La caridad, el arma del cristianismo en la violencia de Oriente Medio

Intervención de monseñor Coussa, obispo de Alejandría de los Armenios

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CIUDAD DEL VATICANO, martes 19 de octubre de 2010 (ZENIT.org).- Monseñor Krikor-Okosdinos Coussa, obispo de Alejandría de los Armenios (Egipto) considera que «el arma del cristianismo» es la caridad en medio de la violencia que con demasiada frecuencia ensangrienta Oriente Medio.

Por este motivo, el prelado invitó al Sínodo de los Obispos de Oriente Medio que se celebra en el Vaticano, y que este martes se dedicó a preparar por grupos sus propuestas a Benedicto XVI, a tender la mano «a los musulmanes y a los judíos, con una esperanza cristiana».

«El arma del cristianismo no se construye en las fábricas», afirmó hablando en árabe ante la asamblea episcopal. «El arma del cristianismo es la caridad. Consiste en construir puentes entre el hombre y su hermano para que no haya ni cercano ni lejano».

«Y si el hombre es capaz de descubrir esta arma, se descubre a sí mismo y conoce, entonces, su posición. Y cuando la conoce la ama, y cuando la ama, se entrega y cuando se entrega, se afianza y cuando se afianza, se estabiliza y cuando se estabiliza, está exento de todo vicio y de toda calamidad».

«Nuestra esperanza es vivir en paz», aseguró monseñor Coussa. «Tendamos entonces nuestras manos a los musulmanes y a los judíos con una esperanza cristiana y una vida nueva. Digamos a los judíos: dejen de matar a los inocentes y no olviden lo que dice el Talmud: en cada hombre veo a Dios».

«Tendamos la mano a nuestros hermanos musulmanes en la esperanza de una convivialidad que permita construir una sola nación, una sola sociedad regida por la caridad, la fraternidad, la comprensión y el diálogo», indicó.

«La Iglesia anuncia la caridad y combate la iniquidad y el fanatismo –afirmó–. Propaga la educación y no trabaja para ella misma, sino para la Gloria de Dios, el Supremo y confirma en la esperanza».

El prelado concluyó afirmando: «Mi intervención es un mensaje de esperanza dirigido a los cristianos, para que vean en Oriente la fuente de la esperanza de Cristo que ha nacido, ha sido crucificado y ha resucitado».

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ZENIT Staff

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