(ZENIT Noticias / Nueva York, 09.05.2026).- Una monja dominica de Nueva York es la religiosa viva con más edad en el mundo según Guinness World Records. Celebró su 113º cumpleaños el 20 de abril.
La hermana Francis Piscatella nació en 1913 en Long Island e ingresó a las Hermanas de Santo Domingo en Amityville durante 1931. Ha vivido bajo 10 papas romanos, dedicando 94 años de vida al servicio de la Iglesia: “Dios nos da una cierta cantidad de años para vivir y tratamos de vivir ese número de años”, afirmó en declaraciones a Fox 5 News.
La religiosa perdió parte de su brazo izquierdo a los 2 años en un accidente, lo cual no le impidió seguir su vocación. «Tuve que demostrarles que el hecho de tener solo un brazo no me impedía en absoluto», dijo a Channel 7 Eyewitness News. Fue profesora de geometría, dibujando círculos perfectos en la pizarra con su único brazo bueno por 52 años en Molloy College, Rockville Centre, Nueva York.
«Quería ser alguien importante para las hermanas», comentó. Tuvo profunda influencia tanto en las generaciones de estudiantes como en las religiosas.
Es un caso semejante a la hermana Inah Canabarro Lucas que falleció a los 116 años tras larga vida dedicada a Dios y al servicio de los demás. Su muerte fue el 30 de abril de 2025 siendo entonces la persona viva más longeva del mundo, aunque irradiaba espíritu juvenil. Nació en 1908 en Brasil y sintió la llamada a servir a Dios desde muy pequeña. Profesó los votos en las Hermanas Teresianas (Sociedad de Santa Teresa de Jesús) y también se dedicó a la enseñanza.
La hermana Piscatella vivió dos guerras mundiales y varias pandemias. Durante la celebración de su 113 cumpleaños, comentó: «Es muy amable por parte de todos los que vinieron e hicieron de este día tan bonito». Su espíritu incansable la mantiene ocupada con tareas domésticas y asistiendo a misa a diario: «Toda mi mente está [en] Dios. Él me ha mantenido en pie todos estos años”.
Es revelador el hecho de frecuentes monjas longevas, como si la vida de oración, su propósito y ritmo diario llevaran a una resiliencia silenciosa. La hermana Piscatella añadió a Fox News: «He dejado de contar mis años. Nunca pensé que llegaría a esa edad». Su vida sigue dando frutos, símbolo vivo de fe perseverante y servicio en silencio, huella imborrable en la Iglesia y en quienes han pasado por sus aulas.
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