Nigeria: No se persigue sólo a los cristianos

Declara el arzobispo de Abuya, monseñor Onaiyekan

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ROMA, miércoles 9 mayo 2012 (ZENIT.org).- «Si gritara que los musulmanes no están atacando sería verdad sólo superficialmente. La verdad es que la realidad es mucho más compleja. Es una situación de inseguridad generalizada». Es por tanto tarea del gobierno «ocuparse de la seguridad» y «afrontar el problema» desde un punto de vista político «para evitar que la situación degenere». Son palabras de monseñor John Onaiyekan, arzobispo de Abuya, capital de Nigeria, entrevistado en Roma.

El arzobispo ha sido entrevistado por la agencia SIR. Este miércoles por la tarde tuvo lugar en Roma, ante el Coliseo, una manifestación de antorchas por todas las comunidades cristianas objeto de persecución y discriminación en Nigeria y Kenia y en muchas partes del mundo, promovida por la Comunidad de San Egidio y la Comunidad Judía de Roma. Paraticiparon también los jóvenes musulmanes de la Comunidad religiosa islámica italiana.

Prosiguen los atentados en Nigeria: ¿es un conflicto religioso o no? «No es un conflicto religioso tal como viene presentado por la prensa internacional –responde monseñor Onaiyekan–. Esto no quiere decir que no haya ahí un aspecto religioso. El grupo Boko Haram es llamado así pero su verdadero nombre significa ‘Asociación de sunnitas para la difusión del islam y de la jihad’. Ya el nombre nos dice cuál es su objetivo y para alcanzarlo se incluyen incluso los atentados. Es una pequeña minoría en la comunidad islámica nigeriana. Lamentablemente, aunque son pocos, su influencia es muy fuerte, porque han logrado turbar las relaciones entre cristianos y musulmanes y a hacar más difícil el esfuerzo de vivir juntos. Creo muchísimo en el diálogo, no porque quiera cerrar los ojos ante la realidad, sino porque cuando miro alrededor, lo que veo en mis connacionales musulmanes no es lo que veo en los Boko Haram».

Sobre los efectos de estos atentados en la sociedad nigeriana, monseñor Onaiyekan afirma: «Es justo subrayar que los efectos reacen en toda la sociedad nigeriana, no sólo sobre los cristianos. Uno de los últimos atentados en Kano sucedió durante una misa, con bombas y ametralladoras. Pero atentados similares se han hecho contra instituciones estatales, fuerzas de policía, matando a cristianos y a musulmanes indiscriminadamente. La semana pasada, por ejemplo, fue atacado un mercado de ganado frecuentado por musulmanes, en el norte de Nigeria. Si viniera a Roma a gritar que los musulmanes nos están atacando sería verdad sólo superficialmente. La verdad es que la realidad es mucho más compleja. Es una situación de inseguridad generalizada».

Sobre lo que pueden hacer los líderes religiosos, monseñor Onaiyekan dice: «Por primera vez en Nigeria, los líderes del islam han condenado las acciones de Boko Haram. Que sin embargo siguen matando porque no reconocen a estas autoridades. Tienen su imán, siguen las ideas fanáticas de Al Qaeda y los talibanes y no escuchan a nadie. Pero corresponde a los musulmanes probar a dialogar con ellos».

En cuanto a si hay un riesgo real de que la situación degenere, responde: «Si la situación degenera, será culpa del gobierno. Boko Haram es sólo un síntoma. El verdadero cáncer está dentro del país. Pensemos en la corrupción. Están saliendo tantas revelaciones de miles y miles de dólares robados, con nombres de personas y cifras. Ahora la sociedad nigeriana espera ver si el gobierno habla o sigue callando y si los tribunales siguen garantizando la impunidad. Este es el momento de la verdad. En mi opinión, el presidente Jonathan tiene una cita importante con la historia. No creo que la situación degenere hacia un casos generalizado. O el gobierno empieza a trabajar o habrá una crisis de gobierno. En este caso, se corre el riesgo de una gran masa de nigerianos en las calles y plazas».

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ZENIT Staff

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