Juraron nuevo reclutas de la guardia suiza

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El histórico cuerpo que promete defender al papa con su vida

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Por H. Sergio Mora

ROMA, martes 8 mayo 2012 (ZENIT.org).- Son 26 los nuevos reclutas que el pasado domingo juraron en uniforme de gran gala y armadura sobre la bandera de la guardia suiza, con la mano derecha en alto y tres dedos abiertos en símbolo de la Santísima Trinidad.

La emotiva ceremonia que debido al mal tiempo se realizó en el Aula Pablo VI y no en el patio de San Damián contó con la presencia de autoridades suizas, numerosos cardenales, obispos y familiares.

Poco después de la ceremonia, Benedicto XVI, tras rezar el Regina Coeli desde la ventana de su estudio que da a la plaza de San Pedro se dirigió a ellos: “Un saludo especial va a los nuevos guardias suizos y a sus familiares en el día de la fiesta de este histórico cuerpo”.

Las ceremonias iniciaron el sábado 5 por la tarde, con la recitación de las Visperas y después con la deposición de una corona de laureles, en conmemoración de la heroica muerte de los 147 soldados helvéticos caídos en defensa del papa durante el saqueo de Roma en 1527, y con la condecoración de varios oficiales y guardias que se destacaron en su servicio.

Mientras las campanas de San Pedro repicaban, el arzobispo Giovanni Becciu, sustituto de la Secretaría de Estado, se dirigió a la formación delante del cementerio teutónico, en la plaza de los protomártires. “Una de las más significativas citas en el Estado de la Ciudad del Vaticano –dijo- es la fiesta de la Guardia Suiza Pontificia. Una fiesta en la cual se canta un recorrido histórico acuñado con hechos gloriosos y dramáticos, en los cuales la Guardia Suiza dio prueba de gran fortaleza delante del peligro. Me refiero en particular a un evento que marcó para siempre la historia de vuestro Cuerpo: el sacrificio heroico de los 147 guardias que murieron para permitirle al papa Clemente VII y a los cardenales refugiarse en el Castel Sant’Angelo.

El domingo a las 7,15 de la mañana en la basílica de San Pedro, en el altar de la Cátedra la misa fue celebrada por el cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado que en la homilía recordó a los presentes: “Se necesita coraje para dar testimonio del evangelio. Lo digo pensando en ustedes queridos guardias suizos y exhorto a hacerlo con alegría no solamente cuando están en servicio, pero siempre, en cada momento y situación de su vida”.

Poco después en el aula Paolo VI, los 26 nuevos guardias suizos prestaron juramento delante del representante del pontífice, monseñor Becciu.

El juramento, leído por el capellán monseñor Alain de Raemy, con el grado militar de teniente coronel es repetido en versión corta por los reclutas según el idioma del cantón suizo de proveniencia: alemán, francés o italiano.

“Juro servir con fidelidad, lealtad y honor al pontífice reinante, Benedicto XVI y a sus legítimos sucesores. De dedicarme con todas las fuerzas, sacrificando si necesario, también mi vida e su defensa. Me asumo los mismos deberes respecto al Colegio Cardenalicio durante la vacancia de la Sede Apostólica. Prometo también al comandante y a los otros superiores respeto, fidelidad y obediencia. Así juro. Que Dios y nuestros santos patronos me asistan”.

Desde hace más de 500 años la Guardia Suiza está al servicio de los papas y vigila el estado del Vaticano. Todo inició en el año 1506 cuando llegaron los primeros suizos por pedido de papa Julio II. El 22 de enero de 1506 es la fecha oficial de la fundación, en día en el cual los 150 suizos del catón Uri entraron bajo el comando del capitán Kaspar von Silenen por la “Porta del Popolo” por primera vez en el Vaticano y fueron bendecidos por el papa Julio II.

En uno de los portones de ingreso de la Ciudad del Vaticano, ZENIT habló de manera informal con algunos guardias. Uno de ellos, novio de una periodista latinoamericana y en servicio desde hace tres años, indicó que pensaba quedarse al menos otro año en servicio. “Los oficiales en el Cuerpo son solamente cinco, por lo tanto es necesario ser muy bueno para ascender en el tiempo de guardia a oficial” indicó.

Otro guardia en su segundo año de servicio, en cambio indicó que piensa retornar a Suiza en donde quiere trabajar en los ferrocarriles. “Esta es una experiencia que te queda para toda la vida” dijo. “Claro que –añadió- la ceremonia en el patio de San Dámaso es más linda, incluso si llueve a mi me gusta pues es más recia. Es verdad que hay problemas con el público y las armaduras que se deterioran con el óxido”.

“Hacemos también cursos de defensa personal –añadió otro guardia- en una modalidad fundamentalmente defensiva. Defensiva porque somo un ejército pacífico, mismo si se aprende a luchar, inmovilizar y a esposar a un sujeto”.

El ejército más pequeño del mundo realiza funciones de vigilancia en el Estado del Vaticano, en particular de protección del pontífice, del Palacio Apostólico, pero también en los famosos museos.

La guardia suiza está compuesta por 110 ciudadanos suizos, de religión católica, que hicieron el servicio militar y con una formación profesional que les haya otorgado un diploma. Los reclutas tienen que tener menos de 30 años y ser solteros. El contrato de servicio es por dos años y se puede  pedir su prolongación hasta los 20 de servicio. Para poder casarse el guardia tiene que tener al menos 25 años de edad, haber servido por al menos tres años y empeñarse en servir por otros tres y haber alcanzado como mínimo el grado de caporal.

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ZENIT Staff

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