El Papa agradece a los católicos sirios su fidelidad

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El cardenal Sandri consagra la catedral de Alepo

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ROMA, martes 18 de enero de 2011 (ZENIT.org) .- Benedicto XVI agradece a la comunidad católica de Siria su “fidelidad al Señor y a su Iglesia, fidelidad al Obispo de Roma y a su ministerio de Sucesor de Pedro”.

Lo recuerda el mensaje, firmado por el cardenal Tarcisio Bertone, Secretario del Estado Vaticano, que el Pontífice envió con ocasión de la consagración de la catedral de Alepo, celebrada el pasado sábado por la mañana por el cardenal Leonard Sandri, prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales.

“El Santo Padre- dice el texto, como refiere l’Osservatore Romano– conoce bien la fidelidad de la comunidad católica de Siria. Le da las gracias por esta fidelidad y por sus oraciones, por la fecundidad de su servicio a la verdad y la unidad”.

“Agradece también a los católicos latinos de Siria que han unido sus fuerzas, su trabajo, sus sacrificios y sus ofertas como sus oraciones para regalarle a Dios una casa digan de Él, para invocar su nombre e implorar su misericordia”, añade el texto.

El Papa espera también, que la propia comunidad católica de Siria pueda continuar ofreciendo a su propio país “una apreciable contribución para su elevación moral y social, en un auténtico espíritu ecuménico e interreligioso”.

Comunión y testimonio

En la homilía de la consagración de la catedral, el cardenal Sandri exhortó a tender la mano “a los hermanos y hermanas de toda religión, buscando lo que nos une, ofreciendo y pidiendo el respeto mutuo de los derechos y deberes, también religiosos, para los individuos y para la comunidad”.

El cardenal recordó, por tanto, los dos principales mensajes del reciente Sínodo para el Medio Oriente: Comunión y testimonio.

“Son dos tareas inseparables y para todos- observó- pero quiero animar sobre todo a los laicos, llamados a vivirlas en familia, en el trabajo en el ámbito educativo, asistencial y social. Es esencial el papel de la familia en la comunidad parroquial para transmitir la fe a las jóvenes generaciones y para cultivar las vocaciones al sacramento del matrimonio, a la vida sacerdotal, religiosa y misionera”.

El cardenal dirigió después su pensamiento “a todos los pastores y fieles, a los que sufren en el cuerpo y en el espíritu; a cuantos han dejado su tierra natal pero en su corazón están hoy entre nosotros, y a cuantos nos han precedido en el signo de la fe tras haber preparado con sus sacrificios este día de alabanza al Señor y de fiesta para su pueblo”.

“Sea éste un día de bendición también para otras iglesias y comunidades eclesiales cristianas, como también para los hermanos y amigos del Islam y de otras religiones, y para todos los hombres y mujeres de buena voluntad”, deseó.

Papel del obispo y unidad de los cristianos

“Prometemos permanecer siempre con el obispo, que es sacerdote, maestro y guía del mandato recibido del Buen Pastor”, prosiguió el cardenal, reconociendo la importancia del hecho de que “el obispo esté unido al Sucesor de Pedro, el Papa de Roma, y por tanto a todos los hermanos obispos en la Iglesia única para estar seguros de estar con el Señor”.

“Nuestra fe dice claramente: ubi Petrus et Episcopus ibi Ecclesia. Con Pedro y con el obispo: ahí está la Iglesia de Cristo”, advirtió.

El cardenal también recordó que del 18 al 25 de enero, se desarrolla, como cada año, la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos.

“Haremos nuestra la invocación de Jesús al Padre: ‘Sean una sola cosa’. Es el mandato contenido también en el Sínodo convocado por el Papa en Roma el pasado octubre, para los obispos del Medio Oriente- constató.- Comunión con Dios, primero de todo, de la que proviene la unidad en el seno de la Iglesia entre latinos y orientales de toda tradición. Sólo juntos podremos rezar y trabajar para la unidad entre los bautizados”.

En la consagración de la catedral, dedicada al niño Jesús, estaban presentes, entre otros, el arzobispo monseñor Mario Zenari, nuncio apostólico en la República Árabe de Siria, monseñor Giuseppe Nazzaro, vicario apostólico de Alepo, monseñor Maurizio Malvestiti, subsecretario de la Congregación para las Iglesias Orientales, el muftí, el gobernador de la región, religiosos y consagradas.

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ZENIT Staff

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