La Santa Sede en la ONU: basta de utilizar niños-soldado

“Una de las peores formas de esclavitud”, según el observador permanente

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NUEVA YORK, miércoles 20 de octubre de 2010 (ZENIT.org).- La utilización de los niños como combatientes en los conflictos es “una de las peores formas de esclavitud”, denunció el viernes pasado en Nueva York el observador permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas, monseñor Francis Chullikatt.

Frente a esta plaga, la delegación vaticana quiso recordar el valor de los Protocolos Opcionales a la Convención sobre los Derechos del Niño -sobre la implicación de los niños en los conflictos armados y sobre la venta de niños, la prostitución infantil y la pornografía infantil-, de cuya adopción se celebra el décimo aniversario.

Aunque “ningún instrumento internacional es perfecto”, dijo monseñor Chullikatt, los Protocolos “sirven para reforzar la aplicación de los derechos de los niños afirmados en la Convención de los Derechos del Niño”.

Por esta razón, la delegación vaticana “alienta a todos los Estados que todavía no lo han hecho a unirse a la promoción de la defensa legal de los niños y los adolescentes ratificando o accediendo a los Protocolos Opcionales”.

También “pide una correcta aplicación de estos instrumentos legales que implique el respeto al derecho a la vida de todos los niños”.

En el mundo actual, lamentó el observador permanente, “niños y jóvenes adolescentes continúan siendo víctimas de graves violaciones en situaciones de conflicto en el mundo, y es deplorable el aparente aumento del clima de impunidad para los que las perpetran”.

Entre las formas de violencia que sufren, destaca su “mayor vulnerabilidad en esas situaciones en las que se aplican nuevas tácticas bélicas”.

“Ha sido definida como una de las peores formas de esclavitud, pero todavía continúa hoy: los niños son usados como soldados a una edad en la que deberían aprender cómo amar y respetar a sus vecinos”, denunció.

Se calcula que unos 250.000 niños son usados con este objetivo, “obligados a matar a sus vecinos, a veces incluso a sus propios familiares, hermanos y amigos”.

Para el observador permanente, “esto es despreciable, pero también evitable”.

Todas las partes interesadas deben “comprometerse de manera concreta en la defensa” de los más jóvenes y en la promoción de “planes de acción” para afrontar estos “crímenes impactantes” con el fin de que “acaben para siempre”.

“La comunidad internacional tiene este deber frente a todos los niños y los jóvenes que sufren esas violaciones de su dignidad”.

Monseñor Chullikatt recordó que la Iglesia católica “ha sido una socia constante de las Naciones Unidas en la lucha contra el uso de los niños-soldado, y a través de sus diversas estructuras que operan en muchas zonas de conflicto, está activamente comprometida en la asistencia a las víctimas de esta violencia”.

En los últimos años, “muchas iniciativas nacionales, regionales e internacionales han obtenido éxitos en la prevención y combate de otras violaciones de la dignidad de los niños”, recordó.

En su opinión, eso demuestra “cómo el compromiso concertado con el bienestar de los niños puede favorecer resultados positivos”.

En este contexto, señaló la importancia de que los gobiernos adopten “estrategias globales sobre la prevención de la violencia, permitiendo una legislación firme y eficaz y promoviendo la recogida de pruebas y datos precisos para comprender los factores de riesgo y fundamentar las decisiones políticas”.

Por estas razones, la delegación vaticana alentó a los Gobiernos “a afirmar y apoyar la familia, en la que los niños desarrollan su propio potencial, toman conciencia de su dignidad y se preparan para el futuro”.

“En un mundo que para millones de niños está caracterizado por la dura realidad de la violencia”, la delegación vaticana animó “a todos los Estados a trabajar juntos, en una asociación productiva, para acabar con todas las formas de violencia contra los niños”.

Del mismo modo, no hay que olvidar “la necesidad de dar una palabra de esperanza y aliento a esos niños y jóvenes cuya inocencia y dignidad humana han sido heridas por la crueldad del mundo de los adultos”.

“Todos los Estados, las agencias de la ONU, la sociedad civil y las instituciones interreligiosas basadas en la fe deberán colaborar en una asociación más eficaz para asegurar asistencia a los afectados por la violencia y los abusos -concluyó-, y trabajar para promover un mundo de esperanza en el que estos niños puedan perseguir sus sueños y sus aspiraciones de un futuro libre de violencia y de derramamiento de sangre”.

[Por Roberta Sciamplicotti, traducción del italiano por Patricia Navas]

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ZENIT Staff

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