CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 26 septiembre 2012 (ZENIT.org).- Con motivo de la tradicional Audiencia de los miércoles, el santo padre Benedicto XVI se trasladó desde Castelgandolfo al Vaticano para encontrarse con los fieles y peregrinos llegados a la Plaza de San Pedro desde todos los puntos del planeta, a fin de escuchar las enseñanzas del Pastor universal de la Iglesia.

Durante el encuentro, el santo padre manifestó su deseo de que las catequesis que ha venido impartiendo en los últimos meses, centradas en aprender a orar con la Escritura, hayan permitido a los oyentes unirse mejor a Dios, “con la profundidad y la intimidad de un niño ante un padre que lo ama, llamándolo con afecto ¡Abbá!”

En la catequesis de hoy ha identificado otro valioso “espacio”, otra valiosa “fuente” para crecer en la oración, muy en relación con la anterior. Y se ha referido a la liturgia, la que definió como “lugar privilegiado en el que Dios nos habla a cada uno de nosotros, aquí y ahora, y espera nuestra respuesta”.

Para responder a lo que es la liturgia, el papa citó el Catecismo de la Iglesia Católica, que en el numeral 1069 la define como un "servicio de parte de y en favor del pueblo", donde el Pueblo de Dios “toma parte en la obra de Dios”.

Durante su intervención, Benedicto XVI quiso resaltar el hecho de que hace cincuenta años, durante el Concilio Vaticano II, los padres conciliares aprobaron la constitución Sacrosanctum Concilium antes que ninguna otra, “poniendo de manifiesto muy claramente la primacía de Dios, su principal prioridad”. Porque, según enseña el pontífice, “donde la mirada de Dios no es decisiva, todo lo demás pierde su orientación.”

La liturgia, lugar privilegiado de la presencia de Dios

Luego de proclamar que lo único que salva al mundo y al hombre, es Jesús de Nazaret, Señor y Cristo, crucificado y resucitado, recordó que el lugar donde está presente hoy ese misterio de salvación es la liturgia en la Iglesia, “sobre todo en el sacramento de la Eucaristía, que hace presente la ofrenda sacrificial del Hijo de Dios, en el Sacramento de la Reconciliación, y en los otros actos sacramentales que nos santifican”, puntualizó.

Para profundizar más en el modo en que se hace presente este Misterio, el papa citó al beato Juan Pablo II que en su carta Vicesimus Quintus annus, firmada a los 25 años de la constitución Sacrosanctum Concilium, escribió: "Para actualizar su misterio pascual, Cristo está siempre presente en su Iglesia, sobre todo en las acciones litúrgicas. La Liturgia es, por consiguiente, el “lugar” privilegiado del encuentro de los cristianos con Dios y con quien Él envió, Jesucristo (cf. Jn. 17,3)"

Por lo tanto, dijo el papa, "el primer requisito para una buena celebración litúrgica es que sea oración, conversación con Dios, sobretodo escucha y por lo tanto respuesta". Y para garantizar la plena eficacia de la celebración, –y cita la Sacrosanctum Concilium--, "es necesario que los fieles se acerquen a la sagrada Liturgia con recta disposición de ánimo, pongan su alma en consonancia con su voz y colaboren con la gracia divina, para no recibirla en vano" (n. 11).

Un elemento fundamental, por no decir principal del diálogo con Dios en la liturgia, es “la correlación entre lo que decimos con nuestros labios y lo que llevamos en nuestros corazones”, lo que nos hace “capaces de hablar con Dios”, dijo el papa.

A modo de ejemplo, Benedicto XVI se refirió a una parte específica de la liturgia donde el creyente encuentra una correlación entre lo que “oye, dice y hace”. Y esta no es otra que el momento en que el celebrante, antes de la Plegaria Eucarística, dice: Sursum corda, frase en latín con la que invita a levantar los corazones, es decir, “lo íntimo de nosotros mismos, para abrirse dócilmente a la Palabra de Dios, y unirse a la oración de la Iglesia… dirigiendo la mirada del corazón al Señor, lo que es una disposición fundamental”.

A esto quiso añadir otra referencia del Catecismo, que en el numeral 2655 trae a la memoria la comparación hecha por los Padres espirituales: “altare Dei est cor nostrum”, en el sentido de que a veces ‘el corazón es un altar’.

Objetó finalmente el papa a quienes --olvidando que durante la liturgia se debe estar en “una continua actitud de oración, uniéndonos al Misterio de Cristo y a su coloquio de Hijo con el Padre”--, hacen cualquier cosa para ser vistos... Recordó más bien la frase paulina en Romanos 8,26, de que es Dios mismo quien enseña a orar al hombre, a través de palabras adecuadas "que encontramos en los Salmos, en las grandes oraciones de la sagrada liturgia y en la misma celebración eucarística.”

Al final de la audiencia, y antes de rezar el Ángelus con los fieles, el santo padre dirigió palabras de aliento a los jóvenes, a los enfermos y a los nuevos esposos, encomendándolos a los santos médicos Cosme y Damián cuya fiesta se celebra hoy.

Palabras en español

Informado de la presencia de fieles que llegaron hasta la plaza de san Pedro para escuchar su catequesis y rezar con él, Benedicto XVI les dirigió las siguientes palabras:

“Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España, México, Panamá, Costa Rica, Chile, Puerto Rico, Colombia, Argentina y otros países latinoamericanos. Saludo asimismo de modo especial al Presidente de la Cámara de Diputados de Chile, Señor Nicolás Monckeberg Díaz, acompañado de un grupo de parlamentarios, de visita en Roma, recordando al mismo tiempo a los políticos católicos la necesidad de buscar generosamente el bien común de todos los ciudadanos, y de modo coherente con las convicciones propias de hijos de la Iglesia. Invito en fin a todos a celebrar y vivir la liturgia con actitud orante, uniéndonos al Misterio de Cristo y a su diálogo filial con el Padre.”(javv)