pedía una ley permanente que excluyera el aborto de todos los programas, según expresaba en una nota de prensa del 29 de junio de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos.

A estas noticias siguieron las protestas sobre los planes de la administración Obama de permitir abortos en los hospitales militares. El cardenal Daniel Dinardo escribía al comité del senado considerando este cambio, animándoles a rechazar la propuesta. Esta medida rompería con la larga política federal y militar de no promoción del aborto por parte del gobierno, afirmaba en una declaración publicada el 29 de junio por la Conferencia Episcopal.

El cardenal DiNardo afirmaba que la actual política militar está en armonía con la política federal: «Tampoco pueden usarse otras instalaciones sanitarias federales para abortos selectivos, y muchos estados tienen sus propias leyes contra el uso de instalaciones públicas para tales abortos».

Restricciones clínicas

El enfrentamiento sobre el aborto no es menos intenso a nivel estatal en los Estados Unidos. En Missouri, el gobernador Jay Nixon permitió que una propuesta, que exige a las clínicas abortivas que ofrecieran imagen de ultrasonidos y del batir del corazón de los fetos, se convirtiera en ley, informaba el 14 de julio Associated Press.

La ley de Missouri ya ordena que se hable a una mujer sobre los riesgos físicos y psicológicos del aborto al menos 24 horas antes de someterse a un aborto. Estas medidas adicionales aprobadas exigirán una consulta personal en vez de por teléfono, y que las mujeres recibirán una descripción «de las características anatómicas y psicológicas del niño no nacido», junto con el ofrecimiento de un ultrasonido.

En el 2008, según fuentes citadas por Associated Press, se practicaron 7.400 abortos en Missouri.

Nebraska es otro estado en el que han entrado en vigor nuevas leyes sobre el aborto, informaba el 13 de julio del periódico Washington Times. En vigor desde el 15 de julio, la Ley de Protección de la Salud de las Mujeres exige que las mujeres que piden abortar sean sometidas a un examen de temas de salud mental, y también se les preguntará si están siendo presionadas para que aborten. Además, la ley da el derecho a las mujeres de llevar a los tribunales a quienes practican los abortos, si desarrollan problemas mentales o psicológicos como resultado del procedimiento.

Una segunda ley prohíbe el aborto tras la vigésima semana de embarazo, excepto para salvar la vida de la madre.

En el último minuto la ley fue bloqueada por un juez federal, informaba el 14 de julio Associated Press. El juez de distrito Laurie Smith Camp concedió a Planned Parenthood una prohibición preliminar sobre la pase de que la ley hace imposible el aborto en el estado.

Esta legislación a nivel estatal es cada vez más común, comentaba un reportaje del New York Times el 3 de junio. Sólo este año al menos 11 estados han aprobado leyes que regulan el aborto. El artículo citaba estadísticas de la escena legislativa de una organización pro abortista, el Guttmacher Institute. En la primera mitad del 2010 se sometieron a votación cerca de 370 leyes estatales que regulan el aborto. Una cifra a comparar con las 350 de cada uno de los cinco años anteriores. Este año al menos 24 de estas leyes se han aprobado.

«El noventa por ciento de la legislación pro vida está en los estados», declaraba al New York Times Daniel S. McConchie, vicepresidente para asuntos gubernamentales de Americans United for Life.

El caso de Canadá

Un poco más al norte, en Canadá, el aborto también ha acaparado titulares. A principios de este año, el debate se centró sobre si el gobierno debería financiar el aborto con las ayudas a los países en desarrollo. Las autoridades federales optaron por no financiar los abortos. Mientras el asunto se debatía, Margaret Somerville, directora del Centro para la Medicina, la Ética y el Derecho de la Universidad McGill, escribió un artículo de opinión para el periódico Ottawa Citizen el 30 de abril. Decía que el aborto no debería financiarse basándose en una decisión ética que valorase la vida humana.

Precisaba además que incluso el así llamado aborto «seguro» implica riesgos y daños para las mujeres.

Poco después, el arzobispo de Quebec, el cardenal Marc Ouellet, reabría el tema del aborto pidiendo que se volviera a examinar la legislación, informaba el 26 de mayo la CBS. El cardenal Ouellet, nombrado poco después por el Papa prefecto de la Congregación de Obispos, condenaba el aborto como un crimen moral.

Sus declaraciones recibieron duras críticas, pero afirmó que no juzgaba a las mujeres individuales, al mismo tiempo que pedía al gobierno que ayudara a reducir el número de abortos.

«El debate sobre el aborto está abierto», afiramba. «Y no debemos tener miedo», observaba el reportaje de la CBS.

Al otro lado del Atlántico, en España, ha entrado en vigor una nueva ley que permite el aborto sin restricciones durante las 14 primeras semanas de embarazo, informaba el 5 de julio Associated Press. La ley fue aprobada por el congreso español, controlado por el Partido Socialista, a principios de 2010. También permite que las chicas de 16 y 17 años aborten sin el permiso de sus padres, aunque deben ser informados del hecho.

La oposición del Partido Popular llevó la nueva ley del aborto ante la más alta instancia judicial del país, el Tribunal Constitucional, pero el 14 de julio este dictaminó que no se suspendería la nueva ley mientras decide la apelación en su contra, informaba el 15 de julio Associated Press.

Debate sobre el dolor del feto en Inglaterra

El aborto también ha estado en la primera plana en Inglaterra, donde un informe sostenía que un feto humano no puede sentir dolor antes del semana 24, informaba el 25 de junio el periódico Times.

El estudio, del Royal College of Obstetricians and Gynecologists, fue interpretado como un revés a los esfuerzos de las organizaciones pro vida para reducir el límite temporal para abortar. Estas han intentado cambiar las leyes, reduciendo de 24 a 20 semanas el límite en que pueden llevarse a cabo los abortos.

Christian Odone, comentando la noticia en el periódico Telegraph del 25 de junio, decía que «el mensaje implícito es que el dolor debería ser nuestro criterio de moralidad». Pero aceptar esta idea significaría un cambio radical en nuestro sistema ético, sostenía. En una situación así lo bueno y lo malo se volverían conceptos meramente relativos basados en una escala de dolor.´

«El comportamiento que no produce dolor, como seguir adelante con asuntos ilícitos, no sería aceptable, como dar una inyección fatal a un paciente en coma o senil: ni la traición secreta ni la muerte prematura importan, si nadie siente dolor», observaba. Una observación muy válida que llama la atención sobre la importancia fundamental de la defensa de la vida humana. Cuando se abandona lo más importante, las consecuencia son inmensas.

Por el padre John Flynn, L. C., traducción de Justo Amado

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ZENIT Staff

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