Padre Lombardi cuenta el primer año de papa Francisco (Primera parte)

Los acontecimientos que han marcado la historia contados por el director de la Sala de Prensa Vaticana: de la renuncia de Benedicto XVI a la elección de Bergoglio y sus entusiasmantes 12 meses de pontificado

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Hace un año de la renuncia de Benedicto XVI. Una atmósfera cargada se había creado en torno a la Iglesia católica y a la Curia Romana después de los escándalos de pedofilia y la traición del mayordomo del Santo Padre. Los preparativos al Cónclave y la elección sorprendente del primer Papa no europeo hicieron que Roma fuera invadida por una multitud de periodistas que no se veía desde la muerte de Juan Pablo II. Durante muchas semanas, el padre Federico Lombardi, director de la Sala de Prensa vaticana, tuvo que responder a las preguntas de unos seis mil periodistas. En un atmósfera tensa e incierta, el director de la Oficina de Prensa vaticana desarrolló la difícil tarea de explicar a los periodistas procedentes de todo el planeta, qué estaba sucediendo. Se trata del evento que han marcado la historia de la Iglesia católica y del mundo. Para conocer lo que ha sucedido en este último año hemos entrevistado al padre Lombardi.

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Hace un año la situación parecía catastrófica. Los escándalos, verdaderos o presuntos, eran ampliados por los medios con una agresividad sin precedentes. Calumnias, sospechas, insinuaciones… ¿Cómo afrontó la situación como director de la Sala de Prensa vaticana?
–Padre Lombardi: Los medios no siempre son capaces de valorar objetivamente ciertas situaciones. A veces se creó una atmósfera emotiva en la cual se subrayaba solo los aspectos negativos en vez de los positivos. En torno a la Iglesia se había creado un clima de negatividad. Una parte del pontificado de Benedicto XVI estuvo marcada por acontecimientos duros. Las acusaciones de abusos sexuales por parte del clero ha arrojado más de una sombra sobre la Iglesia. Un acontecimiento triste y más aún porque el pontificado de Benedicto XVI tuvo gran rigor y valentía al afrontar estas situaciones creando premisas para una purificación. Después estaban las cuestiones internas que han favorecido a la fuga de noticias. Y esto agravó de forma desproporcionada la imagen negativa del Vaticano. No quiero negar los errores y las cosas equivocadas, pero generalizando se arrojó una sombra de sospecha sobre las instituciones y sobre las personas que han servido con absoluta fidelidad al Papa y a la Iglesia. Aún más, el mismo hecho dramático de la traición ha creado un fuerte malestar.

El escándalo en el uso de documentos reservados ha implicado a una persona que estaba cerca de Benedicto XVI. ¿Con qué sentimientos usted tomó la noticia que Paolo Gabriele traicionaba al Papa?
–Padre Lombardi: Paolo Gabriele dijo durante el proceso que quería contribuir a la purificación de las tensiones que había en la Curia. Pensó que copiando y pasando documentos reservados habría dado un impulso positivo. Después, se dio cuenta que era algo erróneo. Ha traicionado de forma grave la confianza del Papa. Yo no expreso ningún juicio personal acerca del comportamiento de Paolo Gabriele. Sus acciones se insertan en el contexto de las discusiones a cerca de la gestión del Governatorato con la rotación de monseñor Carlo Maria Viganò. Otra cuestión en discusión competía al Instituto para las Obras de Religión (IOR) y las actividades económico-financieras en el Vaticano. Se trata de problemas que implican un conocimiento de los aspectos técnicos, es justo que haya discusiones, lamentablemente los medios informaron de forma decididamente negativa.

En aquel periodo los medios criticaron severamente al Vaticano afirmando que había cometido muchos errores de comunicación. ¿Qué opina sobre estas críticas?
–Padre Lombardi: ¡El hecho que Paolo Gabriele haya pasado cientos de documentos a un periodista no tiene nada que ver con la capacidad de comunicar del Vaticano!
Hay problemas y acciones de este tipo que ninguna comunión puede hacer menos graves. Obviamente, siempre se puede mejorar, por este motivo en la Secretaría de Estado apareció la figura de un consejero de comunicación en la persona de Greg Burke. Es muy importante que haya una unión entre el gobierno, las decisiones, la preparación de los documentos y la comunicación. Así, mientras son preparados los documentos se piensa ya en cómo deben ser presentados y comunicados. De esta forma la Sala de Prensa no debe comunicar las decisiones y los documentos que llueven del cielo, como ha sucedido, por ejemplo, con la decisión de levantar la excomunión a los Lefebrianos. Teniendo a Greg en la Secretaría de Estado estoy más tranquilo y aún más, tengo una persona que conoce bien los medios americanos.

El 11 de febrero de 2013 Benedicto había convocado un Consistorio. Ninguno imaginaba qué iba a suceder. ¿Cómo vivió la noticia de la renuncia al pontificado de Benedicto XVI?
–Padre Lombardi: Lo repito a menudo –despertando en estupor de mis interlocutores– que para mí no ha sido una cosa tan chocante o sorprendente. No porque me lo hubieran dicho algún tiempo antes del 11 de febrero, sino porque quien seguía de cerca a Benedicto XVI, se daba cuenta que estaba valorando la consistencia de las propias fuerzas que estaban decayendo. Era posible que pudiera llegar a esa decisión. Lo había hablado explícitamente en el libro-entrevista con Peter Seewald ya algún año antes. En el libro «Luz del mundo» Benedicto XVI dice claramente que en ciertas situaciones el papa puede, es más, debe renunciar. He vivido ese momento con una cierta lucidez, intentado explicar bien los motivos de la renuncia que, en mi opinión, se encuentran todos en el folio que Benedicto XVI ha leído durante el Consistorio.

De las 12.30 del 11 de febrero, usted tuvo que afrontar el fuego de preguntas de cientos de periodistas venidos de todo el mundo. Además, se trataba de una situación sin precedentes, nueva, ‘inédita’. ¿Cómo consiguió gestionar esa situación?
–Padre Lombardi: Era necesario explicar los motivos de la renuncia pero también qué sucedería en los últimos días de pontificado del papa Benedicto XVI. Después, era necesario explicar qué era la «sede vacante». A continuación estaban las congregaciones antes del cónclave y el cónclave mismo. He intentado gestionar estas etapas con un cierto orden para hacer entender mejor los eventos.

¿Quiénes eran sus interlocutores en la Curia?
–Padre Lombardi: El trabajo más grande en ese periodo era el de buscar continuamente las fuentes para responder a las preguntas que los periodistas me hacían. Hasta el 28 de febrero estaba el secretario de estado, después el cardenal Tarcisio Bertone asumió también el rol de camarlengo. Otros interlocutores fueron el decano del Colegio Cardenalicio, el sustituto de la Secretaria de Estado, el secretario de la Gobernación, la gendarmería, la prefectura de la Casa Pontificia, los textos jurídicos, los históricos, sobre todo para la historia de los Cónclaves. A menudo tenía que decir a los periodistas: «Yo no sé responder ahora. Te daré una respuesta mañana» y para responder debía buscar a las personas adecuadas para las aclaraciones. Me han ayudado mucho también el padre Thomas Rosica csb, para los periodistas de lengua inglesa y monseñor José María Gil Tamayo, para la lengua española.

Traducido del italiano por Rocío Lancho García

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Włodzimierz  Rędzioch

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